martes, 5 de diciembre de 2017

Ecuador: entre el leninismo y el correísmo

Decio Machado, quien supo integrar el equipo de gobierno de Rafael Correa en los inicios de su gestión, nos explica el contexto en que éste vuelve al país enfrentando a su sucesor Lenín Moreno

Canal Abierto / Buenos Aires (Argentina)

Decio Machado es un periodista español, miembro del equipo fundador del periódico Diagonal, un medio anticapitalista surgido hacia el 2003 desde los activistas de la comunicación y los movimientos sociales de izquierda en Madrid. Es Consultor internacional en Políticas Públicas y como tal formó parte del primer equipo de trabajo de Rafael Correa en su llegada al palacio de Carondelet, del que luego se alejó. Hace años se encuentra radicado en Quito.


En esta entrevista con Canal Abierto analiza la situación política en Ecuador, que se tensiona no al calor de los enfrentamientos entre el oficialismo y la oposición sino por las disputas dentro del sector gobernante. Es que a poco de ganar las elecciones en segunda vuelta Lenín Moreno del partido Alianza País, y heredar el poder de su antecesor y copartidario Rafael Correa -quien ocupara el cargo desde el 2007-, las pujas en el interior del frente gobernante escalaron rápidamente. “El enfrentamiento nace entre dos facciones diferentes del partido oficialista, una vinculada al ex mandatario Rafael Correa y otra vinculada al actual presidente constitucional del Ecuador, Lenín Moreno. Esta disputa nace desde el mismo día de la asunción presidencial de Moreno y se traduce en tres ejes básicos”.

En primer término, Machado indica que “el gobierno actual hace una reflexión crítica sobre algunos aspectos de la política del correísmo, fundamentalmente en el tema económico. La deuda pública adquirida por el Ecuador en este momento es, porcentualmente sobre el PBI, superior a la que heredó Correa de los gobiernos neoliberales. Es decir, desde que cayeron los precios de los commodities y la economía nacional se vio fuertemente golpeada por esta dependencia del mercado de recursos naturales internacional, el Ecuador inició -durante la gestión de Correa- una agresiva política de endeudamiento público (interno y externo) que lleva a que ahora haya dificultades serias para atender las obligaciones de pago”.
“El servicio de deuda hoy en Ecuador es superior al gasto que el gobierno realiza en materia de educación y salud. Estamos en la misma situación en que nos dejó el neoliberalismo”
Como consecuencia de esta problemática heredada, el periodista radicado en Quito afirma: “Esto conlleva a un conflicto entre el gobierno actual, que desenmascara esto, y el anterior, que presume de haber hecho una política económica referencial a nivel planetario”.

“Por otro lado, el gobierno actual plantea una fuerte lucha contra la corrupción, conscientes de que se ha enraizado una lógica de corrupción institucional tremendamente fuerte, el gobierno planteó una actitud de neutralidad frente a las investigaciones que se están haciendo desde el Poder Judicial. Esto significó una reacción iracunda de Correa, que acusó de traición a Lenín Moreno por dejarse presionar por lo que él llama `los medios de comunicación al servicio de la derecha´”. Lo cierto es que dichas investigaciones judiciales llevaron a la cárcel al actual vice-presidente, Jorge Glas, y también vice de la gestión anterior, además de hombre de confianza de Correa. El propio ex presidente a traviesa una situación judicial compleja: “en breve puede llegar a recibir una sentencia de entre uno y tres años y la apertura de más causas en su contra”.

Por último, aunque no menor, está la disputa en torno al liderazgo en el partido de gobierno. “Si bien Correa dejó de ser el presidente de Alianza País para ser presidente honorario, quien encabeza el partido es Lenín Moreno. Un sector de la fuerza vinculado a Correa intentó destituir a Moreno de la presidencia del partido oficialista, algo que llevó a una disputa en el Tribunal de Garantías Electorales, que en este momento está pendiente de dictaminar”, explica Machado.

“Mientras tanto Rafael Correa convocó a una convención nacional que está deslegitimada, desde la legalidad política e institucional. La reunión del día 2 de diciembre en Esmeraldas (capital de la provincia homónima, en el extremo noroeste del país, lindera con Colombia) es un congreso del partido oficialista a la que solamente asistirán los seguidores de Correa, lo cual le quitará legitimidad política. En este sentido está marcada la confrontación que se vive entre el ex presidente Rafael Correa y el actual presidente mandatario”, analiza el miembro del equipo fundador del periódico Diagonal.

La consulta popular

Rafael Correa regresó a Ecuador el pasado 24 de noviembre. Su retorno anticipado a Guayaquil conmocionó la realidad del pequeño país: En el aeropuerto se generaron enfrentamientos entre sus partidarios y detractores. Tras dejar el cargo en mayo de este año, el ex Presidente fijó su residencia en Bélgica, pero ha decidido volver para, según sus palabras, “reorientar el rumbo del partido y rescatarlo de la traición de su sucesor”. El hecho que colmó el vaso fue la convocatoria por parte de Moreno a una consulta popular que podría truncar la intención de Correa de volver al poder.



Los puntos del referendum y la consulta popular
En relación a la consulta popular, Machado profundiza: “lleva siete preguntas, de las cuales dos son estratégicamente fundamentales. Una tiene que ver con la reelección indefinida y otra tiene que ver con la institucionalidad del Estado”

En diciembre del 2015, el presidente Correa -ya de retirada- planteó una reforma constitucional con el fin de poder volver a presentarse en las elecciones del 2021. Originalmente, la Carta Magna indica que se podrá elegir una autoridad política tan soló una vez en su cargo. Esto significaba que Correa, elegido como presidente de la República en dos ocasiones, se encontraba impedido de presentarse nuevamente para el cargo de presidente de la República. “Este punto fue modificado gracias a la mayoría que en ese momento tenía la bancada del partido oficialista en la Asamblea Nacional, y se procedió con una reforma constitucional que permitía al ex-presidente presentarse en las próximas elecciones del 2021”.

En esta consulta, la segunda pregunta retrocede a la situación anterior a esta enmienda constitucional y plantea volver al texto original de la Constitución, lo que eliminaría la posibilidad de que Correa pueda ser partícipe en las elecciones 2021.

“Esto ha significado un conflicto muy fuerte porque es evidente la intención del ex-mandatario devolver a presentarse en el 2021 con la finalidad, de alguna forma, de tapar los diferentes frentes que se han abierto durante estos seis o siete meses que dejó el poder”, afirma Machado, y agrega: “Concreta y fundamentalmente, los casos de corrupción institucional que afectan al entorno más cercano, empezando por su amigo compañero de fórmula e incluso actual vicepresidente Jorge Glas, quien está detenido en un penal desde hace aproximadamente mes y medio o dos”.

Otro elemento de la consulta popular fundamental es el vinculado a lo que en la Constitución del Ecuador se configuró como el quinto poder: el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social.

