viernes, 10 de noviembre de 2017

Atrincherados

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Por Decio Machado / Quito (Ecuador)
Revista La Brecha / Uruguay

La apuesta correísta por desplazar al mandatario Lenín Moreno de la presidencia del partido Alianza PAIS fracasó, pero dentro del partido gobernante se sigue librando una guerra de posiciones entre los seguidores del ex presidente Rafael Correa y su sucesor. Mientras tanto, en Ecuador se habla más de intrigas partidistas y menos de política.

La guerra de posiciones, también conocida como guerra de trincheras, si bien fue utilizada como táctica militar en la guerra de Secesión de los Estados Unidos (1861-1865) y en la guerra ruso-japonesa (1904-1905), adquirió su protagonismo mundial a partir del fracaso de la ofensiva relámpago iniciada en Europa por los alemanes en 1914. Dicha estrategia militar dio paso a un modelo de guerra de frentes estables que inmovilizó a los ejércitos en líneas de trincheras que se extendieron a lo largo de cientos de kilómetros, desde el Mar del Norte hasta Suiza durante la Primera Guerra Mundial.

Este nuevo escenario bélico propició una guerra de desgaste que produjo un elevadísimo número de bajas y arruinó la moral de los soldados. Las tropas en liza se vieron obligadas a luchar durante meses en trincheras, en penosas condiciones, bajo la constante acción de la artillería, rodeados de alambradas, enfangados en terrenos infectados de roedores y enfermedades, así como sometidos al permanente accionar de las armas automáticas y los nuevos ingenios bélicos de la época tales como lanzallamas y gases venenosos –mostaza y fosgeno entre otros-.

En los párrafos más legendarios de sus Quaderni del carcere, Antonio Gramsci reflexionaría sobre estas estrategias de guerra aplicadas en la Primera Guerra Mundial, posición y maniobra –definiendo a esta última como el asalto-, entendiendo al Estado como apenas una trinchera avanzada más del conjunto de fortificaciones de los sectores populares en su lucha por la hegemonía.

Gramsci tuvo que releer a Maquiavelo, el padre de la política como ciencia del poder, para entender que la hegemonía es la capacidad orgánica de los sectores dominantes para convencer a las mayorías sociales de los relatos que justifican y explican el orden político. A partir de ahí, ganar en la política hegemónica es básicamente convencer al resto del relato propio.

La guerra de posiciones, la disputa por la hegemonía y parte del pensamiento estratégico de Gramsci respecto al funcionamiento del poder y el Estado moderno ha vuelto a tomar actualidad en la disputa política existente en Ecuador.

Con base en lo anterior, a finales del pasado mes de octubre la facción hard correista de Alianza PAIS –que controla una parte importante de la Directiva Nacional de dicho partido- determinó unilateralmente y de forma no reglamentaria retirar a Lenín Moreno de la presidencia de su agrupación política y posicionar en su lugar a Ricardo Patiño –quien ejerce como segundo vicepresidente del partido y dado que el primer vicepresidente está preso investigado por corrupción-. El objetivo era hacerse fuertes en las trincheras del aparato del partido gobernante con el fin de obstaculizar las políticas de reformas emprendidas por el actual mandatario y su equipo ministerial.

Sin embargo, apenas unas horas después, varios miembros del Gabinete Presidencial y del Buró político de Alianza PAIS rechazarían públicamente dicha decisión, definiendo dicha resolución como arbitraria y antidemocrática. Ante la confusión generalizada entre la militancia, simpatizantes y redes clientelares del partido político hegemónico en Ecuador, el Tribunal de Garantías Penales dejaría –de forma inmediata- sin efecto la decisión adoptada por la Directiva Nacional, prohibiendo al Consejo Nacional Electoral inscribir al ex ministro correista Ricardo Patiño como nuevo presidente de Alianza PAIS.

El porqué del intento de golpe de Estado en Alianza PAIS

El enfrentamiento entre correistas y morenistas en el partido gobernante tiene su origen prácticamente desde el mismo día de la toma de posesión del presidente Lenín Moreno.

Pese a que Lenín Moreno fue parte el binomio presidencial de Rafael Correa en las elecciones del 2006 y del 2009, ejerciendo durante ambas legislaturas como vicepresidente de la República, en la actualidad el ex mandatario ecuatoriano es el principal opositor de su gobierno. En la guerra de trincheras tranzadas al interior de Alianza PAIS y en los distintos frentes institucionales, mientras los partidarios de Moreno han trazado una política de reformas que conlleva una narrativa autocrítica respecto a determinadas políticas públicas ejercidas durante la anterior legislatura y la apertura de procesos de investigación sobre distintos casos de corrupción institucional, los correistas intentan tácticamente derrumbar la figura de Lenín Moreno posicionándole como un traidor que se ha aliado con la derecha.