Básicamente, este organismo pretendía ser una representación de la sociedad civil, eligiendo las autoridades de control de las diferentes instituciones del Estado que se pretendía fueran autónomas del Ejecutivo, por ejemplo el Consejo Nacional Electoral, la Procuraduría General del Estado, el Tribunal Contencioso Electoral, entre otros. “Es decir, organismos de control de la democracia, del buen funcionamiento del sistema democrático. Pero estos cargos en el Consejo de Participación y los cargos elegidos por el Consejo fueron ocupados con miembros del partido oficialista, es decir no fue un espacio de expresión de la sociedad civil sino que fue una maraña de funcionarios vinculados al partido de gobierno, al partido presidido por Correa. Esta situación sigue. Las instituciones públicas de Ecuador siguen vinculadas al ex mandatario de la República. Esto significa que la independencia de un organismo de control de la democracia como el Consejo Nacional Electoral está comprometida.
Esta tercera pregunta lo que plantea es reformular el concepto del Consejo de Participación Ciudadana y al mismo tiempo auditar en sus funciones a cada uno de los cargos nombrados desde el Consejo de Participación Ciudadana lo que permitiría evaluar a estos funcionarios y en el caso de que la evolución sea negativa cesarlo en sus funciones. Esto significaría que el correísmo perdería todo ese poder que aún sostiene digamos en la institucionalidad funcionarial y evidentemente esto significaría la desaparición de cualquier posibilidad de incidencia dentro de las instituciones públicas.
Esto evidentemente también ha conllevado un nivel de enfrentamiento muy fuerte donde Correa plantea no solamente un no a estas dos preguntas sino no a las siete preguntas lo cual es una barbaridad porque las demás preguntas están vinculadas a temas que son claramente apoyados por la sociedad.

Convulsión en el oficialismopositor

El presidente Correa volvió la semana pasada al país y se vuelve a marchar el día 4 de diciembre, inmediatamente después del Congreso de Esmeraldas. Su aparición animó y convulsionó la política ecuatoriana.



Correa en la convención de Esmeraldas denunció que de aprobarse el punto 2 de la Consulta “¡¡Se acabó la división de funciones!! ¡Tendremos un absolutismo!“.
Mientras, el país está obligado a renegociar las obligaciones de deuda externa contraídas durante los últimos años de gestión correísta porque hay una imposibilidad de poder pagar esto. Existen algunos informes de instituciones financieras internacionales que hablan del riesgo de default.

Machado evalua que: “Evidentemente el Gobierno Nacional está intentando reanimar la economía ecuatoriana que está en parálisis o en semi parálisis desde el año 2013. Los dos últimos años de gestión correísta conllevaron cifras negativas en la economía: el penúltimo año de gestión no se creció más del 0,1 – 0,2 por ciento del PBI; y el último año de la gestión Correa cerró con un indicador negativo de menos 1,5 por ciento. Es decir Correa dejó el país en recesión.”

“Curiosamente, lo sorprendente del caso ecuatoriano es que el partido de gobierno Alianza País es al mismo tiempo el partido de gobierno y el principal partido de oposición. El resto de la oposición política sea conservadora o grupos más escorados a la izquierda que Alianza País, han desaparecido del mapa político ecuatoriano con lo cual digamos toda la lógica política del Ecuador se sostiene sobre el conflicto interno de Alianza País.

En esta curiosidad propia del Ecuador, es difícil encontrar una situación de estas características en otro país, me atrevería a decir que se cierra el círculo de la coyuntura política actual.“

 

jueves, 23 de noviembre de 2017

Entrincheirados: intrigas políticas no partido do governo do Equador

A guerra de posições, também conhecida como guerra de trincheiras, foi utilizada como tática militar na guerra de secessão dos Estados Unidos e na guerra russo-japonesa, mas adquiriu seu protagonismo mundial a partir do fracasso da ofensiva relâmpago iniciada na Europa pelos alemães em 1914. A estratégia militar de frentes estáveis imobilizou durante anos os exércitos em linhas de trincheiras. Este novo cenário bélico propiciou uma guerra de desgaste, produziu um elevadíssimo número de baixas e arruinou o moral dos soldados que se viam obrigados a lutar durante anos em penosas condições.

Nas passagens mais lendárias dos seus Cadernos do Cárcere, Antônio Gramsci refletiria sobre estas estratégias de guerra, posição e manobra – defendendo esta última como o assalto -, entendendo o Estado como apenas uma trincheira mais avançada do conjunto de fortificações dos setores populares em sua luta pela hegemonia. Gramsci teve de reler Maquiavel para entender que a hegemonia é a capacidade orgânica dos setores dominantes em convencer as maiorias sociais a aceitarem os relatos que justificam e explicam a ordem política.
Por Decio Machado
Correio da Cidadania
A guerra de posições, a disputa pela hegemonia e parte do pensamento estratégico de Gramsci em relação ao funcionamento do poder e o Estado moderno voltaram a tomar atualidade na disputa política existente no Equador.

No final deste mês de outubro, as facções “hard” dos seguidores do ex-presidente Rafael Correa dentro do partido governista, Alianza País – que controla parte importante da direção nacional do mesmo partido – determinou unilateralmente e de forma não regimental a retirada do atual presidente do Equador, Lenin Moreno, da presidência de sua agrupação política e posicionar em seu lugar Ricardo Patiño (que exercia como segundo vice-presidente do partido; já que o primeiro vice-presidente está preso, investigado por corrupção). O objetivo era que se fortalecessem nas trincheiras do aparelho do partido oficialista, com o fim de criar obstáculos às reformas empreendidas pelo atual mandatário e sua equipe de ministros.
A guerra de posições, também conhecida como guerra de trincheiras, foi utilizada como tática militar na guerra de secessão dos Estados Unidos e na guerra russo-japonesa, mas adquiriu seu protagonismo mundial a partir do fracasso da ofensiva relâmpago iniciada na Europa pelos alemães em 1914. A estratégia militar de frentes estáveis imobilizou durante anos os exércitos em linhas de trincheiras. Este novo cenário bélico propiciou uma guerra de desgaste, produziu um elevadíssimo número de baixas e arruinou o moral dos soldados que se viam obrigados a lutar durante anos em penosas condições.

Nas passagens mais lendárias dos seus Cadernos do Cárcere, Antônio Gramsci refletiria sobre estas estratégias de guerra, posição e manobra – defendendo esta última como o assalto -, entendendo o Estado como apenas uma trincheira mais avançada do conjunto de fortificações dos setores populares em sua luta pela hegemonia. Gramsci teve de reler Maquiavel para entender que a hegemonia é a capacidade orgânica dos setores dominantes em convencer as maiorias sociais a aceitarem os relatos que justificam e explicam a ordem política.

A guerra de posições, a disputa pela hegemonia e parte do pensamento estratégico de Gramsci em relação ao funcionamento do poder e o Estado moderno voltaram a tomar atualidade na disputa política existente no Equador.

No final deste mês de outubro, as facções “hard” dos seguidores do ex-presidente Rafael Correa dentro do partido governista, Alianza País – que controla parte importante da direção nacional do mesmo partido – determinou unilateralmente e de forma não regimental a retirada do atual presidente do Equador, Lenin Moreno, da presidência de sua agrupação política e posicionar em seu lugar Ricardo Patiño (que exercia como segundo vice-presidente do partido; já que o primeiro vice-presidente está preso, investigado por corrupção). O objetivo era que se fortalecessem nas trincheiras do aparelho do partido oficialista, com o fim de criar obstáculos às reformas empreendidas pelo atual mandatário e sua equipe de ministros.

Contudo, apenas umas horas depois, vários membros do gabinete presidencial e da burocracia da Alianza País rechaçariam publicamente tal decisão, definindo-a como arbitrária e antidemocrática. Diante da confusão generalizada da militância, simpatizantes e redes clientelistas do partido político hegemônico no Equador, o Tribunal de Garantias Penais deixou – de forma imediata – sem efeito a decisão adotada pela direção nacional do partido, proibindo o Conselho Nacional Eleitoral de inscrever o ex-ministro correísta Ricardo Patiño como novo presidente da Alianza País.

Origens da intentona

O enfrentamento entre correístas e morenistas dentro do partido governista tem sua origem praticamente no mesmo dia da posse do atual presidente, Lenin Moreno.

Isso apesar do fato de que Lenin Moreno foi parte do binômio presidencial de Rafael Correa nas eleições de 2006 e de 2009, exercendo durante ambas legislaturas como vice-presidente da República. Na atualidade, o ex-mandatário equatoriano é o principal opositor do seu governo. Na guerra de trincheiras dentro da Alianza País e nas distintas frentes institucionais, enquanto os partidários de Moreno traçaram uma política de reformas que levam consigo uma narrativa autocrítica a respeito de determinadas políticas públicas aplicadas durante a gestão anterior e a abertura de processos de investigação sobre distintos casos de corrupção institucional, os correístas tentam derrubar a figura do presidente posicionando-o como um traidor que se aliou com a direita.

Nesta disputa que vem ocorrendo nos pouco mais de seis meses de mandato de Moreno, o correísmo – ao menos até agora – aparece como claro perdedor. Enquanto o atual mandatário ostenta elevados índices de popularidade, a figura de Rafael Correa – que deixou uma economia nacional em recessão – acabou seriamente deteriorada, enquanto são destapados cada vez mais casos de corrupção entre os seus colaboradores mais próximos.

O último movimento tático do presidente Moreno foi convocar uma consulta popular sobre as sete propostas, entre as quais se destacam a anulação da emenda constitucional – realizada na última etapa correista – que permite a reeleição indefinida do presidente da República, buscando impossibilitar que Rafael Correa seja candidato presidencial nas próximas eleições; e a reestruturação do Conselho de Participação Cidadã e Controle Social – organismo estatal composto por personalidades ligadas ao ex-presidente – abrindo a possibilidade de avaliar o desempenho das autoridades em organismos de controle do Estado, e cessá-las.

Se aprovadas essas reformas – e todas as sondagens de opinião pública até o momento assim o indicam – o correísmo sofrerá um esvaziamento completo de poder e se anularia qualquer possibilidade futura de uma rearticulação política desta tendência.

E o movimento dos setores correístas dentro da sua organização política, buscando a destituição e posterior expulsão de Lenin Moreno do partido, deve-se justamente à iniciativa do atual governo de levar a cabo tais reformas. Em paralelo, esta fração política está pressionando a Corte Constitucional – cuja composição vem do período anterior e tem afinidade com Correa –, a fim de fazer que tais questões não sejam viabilizadas. De igual maneira, os correístas na bancada oficialista buscam bloquear as iniciativas políticas provenientes do Executivo e o juízo político contra o encarcerado vice-presidente Jorge Glas.

Jogo de estratégias

Sem força política e apoiado somente por um setor de voto duro identificado com seus postulados, o qual se estima entre 20% e 23% do eleitorado, o correísmo é consciente de que o tempo joga contra.

O desenho estratégico do correísmo para tentar destituir Moreno consistia em gerar uma crise política dentro do partido Alianza País que desembocasse em uma convenção nacional extraordinária, a qual, com Rafael Correa à cabeça, permitisse recobrar as rendas do partido e sua hegemonia perdida na política nacional. Contudo, este movimento político criado apenas seis meses antes da sua primeira vitória eleitoral em 2006, e sem bases políticas naquele momento, se construiu verticalmente à sombra do poder, com quadros e caciques políticos de perfil arrivista e fortemente enraizado na tradicional política clientelista equatoriana, elementos que deixaram de ser funcionais ao correísmo uma vez que o ex-mandatário abandonou a poltrona presidencial.

Os resultados deste último pulso político foram devastadores para Rafael Correa: os morenistas anunciaram publicamente que 44 dos 75 congressistas que conformam a bancada oficialista na Assembleia Nacional se alinharam a Lenin Moreno, o que veio a significar que Correa perdeu o controle do Legislativo, enquanto que a maioria das direções provinciais do partido manifestaram rejeição à resolução da direção nacional e seu apoio a Lenin Moreno.

Pese tudo isto, Ricardo Patiño, principal operador político de Correa no país enquanto este segue residindo em Bruxelas, anunciou a pronta chegada do ex-mandatário a terras equatorianas, prevendo que os principais dirigentes correístas que participaram nesta movida podiam ser expulsos pela Comissão de Ética e Disciplina do Alianza País.

Se Rafael Correa volta nos próximos dias ao Equador possivelmente não será para reestabelecer sua liderança no partido que fundou – já que as trincheiras do correísmo no partido e em diferentes instituições têm ficado sumamente debilitadas – senão para liderar a conformação de uma nova organização política buscando confrontar politicamente com o atual governo e opondo-se à consulta popular.

Risco de desgaste

O presidente Moreno soube rentabilizar seu distanciamento de Correa, propondo a necessidade do diálogo e do consenso em uma sociedade que havia ficado fortemente polarizada, e levando a bandeira da luta contra a corrupção. Não obstante, a capacidade de execução política do governo foi limitada: ainda que não se saiba qual seja o caminhar desta legislatura. E ao se tratar de um presidente cuja popularidade se baseia unicamente no discurso, isto começa a gerar certas desconfianças na sociedade.

Por sua parte, tanto Rafael Correa como seus operadores no governo e na Alianza País buscam articular sua estratégia em torno do medo cidadão de uma possível volta do Equador ao passado, algo já utilizado em campanhas eleitorais, uma após a outra, durante a última década.

Trata-se de um argumento pouco consistente se levado em consideração que atualmente no Equador a oposição política a Alianza País não existe. Faz tempo que esta ficou sem espaço no tabuleiro da política nacional. De igual maneira, os movimentos sociais em geral, e indígenas em particular, também ficaram sem voz. Após dez anos de perseguições e criminalização do protesto social, estes movimentos se encontram atualmente imersos em negociações com um governo que ao menos se dispõe a escutá-los.

Assim, o panorama político para o médio prazo no Equador aponta como desolador. Enquanto a Alianza País se autodestrói, nem a oposição conservadora e nem a esquerda tradicional são capazes de posicionar alternativas com certa legitimidade social. A sua vez, o eleitorado é incapaz de distinguir entre as categorias políticas tradicionais de esquerda e de direita, pois logo de uma década de um discurso institucional revolucionário, adornado com velhas canções reivindicativas e alusões a múltiplos mitos revolucionários, resultou que os grupos economicamente mais beneficiados pelo regime foram os de sempre, enquanto a sociedade seguiu muito desequilibrada a favor dos historicamente privilegiados. Assim, denota-se um desinteresse crescente pela política tradicional em setores cada vez mais amplos da sociedade, nos quais a política não é mais discutida em termos de esquerdas e direitas.

Por outra parte, a incapacidade de renovação das lideranças históricas dos movimentos sociais equatorianos segue minando a possibilidade de novas formas de intervenção, a articulação de um discurso diferente e o reposicionamento do não institucional no âmbito da política, ficando esta última limitada às lutas de poder entre e dentro da estrutura partidária, que são disputadas sob o controle de instituições que não foram feitas para transformar a sociedade, senão para resistir às mudanças que a realidade demanda.

Não circulam novas ideias na política equatoriana, e não está sendo alimentada intelectualmente uma sociedade que busca, sem encontrar, estilos diferentes de exercer e atuar na política.

Com tais condições é fácil prever que, diante da ausência de alternativas com alguma credibilidade, se o atual governo não é capaz de concretizar políticas exitosas que dinamizem a economia nacional, gerem emprego digno e revitalizem a capacidade aquisitiva da grande maioria, o Equador estará imerso durante a atual gestão em uma nova crise de representatividade.