En esta guerra de posiciones que se viene dando durante los poco más de seis meses de mandato de Lenín Moreno, el correísmo -al menos hasta ahora- se decanta como claro perdedor. Mientras el actual mandatario ostenta índices de popularidad elevados, la figura de Rafael Correa –quien dejó una economía nacional en recesión a la par de que se destapan cada vez mayores casos de corrupción entre sus colaboradores más cercanos- se ha visto seriamente deteriorada.

El último movimiento táctico del presidente Moreno fue la convocatoria de una consulta popular compuesta por siete preguntas, entre las cuales destacan la anulación de la enmienda constitucional realizada en la última etapa correista que permite la reelección indefinida, buscando imposibilitar que Rafael Correa sea candidato presidencial en las próximas elecciones; así como la reestructuración del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social –organismo compuesto por personalidades afines al ex mandatario- abriendo la posibilidad de evaluar el desempeño de las autoridades en organismos de control del Estado y cesarlos.

De ser aprobadas estas dos cuestiones, y todos los sondeos de opinión desarrollados hasta el momento así lo indican, el correísmo sufría un vaciamiento completo de poder a la par de que se anularía cualquier posibilidad de rearticulación política de esta tendencia cara al futuro.

Juego de estrategias

El movimiento desesperado de los sectores correistas al interior de su organización política, buscando una ilegítima destitución y posterior expulsión de Lenín Moreno del partido, es la consecuencia de lo anteriormente señalado. En paralelo, esta fracción política está presionando a la Corte Constitucional –cuya composición deviene del periodo anterior y tiene clara afinidad con Correa- buscando que dichas preguntas no sean viabilizadas. De igual manera se procede en bancada oficialista, mayoritaria en el Legislativo, buscando bloquear las iniciativas políticas provenientes del Ejecutivo y el juicio político contra el encarcelado vicepresidente Jorge Glas.

Sin fuerza política y apoyado ya tan solo por un sector de voto duro identificado con sus postulados, el cual se estima entre el 20 y 23% del electorado, el correísmo es consciente de que el tiempo juega en su contra.

El diseño estratégico del intento de destitución a Moreno se basó en intentar generar una crisis política al interior de Alianza PAIS que desembocase en una Convención Nacional extraordinaria, la cual con Rafael Correa a la cabeza les permitieran recobrar las riendas de su partido y la hegemonía perdida en la política nacional. Sin embargo este movimiento político, creado apenas seis meses antes de su primera victoria electoral en 2006 y sin bases políticas en aquel entonces, se construyó verticalmente a la sombra del poder, con cuadros y caciques políticos de perfil arribista y fuertemente enraizado en la tradicional política clientelar ecuatoriana, elementos estos que dejaron de ser funcionales al correísmo una vez que el ex mandatario abandonó la poltrona presidencial.

Los resultados de este último pulso político han sido devastadores para Rafael Correa: los morenistas anunciaron públicamente que 44 de los 75 asambleístas que conforman la bancada oficialista en la Asamblea Nacional se alinearon con Lenín Moreno, lo que vino a significar que Correa perdió del control del Legislativo, mientras que la mayoría de las direcciones provinciales de dicha organización política han manifestado su rechazo a la resolución de la Directiva Nacional y su apoyo a Lenín Moreno.

Pese a ello Ricardo Patiño, principal operador político de Correa en el país mientras este sigue residiendo en Bruselas, anunció la próxima llegada del ex mandatario a tierras ecuatorianas, previendo que los principales dirigentes correistas que participaron en esta resolución podrían ser próximamente expulsados por la Comisión de Ética y Disciplina de dicha formación política. Así las cosas, la guerra de posiciones y el intento de asalto en Alianza PAIS planteadas desde el correísmo ha tenido un resultado desastroso y sus respectiva trincheras en diferentes instituciones y partido han quedado sumamente debilitadas.

Lo anterior implica que si Rafael Correa vuelve en los próximos días al Ecuador será posiblemente para liderar la conformación de una nueva organización política, buscando confrontar políticamente con el actual gobierno oponiéndose a la consulta popular, y no para restablecer su liderazgo sobre el partido que fundó.