Leia também:

Lenín Moreno versus Rafael Correa: a nova disputa de poder no Equador

Vitória do correísmo não fará Equador escapar da regressiva dinâmica continental


Decio Machado é sociólogo e consultor político residente no Equador
Artigo publicado em espanhol no semanário Brecha, do Uruguai.
Traduzido por Raphael Sanz, para o Correio da Cidadania.
A guerra de posições, também conhecida como guerra de trincheiras, foi utilizada como tática militar na guerra de secessão dos Estados Unidos e na guerra russo-japonesa, mas adquiriu seu protagonismo mundial a partir do fracasso da ofensiva relâmpago iniciada na Europa pelos alemães em 1914. A estratégia militar de frentes estáveis imobilizou durante anos os exércitos em linhas de trincheiras. Este novo cenário bélico propiciou uma guerra de desgaste, produziu um elevadíssimo número de baixas e arruinou o moral dos soldados que se viam obrigados a lutar durante anos em penosas condições.

Nas passagens mais lendárias dos seus Cadernos do Cárcere, Antônio Gramsci refletiria sobre estas estratégias de guerra, posição e manobra – defendendo esta última como o assalto -, entendendo o Estado como apenas uma trincheira mais avançada do conjunto de fortificações dos setores populares em sua luta pela hegemonia. Gramsci teve de reler Maquiavel para entender que a hegemonia é a capacidade orgânica dos setores dominantes em convencer as maiorias sociais a aceitarem os relatos que justificam e explicam a ordem política.

A guerra de posições, a disputa pela hegemonia e parte do pensamento estratégico de Gramsci em relação ao funcionamento do poder e o Estado moderno voltaram a tomar atualidade na disputa política existente no Equador.

No final deste mês de outubro, as facções “hard” dos seguidores do ex-presidente Rafael Correa dentro do partido governista, Alianza País – que controla parte importante da direção nacional do mesmo partido – determinou unilateralmente e de forma não regimental a retirada do atual presidente do Equador, Lenin Moreno, da presidência de sua agrupação política e posicionar em seu lugar Ricardo Patiño (que exercia como segundo vice-presidente do partido; já que o primeiro vice-presidente está preso, investigado por corrupção). O objetivo era que se fortalecessem nas trincheiras do aparelho do partido oficialista, com o fim de criar obstáculos às reformas empreendidas pelo atual mandatário e sua equipe de ministros.

Contudo, apenas umas horas depois, vários membros do gabinete presidencial e da burocracia da Alianza País rechaçariam publicamente tal decisão, definindo-a como arbitrária e antidemocrática. Diante da confusão generalizada da militância, simpatizantes e redes clientelistas do partido político hegemônico no Equador, o Tribunal de Garantias Penais deixou – de forma imediata – sem efeito a decisão adotada pela direção nacional do partido, proibindo o Conselho Nacional Eleitoral de inscrever o ex-ministro correísta Ricardo Patiño como novo presidente da Alianza País.

Origens da intentona

O enfrentamento entre correístas e morenistas dentro do partido governista tem sua origem praticamente no mesmo dia da posse do atual presidente, Lenin Moreno.

Isso apesar do fato de que Lenin Moreno foi parte do binômio presidencial de Rafael Correa nas eleições de 2006 e de 2009, exercendo durante ambas legislaturas como vice-presidente da República. Na atualidade, o ex-mandatário equatoriano é o principal opositor do seu governo. Na guerra de trincheiras dentro da Alianza País e nas distintas frentes institucionais, enquanto os partidários de Moreno traçaram uma política de reformas que levam consigo uma narrativa autocrítica a respeito de determinadas políticas públicas aplicadas durante a gestão anterior e a abertura de processos de investigação sobre distintos casos de corrupção institucional, os correístas tentam derrubar a figura do presidente posicionando-o como um traidor que se aliou com a direita.

Nesta disputa que vem ocorrendo nos pouco mais de seis meses de mandato de Moreno, o correísmo – ao menos até agora – aparece como claro perdedor. Enquanto o atual mandatário ostenta elevados índices de popularidade, a figura de Rafael Correa – que deixou uma economia nacional em recessão – acabou seriamente deteriorada, enquanto são destapados cada vez mais casos de corrupção entre os seus colaboradores mais próximos.

O último movimento tático do presidente Moreno foi convocar uma consulta popular sobre as sete propostas, entre as quais se destacam a anulação da emenda constitucional – realizada na última etapa correista – que permite a reeleição indefinida do presidente da República, buscando impossibilitar que Rafael Correa seja candidato presidencial nas próximas eleições; e a reestruturação do Conselho de Participação Cidadã e Controle Social – organismo estatal composto por personalidades ligadas ao ex-presidente – abrindo a possibilidade de avaliar o desempenho das autoridades em organismos de controle do Estado, e cessá-las.

Se aprovadas essas reformas – e todas as sondagens de opinião pública até o momento assim o indicam – o correísmo sofrerá um esvaziamento completo de poder e se anularia qualquer possibilidade futura de uma rearticulação política desta tendência.

E o movimento dos setores correístas dentro da sua organização política, buscando a destituição e posterior expulsão de Lenin Moreno do partido, deve-se justamente à iniciativa do atual governo de levar a cabo tais reformas. Em paralelo, esta fração política está pressionando a Corte Constitucional – cuja composição vem do período anterior e tem afinidade com Correa –, a fim de fazer que tais questões não sejam viabilizadas. De igual maneira, os correístas na bancada oficialista buscam bloquear as iniciativas políticas provenientes do Executivo e o juízo político contra o encarcerado vice-presidente Jorge Glas.

Jogo de estratégias

Sem força política e apoiado somente por um setor de voto duro identificado com seus postulados, o qual se estima entre 20% e 23% do eleitorado, o correísmo é consciente de que o tempo joga contra.

O desenho estratégico do correísmo para tentar destituir Moreno consistia em gerar uma crise política dentro do partido Alianza País que desembocasse em uma convenção nacional extraordinária, a qual, com Rafael Correa à cabeça, permitisse recobrar as rendas do partido e sua hegemonia perdida na política nacional. Contudo, este movimento político criado apenas seis meses antes da sua primeira vitória eleitoral em 2006, e sem bases políticas naquele momento, se construiu verticalmente à sombra do poder, com quadros e caciques políticos de perfil arrivista e fortemente enraizado na tradicional política clientelista equatoriana, elementos que deixaram de ser funcionais ao correísmo uma vez que o ex-mandatário abandonou a poltrona presidencial.

Os resultados deste último pulso político foram devastadores para Rafael Correa: os morenistas anunciaram publicamente que 44 dos 75 congressistas que conformam a bancada oficialista na Assembleia Nacional se alinharam a Lenin Moreno, o que veio a significar que Correa perdeu o controle do Legislativo, enquanto que a maioria das direções provinciais do partido manifestaram rejeição à resolução da direção nacional e seu apoio a Lenin Moreno.

Pese tudo isto, Ricardo Patiño, principal operador político de Correa no país enquanto este segue residindo em Bruxelas, anunciou a pronta chegada do ex-mandatário a terras equatorianas, prevendo que os principais dirigentes correístas que participaram nesta movida podiam ser expulsos pela Comissão de Ética e Disciplina do Alianza País.

Se Rafael Correa volta nos próximos dias ao Equador possivelmente não será para reestabelecer sua liderança no partido que fundou – já que as trincheiras do correísmo no partido e em diferentes instituições têm ficado sumamente debilitadas – senão para liderar a conformação de uma nova organização política buscando confrontar politicamente com o atual governo e opondo-se à consulta popular.

Risco de desgaste

O presidente Moreno soube rentabilizar seu distanciamento de Correa, propondo a necessidade do diálogo e do consenso em uma sociedade que havia ficado fortemente polarizada, e levando a bandeira da luta contra a corrupção. Não obstante, a capacidade de execução política do governo foi limitada: ainda que não se saiba qual seja o caminhar desta legislatura. E ao se tratar de um presidente cuja popularidade se baseia unicamente no discurso, isto começa a gerar certas desconfianças na sociedade.

Por sua parte, tanto Rafael Correa como seus operadores no governo e na Alianza País buscam articular sua estratégia em torno do medo cidadão de uma possível volta do Equador ao passado, algo já utilizado em campanhas eleitorais, uma após a outra, durante a última década.

Trata-se de um argumento pouco consistente se levado em consideração que atualmente no Equador a oposição política a Alianza País não existe. Faz tempo que esta ficou sem espaço no tabuleiro da política nacional. De igual maneira, os movimentos sociais em geral, e indígenas em particular, também ficaram sem voz. Após dez anos de perseguições e criminalização do protesto social, estes movimentos se encontram atualmente imersos em negociações com um governo que ao menos se dispõe a escutá-los.

Assim, o panorama político para o médio prazo no Equador aponta como desolador. Enquanto a Alianza País se autodestrói, nem a oposição conservadora e nem a esquerda tradicional são capazes de posicionar alternativas com certa legitimidade social. A sua vez, o eleitorado é incapaz de distinguir entre as categorias políticas tradicionais de esquerda e de direita, pois logo de uma década de um discurso institucional revolucionário, adornado com velhas canções reivindicativas e alusões a múltiplos mitos revolucionários, resultou que os grupos economicamente mais beneficiados pelo regime foram os de sempre, enquanto a sociedade seguiu muito desequilibrada a favor dos historicamente privilegiados. Assim, denota-se um desinteresse crescente pela política tradicional em setores cada vez mais amplos da sociedade, nos quais a política não é mais discutida em termos de esquerdas e direitas.

Por outra parte, a incapacidade de renovação das lideranças históricas dos movimentos sociais equatorianos segue minando a possibilidade de novas formas de intervenção, a articulação de um discurso diferente e o reposicionamento do não institucional no âmbito da política, ficando esta última limitada às lutas de poder entre e dentro da estrutura partidária, que são disputadas sob o controle de instituições que não foram feitas para transformar a sociedade, senão para resistir às mudanças que a realidade demanda.

Não circulam novas ideias na política equatoriana, e não está sendo alimentada intelectualmente uma sociedade que busca, sem encontrar, estilos diferentes de exercer e atuar na política.

Com tais condições é fácil prever que, diante da ausência de alternativas com alguma credibilidade, se o atual governo não é capaz de concretizar políticas exitosas que dinamizem a economia nacional, gerem emprego digno e revitalizem a capacidade aquisitiva da grande maioria, o Equador estará imerso durante a atual gestão em uma nova crise de representatividade.

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Vitória do correísmo não fará Equador escapar da regressiva dinâmica continental


Decio Machado é sociólogo e consultor político residente no Equador
Artigo publicado em espanhol no semanário Brecha, do Uruguai.
Traduzido por Raphael Sanz, para o Correio da Cidadania.
A guerra de posições, também conhecida como guerra de trincheiras, foi utilizada como tática militar na guerra de secessão dos Estados Unidos e na guerra russo-japonesa, mas adquiriu seu protagonismo mundial a partir do fracasso da ofensiva relâmpago iniciada na Europa pelos alemães em 1914. A estratégia militar de frentes estáveis imobilizou durante anos os exércitos em linhas de trincheiras. Este novo cenário bélico propiciou uma guerra de desgaste, produziu um elevadíssimo número de baixas e arruinou o moral dos soldados que se viam obrigados a lutar durante anos em penosas condições.

Nas passagens mais lendárias dos seus Cadernos do Cárcere, Antônio Gramsci refletiria sobre estas estratégias de guerra, posição e manobra – defendendo esta última como o assalto -, entendendo o Estado como apenas uma trincheira mais avançada do conjunto de fortificações dos setores populares em sua luta pela hegemonia. Gramsci teve de reler Maquiavel para entender que a hegemonia é a capacidade orgânica dos setores dominantes em convencer as maiorias sociais a aceitarem os relatos que justificam e explicam a ordem política.

A guerra de posições, a disputa pela hegemonia e parte do pensamento estratégico de Gramsci em relação ao funcionamento do poder e o Estado moderno voltaram a tomar atualidade na disputa política existente no Equador.

No final deste mês de outubro, as facções “hard” dos seguidores do ex-presidente Rafael Correa dentro do partido governista, Alianza País – que controla parte importante da direção nacional do mesmo partido – determinou unilateralmente e de forma não regimental a retirada do atual presidente do Equador, Lenin Moreno, da presidência de sua agrupação política e posicionar em seu lugar Ricardo Patiño (que exercia como segundo vice-presidente do partido; já que o primeiro vice-presidente está preso, investigado por corrupção). O objetivo era que se fortalecessem nas trincheiras do aparelho do partido oficialista, com o fim de criar obstáculos às reformas empreendidas pelo atual mandatário e sua equipe de ministros.

Contudo, apenas umas horas depois, vários membros do gabinete presidencial e da burocracia da Alianza País rechaçariam publicamente tal decisão, definindo-a como arbitrária e antidemocrática. Diante da confusão generalizada da militância, simpatizantes e redes clientelistas do partido político hegemônico no Equador, o Tribunal de Garantias Penais deixou – de forma imediata – sem efeito a decisão adotada pela direção nacional do partido, proibindo o Conselho Nacional Eleitoral de inscrever o ex-ministro correísta Ricardo Patiño como novo presidente da Alianza País.

Origens da intentona

O enfrentamento entre correístas e morenistas dentro do partido governista tem sua origem praticamente no mesmo dia da posse do atual presidente, Lenin Moreno.

Isso apesar do fato de que Lenin Moreno foi parte do binômio presidencial de Rafael Correa nas eleições de 2006 e de 2009, exercendo durante ambas legislaturas como vice-presidente da República. Na atualidade, o ex-mandatário equatoriano é o principal opositor do seu governo. Na guerra de trincheiras dentro da Alianza País e nas distintas frentes institucionais, enquanto os partidários de Moreno traçaram uma política de reformas que levam consigo uma narrativa autocrítica a respeito de determinadas políticas públicas aplicadas durante a gestão anterior e a abertura de processos de investigação sobre distintos casos de corrupção institucional, os correístas tentam derrubar a figura do presidente posicionando-o como um traidor que se aliou com a direita.

Nesta disputa que vem ocorrendo nos pouco mais de seis meses de mandato de Moreno, o correísmo – ao menos até agora – aparece como claro perdedor. Enquanto o atual mandatário ostenta elevados índices de popularidade, a figura de Rafael Correa – que deixou uma economia nacional em recessão – acabou seriamente deteriorada, enquanto são destapados cada vez mais casos de corrupção entre os seus colaboradores mais próximos.

O último movimento tático do presidente Moreno foi convocar uma consulta popular sobre as sete propostas, entre as quais se destacam a anulação da emenda constitucional – realizada na última etapa correista – que permite a reeleição indefinida do presidente da República, buscando impossibilitar que Rafael Correa seja candidato presidencial nas próximas eleições; e a reestruturação do Conselho de Participação Cidadã e Controle Social – organismo estatal composto por personalidades ligadas ao ex-presidente – abrindo a possibilidade de avaliar o desempenho das autoridades em organismos de controle do Estado, e cessá-las. 