Riesgos de quiebre en la política nacional

El presidente Moreno ha sabido rentabilizar políticamente su distanciamiento de Rafael Correa, planteando la necesidad del diálogo y el consenso en una sociedad que había quedado fuertemente polarizada y plantear como bandera la lucha contra la corrupción. Sin embargo, existe un déficit respecto a la capacidad de ejecución política del Ejecutivo y no se sabe aún cual es la hoja de ruta en esta legislatura, lo cual comienza a generar ciertas desconfianzas entre la sociedad respecto a un presidente cuya popularidad se basa únicamente en el discurso.

Por su parte, tanto Rafael Correa como sus operadores al interior del Gobierno y Alianza PAIS buscan articular su estrategia en torno al miedo ciudadano de una posible vuelta del Ecuador al pasado, algo ya utilizado campaña tras campaña electoral durante la última década y que hoy es un argumento poco consistente ante la sociedad ecuatoriana.

La oposición política, más allá de la disputa interna al interior de Alianza PAIS, en la actualidad no existe tras haber quedado sin espacio en el tablero de juego nacional.  De igual manera, los movimientos sociales y el movimiento indígena en particular se han quedado sin voz, inmersos en estos momentos en negociaciones con un Gobierno que se adviene al menos a escucharlos tras diez años de persecuciones y criminalización de la protesta social.

Así, el panorama político a medio plazo en Ecuador apunta como desolador. Mientras Alianza PAIS se autodestruye, ni la oposición conservadora ni la izquierda tradicional son capaces de posicionar alternativas con cierta legitimidad social. A su vez, el electorado es incapaz de distinguir entre las categorías políticas tradicionales de izquierda y derecha, pues tras diez años de un discurso institucional revolucionario adornado con viejas canciones reivindicativas y permanentes loas a múltiples mitos revolucionarios, resultó que los grupos económicamente más beneficiados del régimen fueron los de siempre y permaneció una sociedad muy desequilibrada a favor de los históricamente privilegiados. Esto devino en que cada vez más amplios sectores de la sociedad estén planteando un hastío creciente a la política tradicional, lo que ya no se clasifica bajo el eje izquierda-derecha.

Por su parte, la incapacidad de renovación en los liderazgos históricos de los movimientos sociales ecuatorianos siguen mermando la posibilidad de nuevas formas de intervención, la articulación de un discurso diferenciado y el reposicionamiento de lo no institucional en el ámbito de la política, quedando la política limitada a las luchas de poder entre estructuras partidistas que se disputan el control de unas instituciones que no están diseñadas para transformar las cosas, sino más bien para resistir los cambios que en la actualidad demanda la sociedad.

Lamentablemente no circulan ideas novedosas en la política ecuatoriana y no se está alimentado intelectualmente a una sociedad que busca, sin encontrar, estilos diferentes de ejercer y actuar en política.

Con tales condiciones es fácil prever que ante la ausencia de alternativas creíbles, si el actual Gobierno no es capaz de concretar políticas exitosas que dinamicen la economía nacional, generen empleo digno y revitalicen la capacidad adquisitiva de las grandes mayorías, el Ecuador está abocado durante la actual legislatura a una nueva crisis de representatividad. 

1 comentario:

Manuel Salgado dijo...

Coincido con algunos de los elementos que utiliza Decio Machado para analizar la cuyuntura política del Ecuador hoy: Hay en efecto una guerra de posiciones y desgaste entre el correismo duro y los adherentes a Lenín Moreno. Quizás le hace falta al documento ser más explícito en la dimensión de la corrupción, la ineficiencia y el autoritarismo como rasgos esenciales que explican la raíz del conflicto entre el "antecesor" y el "sucesor" presidencial, de la misma "revolución ciudadana", revolución pasiva o revolución sin revolución, como diría Gramsci.
La Comisión Anticorrupción, formada por algunas de las canas más respetables del País, considera que en la década correista, altos funcionarios del gobierno, entre los que se encuentran hasta hoy, el Vipresidente de la República,Jorge Glas, "favorito" de Correa, y el Contralor General de la Nación,Carlos Pólit, el ex Ministro de Petróleos, Carlos Pareja, entre otros, se robaron no menos de unos 7 millones de dólares diarios. Actos de corrupción que se consideran como los más graves de la historia de la República.
La acción de los organismos de justicia, que permanece en manos de elementos vinculados al coreismo, ha sido lenta y genera dudas sobre su grado de eficacia.