Se aprovadas essas reformas – e todas as sondagens de opinião pública até o momento assim o indicam – o correísmo sofrerá um esvaziamento completo de poder e se anularia qualquer possibilidade futura de uma rearticulação política desta tendência.

E o movimento dos setores correístas dentro da sua organização política, buscando a destituição e posterior expulsão de Lenin Moreno do partido, deve-se justamente à iniciativa do atual governo de levar a cabo tais reformas. Em paralelo, esta fração política está pressionando a Corte Constitucional – cuja composição vem do período anterior e tem afinidade com Correa –, a fim de fazer que tais questões não sejam viabilizadas. De igual maneira, os correístas na bancada oficialista buscam bloquear as iniciativas políticas provenientes do Executivo e o juízo político contra o encarcerado vice-presidente Jorge Glas.

Jogo de estratégias

Sem força política e apoiado somente por um setor de voto duro identificado com seus postulados, o qual se estima entre 20% e 23% do eleitorado, o correísmo é consciente de que o tempo joga contra.

O desenho estratégico do correísmo para tentar destituir Moreno consistia em gerar uma crise política dentro do partido Alianza País que desembocasse em uma convenção nacional extraordinária, a qual, com Rafael Correa à cabeça, permitisse recobrar as rendas do partido e sua hegemonia perdida na política nacional. Contudo, este movimento político criado apenas seis meses antes da sua primeira vitória eleitoral em 2006, e sem bases políticas naquele momento, se construiu verticalmente à sombra do poder, com quadros e caciques políticos de perfil arrivista e fortemente enraizado na tradicional política clientelista equatoriana, elementos que deixaram de ser funcionais ao correísmo uma vez que o ex-mandatário abandonou a poltrona presidencial.

Os resultados deste último pulso político foram devastadores para Rafael Correa: os morenistas anunciaram publicamente que 44 dos 75 congressistas que conformam a bancada oficialista na Assembleia Nacional se alinharam a Lenin Moreno, o que veio a significar que Correa perdeu o controle do Legislativo, enquanto que a maioria das direções provinciais do partido manifestaram rejeição à resolução da direção nacional e seu apoio a Lenin Moreno.

Pese tudo isto, Ricardo Patiño, principal operador político de Correa no país enquanto este segue residindo em Bruxelas, anunciou a pronta chegada do ex-mandatário a terras equatorianas, prevendo que os principais dirigentes correístas que participaram nesta movida podiam ser expulsos pela Comissão de Ética e Disciplina do Alianza País.

Se Rafael Correa volta nos próximos dias ao Equador possivelmente não será para reestabelecer sua liderança no partido que fundou – já que as trincheiras do correísmo no partido e em diferentes instituições têm ficado sumamente debilitadas – senão para liderar a conformação de uma nova organização política buscando confrontar politicamente com o atual governo e opondo-se à consulta popular.

Risco de desgaste

O presidente Moreno soube rentabilizar seu distanciamento de Correa, propondo a necessidade do diálogo e do consenso em uma sociedade que havia ficado fortemente polarizada, e levando a bandeira da luta contra a corrupção. Não obstante, a capacidade de execução política do governo foi limitada: ainda que não se saiba qual seja o caminhar desta legislatura. E ao se tratar de um presidente cuja popularidade se baseia unicamente no discurso, isto começa a gerar certas desconfianças na sociedade.

Por sua parte, tanto Rafael Correa como seus operadores no governo e na Alianza País buscam articular sua estratégia em torno do medo cidadão de uma possível volta do Equador ao passado, algo já utilizado em campanhas eleitorais, uma após a outra, durante a última década.

Trata-se de um argumento pouco consistente se levado em consideração que atualmente no Equador a oposição política a Alianza País não existe. Faz tempo que esta ficou sem espaço no tabuleiro da política nacional. De igual maneira, os movimentos sociais em geral, e indígenas em particular, também ficaram sem voz. Após dez anos de perseguições e criminalização do protesto social, estes movimentos se encontram atualmente imersos em negociações com um governo que ao menos se dispõe a escutá-los.

Assim, o panorama político para o médio prazo no Equador aponta como desolador. Enquanto a Alianza País se autodestrói, nem a oposição conservadora e nem a esquerda tradicional são capazes de posicionar alternativas com certa legitimidade social. A sua vez, o eleitorado é incapaz de distinguir entre as categorias políticas tradicionais de esquerda e de direita, pois logo de uma década de um discurso institucional revolucionário, adornado com velhas canções reivindicativas e alusões a múltiplos mitos revolucionários, resultou que os grupos economicamente mais beneficiados pelo regime foram os de sempre, enquanto a sociedade seguiu muito desequilibrada a favor dos historicamente privilegiados. Assim, denota-se um desinteresse crescente pela política tradicional em setores cada vez mais amplos da sociedade, nos quais a política não é mais discutida em termos de esquerdas e direitas.

Por outra parte, a incapacidade de renovação das lideranças históricas dos movimentos sociais equatorianos segue minando a possibilidade de novas formas de intervenção, a articulação de um discurso diferente e o reposicionamento do não institucional no âmbito da política, ficando esta última limitada às lutas de poder entre e dentro da estrutura partidária, que são disputadas sob o controle de instituições que não foram feitas para transformar a sociedade, senão para resistir às mudanças que a realidade demanda.

Não circulam novas ideias na política equatoriana, e não está sendo alimentada intelectualmente uma sociedade que busca, sem encontrar, estilos diferentes de exercer e atuar na política.

Com tais condições é fácil prever que, diante da ausência de alternativas com alguma credibilidade, se o atual governo não é capaz de concretizar políticas exitosas que dinamizem a economia nacional, gerem emprego digno e revitalizem a capacidade aquisitiva da grande maioria, o Equador estará imerso durante a atual gestão em uma nova crise de representatividade.


Decio Machado é sociólogo e consultor político residente no Equador
Artigo publicado em espanhol no semanário Brecha, do Uruguai.
Traduzido por Raphael Sanz, para o Correio da Cidadania.
Contudo, apenas umas horas depois, vários membros do gabinete presidencial e da burocracia da Alianza País rechaçariam publicamente tal decisão, definindo-a como arbitrária e antidemocrática. Diante da confusão generalizada da militância, simpatizantes e redes clientelistas do partido político hegemônico no Equador, o Tribunal de Garantias Penais deixou – de forma imediata – sem efeito a decisão adotada pela direção nacional do partido, proibindo o Conselho Nacional Eleitoral de inscrever o ex-ministro correísta Ricardo Patiño como novo presidente da Alianza País.

Origens da intentona

O enfrentamento entre correístas e morenistas dentro do partido governista tem sua origem praticamente no mesmo dia da posse do atual presidente, Lenin Moreno.

Isso apesar do fato de que Lenin Moreno foi parte do binômio presidencial de Rafael Correa nas eleições de 2006 e de 2009, exercendo durante ambas legislaturas como vice-presidente da República. Na atualidade, o ex-mandatário equatoriano é o principal opositor do seu governo. Na guerra de trincheiras dentro da Alianza País e nas distintas frentes institucionais, enquanto os partidários de Moreno traçaram uma política de reformas que levam consigo uma narrativa autocrítica a respeito de determinadas políticas públicas aplicadas durante a gestão anterior e a abertura de processos de investigação sobre distintos casos de corrupção institucional, os correístas tentam derrubar a figura do presidente posicionando-o como um traidor que se aliou com a direita.

Nesta disputa que vem ocorrendo nos pouco mais de seis meses de mandato de Moreno, o correísmo – ao menos até agora – aparece como claro perdedor. Enquanto o atual mandatário ostenta elevados índices de popularidade, a figura de Rafael Correa – que deixou uma economia nacional em recessão – acabou seriamente deteriorada, enquanto são destapados cada vez mais casos de corrupção entre os seus colaboradores mais próximos.

O último movimento tático do presidente Moreno foi convocar uma consulta popular sobre as sete propostas, entre as quais se destacam a anulação da emenda constitucional – realizada na última etapa correista – que permite a reeleição indefinida do presidente da República, buscando impossibilitar que Rafael Correa seja candidato presidencial nas próximas eleições; e a reestruturação do Conselho de Participação Cidadã e Controle Social – organismo estatal composto por personalidades ligadas ao ex-presidente – abrindo a possibilidade de avaliar o desempenho das autoridades em organismos de controle do Estado, e cessá-las. 

Se aprovadas essas reformas – e todas as sondagens de opinião pública até o momento assim o indicam – o correísmo sofrerá um esvaziamento completo de poder e se anularia qualquer possibilidade futura de uma rearticulação política desta tendência.

E o movimento dos setores correístas dentro da sua organização política, buscando a destituição e posterior expulsão de Lenin Moreno do partido, deve-se justamente à iniciativa do atual governo de levar a cabo tais reformas. Em paralelo, esta fração política está pressionando a Corte Constitucional – cuja composição vem do período anterior e tem afinidade com Correa –, a fim de fazer que tais questões não sejam viabilizadas. De igual maneira, os correístas na bancada oficialista buscam bloquear as iniciativas políticas provenientes do Executivo e o juízo político contra o encarcerado vice-presidente Jorge Glas.

Jogo de estratégias

Sem força política e apoiado somente por um setor de voto duro identificado com seus postulados, o qual se estima entre 20% e 23% do eleitorado, o correísmo é consciente de que o tempo joga contra.

O desenho estratégico do correísmo para tentar destituir Moreno consistia em gerar uma crise política dentro do partido Alianza País que desembocasse em uma convenção nacional extraordinária, a qual, com Rafael Correa à cabeça, permitisse recobrar as rendas do partido e sua hegemonia perdida na política nacional. Contudo, este movimento político criado apenas seis meses antes da sua primeira vitória eleitoral em 2006, e sem bases políticas naquele momento, se construiu verticalmente à sombra do poder, com quadros e caciques políticos de perfil arrivista e fortemente enraizado na tradicional política clientelista equatoriana, elementos que deixaram de ser funcionais ao correísmo uma vez que o ex-mandatário abandonou a poltrona presidencial.

Os resultados deste último pulso político foram devastadores para Rafael Correa: os morenistas anunciaram publicamente que 44 dos 75 congressistas que conformam a bancada oficialista na Assembleia Nacional se alinharam a Lenin Moreno, o que veio a significar que Correa perdeu o controle do Legislativo, enquanto que a maioria das direções provinciais do partido manifestaram rejeição à resolução da direção nacional e seu apoio a Lenin Moreno.

Pese tudo isto, Ricardo Patiño, principal operador político de Correa no país enquanto este segue residindo em Bruxelas, anunciou a pronta chegada do ex-mandatário a terras equatorianas, prevendo que os principais dirigentes correístas que participaram nesta movida podiam ser expulsos pela Comissão de Ética e Disciplina do Alianza País.

Se Rafael Correa volta nos próximos dias ao Equador possivelmente não será para reestabelecer sua liderança no partido que fundou – já que as trincheiras do correísmo no partido e em diferentes instituições têm ficado sumamente debilitadas – senão para liderar a conformação de uma nova organização política buscando confrontar politicamente com o atual governo e opondo-se à consulta popular.

Risco de desgaste

O presidente Moreno soube rentabilizar seu distanciamento de Correa, propondo a necessidade do diálogo e do consenso em uma sociedade que havia ficado fortemente polarizada, e levando a bandeira da luta contra a corrupção. Não obstante, a capacidade de execução política do governo foi limitada: ainda que não se saiba qual seja o caminhar desta legislatura. E ao se tratar de um presidente cuja popularidade se baseia unicamente no discurso, isto começa a gerar certas desconfianças na sociedade.

Por sua parte, tanto Rafael Correa como seus operadores no governo e na Alianza País buscam articular sua estratégia em torno do medo cidadão de uma possível volta do Equador ao passado, algo já utilizado em campanhas eleitorais, uma após a outra, durante a última década.

Trata-se de um argumento pouco consistente se levado em consideração que atualmente no Equador a oposição política a Alianza País não existe. Faz tempo que esta ficou sem espaço no tabuleiro da política nacional. De igual maneira, os movimentos sociais em geral, e indígenas em particular, também ficaram sem voz. Após dez anos de perseguições e criminalização do protesto social, estes movimentos se encontram atualmente imersos em negociações com um governo que ao menos se dispõe a escutá-los.

Assim, o panorama político para o médio prazo no Equador aponta como desolador. Enquanto a Alianza País se autodestrói, nem a oposição conservadora e nem a esquerda tradicional são capazes de posicionar alternativas com certa legitimidade social. A sua vez, o eleitorado é incapaz de distinguir entre as categorias políticas tradicionais de esquerda e de direita, pois logo de uma década de um discurso institucional revolucionário, adornado com velhas canções reivindicativas e alusões a múltiplos mitos revolucionários, resultou que os grupos economicamente mais beneficiados pelo regime foram os de sempre, enquanto a sociedade seguiu muito desequilibrada a favor dos historicamente privilegiados. Assim, denota-se um desinteresse crescente pela política tradicional em setores cada vez mais amplos da sociedade, nos quais a política não é mais discutida em termos de esquerdas e direitas.

Por outra parte, a incapacidade de renovação das lideranças históricas dos movimentos sociais equatorianos segue minando a possibilidade de novas formas de intervenção, a articulação de um discurso diferente e o reposicionamento do não institucional no âmbito da política, ficando esta última limitada às lutas de poder entre e dentro da estrutura partidária, que são disputadas sob o controle de instituições que não foram feitas para transformar a sociedade, senão para resistir às mudanças que a realidade demanda.

Não circulam novas ideias na política equatoriana, e não está sendo alimentada intelectualmente uma sociedade que busca, sem encontrar, estilos diferentes de exercer e atuar na política.

Com tais condições é fácil prever que, diante da ausência de alternativas com alguma credibilidade, se o atual governo não é capaz de concretizar políticas exitosas que dinamizem a economia nacional, gerem emprego digno e revitalizem a capacidade aquisitiva da grande maioria, o Equador estará imerso durante a atual gestão em uma nova crise de representatividade.

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Decio Machado é sociólogo e consultor político residente no Equador
Artigo publicado em espanhol no semanário Brecha, do Uruguai.
Traduzido por Raphael Sanz, para o Correio da Cidadania.

martes, 21 de noviembre de 2017

Retos ante la posverdad

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Por Decio Machado
Publicado en Revista Plan V / Ecuador

El mito de la caverna es una de las alegorías clásicas que recoge el libro La República (Politeia), la más conocida e influyente obra de Platón y que fue considerada por Cicerón como el primer libro de filosofía griega. A través de la ficticia descripción de unos hombres que desde su nacimiento permanecen encadenados en las profundidades de una caverna, los cuales carecen de posibilidad para mirar atrás y comprender cuál es el origen de sus cadenas, una pequeña hoguera permite reflejar a través del movimiento de su fuego sus siluetas sobre un muro mediante el cual atisban a ver, entre penumbras, esbozos de contornos de árboles, animales, montañas lejanas y personas que vienen y van.

Para Platón, esos hombres encadenados se parecen a nosotros, ya que ni ellos ni nosotros vemos más que esas sombras falaces que simulan una realidad engañosa y superficial fruto de una ficción proyectada por la luz de una hoguera que nos distrae de la realidad.

El mito de la caverna, entre otras cuestiones, asienta la idea de que existe una verdad independiente de las opiniones de los seres humanos y la existencia de permanentes engaños que nos hacen ubicarnos lejos de esta.

En Occidente tuvo que llegar el movimiento cultural e intelectual europeo llamado Ilustración, allá por el siglo XVIII, para que la fe, la tradición o la autoridad del emisor de una información dejaran de ser credenciales suficientes para que una definición de la realidad tuviera la calidad de hecho fehaciente e ingresara con éxito al debate público. El Siglo de las Luces fue el surgimiento de la edad de las ideologías, esas que hoy vuelven a ser nuevamente denostadas desde los sectores más reaccionarios de nuestras sociedades, momento en el que se emprende la movilización de las masas para proyectos públicos a través de la retórica del discurso racional. Sin perjuicio de su inevitable recurso a las emociones y los sentimientos, lo central pasó a ser que los llamados a la acción de las opciones políticas de derecha e izquierda se vieron obligadas a basarse sobre diagnósticos más o menos elaborados respecto al modelo de sociedad que defendían como sistema ideal para la convivencia común.

Algo más de dos siglos después todo ese andamiaje racional está quedando hecho trizas. Explicar el porqué de este hecho tiene que ver con realidades tales como que el racionalismo en nuestros países nunca dejó de ser elitista, liberal y no democrático, quedando la participación política en manos de esa “gente experta que sí sabe”. Fruto de lo anterior, lamentablemente hoy resuena con mayor fuerza que nunca la idea nietcheriana de que las pasiones, los intereses y los instintos son dimensiones de la vida humana más básicas que la razón para motivar nuestra creencias. Sería Antonio Damásio, un médico neurólogo de origen portugués precursor de la neurociencia, quien nos diría que Descartes se equivocó, pues no es “pienso, luego existo”, sino “siento, luego existo” el quid de la cuestión.

El protagonismo actual de la política de la posverdad, eufemismo que busca sustituir el término de “mentira emotiva” por uno más afable, está vinculado a varios elementos clave: la crisis actual del capitalismo, el cual fruto de un proceso de acumulación salvaje, está haciendo que entre las grandes mayorías la desigualdad y la incertidumbre respecto al futuro sean los grandes fantasmas que hoy recorren el mundo; el desarrollo acelerado de las nuevas tecnologías de información y comunicación, las cuales en su versión negativa están permitiendo que en las redes sociales se transformen en una formidable herramienta para la transmisión de falsedades; la más que justificada perdida de autoridad de los medios de comunicación, los cuales históricamente fueron el eje discriminador entre la verdad de la mentira; y la expansión del anti-intelectualismo a nivel global, lo que se da de forma sorprendente en el marco de una sociedad a la que llaman del conocimiento.

Es así que en el mundo de la posverdad, ese mundo en el que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales, algo que aparenta ser verdad se convierte en un elemento más importante que la propia verdad para el común de los mortales.

Si bien la negación de los hechos y el engaño no son nada nuevo en la política, en 1986 Ronald Reagan admitió que había intercambiado armas por rehenes con Irán tras haber negado mil veces en los meses anteriores ese hecho, actualmente la expresión “noticias falsas” se ha convertido en un elemento ubicuo hasta el punto de que se utiliza de forma acusatoria para denunciar o menospreciar cualquier hecho incómodo. En 1992 el dramaturgo serbio-americano Steve Tesich escribió un ensayo publicado en The Nation donde se indicaba, tras las revelaciones del caso Watergate y las atrocidades realizadas por el ejército estadounidense en Vietnam, que la sociedad norteamericana había asumido una postura despectiva respecto a las verdades incómodas: “llegamos a equiparar la verdad con las malas noticias (…) pedimos a nuestro gobierno para que nos proteja de la verdad”.

El ejemplo actual más palpable de política de la posverdad se evidencia en la figura del actual presidente estadounidense Donald Trump, quien durante su campaña electoral etiquetó con éxito en sus redes sociales noticias reales y verificadas con noticias falsas por forma claramente intencional, algo que hasta no hace mucho tiempo era moralmente inaceptable.

En Ecuador, como siempre algo más tarde, también llegó la política de la posverdad. Es así que durante el régimen anterior asistimos a un amplio abanico de mentiras, las cuales abarcaron desde como el país había entrado en la carrera espacial hasta como caminábamos hacia el competir con las mejores universidades del mundo, todo ello sin olvidar la execrable parodia económica sobre el jaguar latinoamericano. Por otro lado y entiendo que el control de la información es poder, asistimos de igual manera a como desde el poder político se articuló una batalla sin cuartel contra unos medios de comunicación que tampoco es que fueran baluartes de transparencia y profesionalidad informativa, generándose en los medios públicas una copia del mismo malhacer tendencioso informativo existente en los medios privados.

Como toda acción conlleva reacción y pese a que los blogs no convencionales de información periodística personifican la democratización de los medios, la llegada de la posverdad generó múltiples plataformas internautas que muestran la cara más aterradora de la intoxicación informativa: noticias falsas, información manipulada y tendenciosas sobre los procesos de investigación respecto a casos de corrupción, acusaciones no comprobadas sobre políticos de uno y otro lado, así como aseveraciones tendenciosas y mal intencionadas sobre personalidades e instituciones públicas. Todo ello posicionado sin pudor a través de múltiples estrategias de viralización en redes sociales.

Así las cosas, la mala información -en el contexto de la lucha por el poder- nos están metiendo en la mayor crisis moral de nuestro tiempo. La abundancia de noticias falsas en la era de la posverdad, tanto en Ecuador como el conjunto del planeta, suponen un daño irreparable a los fundamentos del orden democrático, y es por ello que algunos autores ya están hablando de un nuevo momento post-democrático. Mientras se agudizan las polarizaciones, se corrompe la integridad intelectual y se daña el ya más que deteriorado tejido democrático global, van articulándose campañas de odio regionales como la conocida “Con mis hijos no te metas”, basadas en atropellar los derechos de los demás bajo estrategias de posverdad, a la par que se posicionan nuevas figuras políticas con aspiraciones presidenciales de perfil protofascista como la de Jair Bolsonaro en Brasil.

Ante tal situación, tanto gobiernos como empresas tecnológicas deben enfrentar nuevos retos destinados a generar herramientas tecnológicas mejoradas que permitan comprobar los hechos e informaciones que son posicionados en Internet. Un ejemplo de esto es el incipiente proyecto PHEME, en el que participan varias universidades y empresas europeas, mediante el cual se busca desarrollar un software que sirva como detector de mentiras en tiempo real en las redes sociales.

Por otro lado, se hace cada vez más necesario una mayor presencia pública de la comunidad científica y más diálogo entre el ámbito del conocimiento y los responsables de elaborar políticas públicas, intentando evitar así que la retórica sin fundamento se imponga a los hechos.

En ambos casos, se trata de articular medidas que surgiendo desde la sociedad misma se impongan sobre las iniciativas articuladas desde los estados basadas en el control de la información, siendo conscientes del especial interés por parte de los gobiernos de mantener el poder estableciendo mecanismos de censura y el bloqueo de páginas web.