viernes, 15 de septiembre de 2017

Raúl Zibechi: “La izquierda reacciona de forma ideológica sin aportar nada relevante”

Entrevista realizada por Decio Machado a Raúl Zibechi / Revista Grietas

A un año de las próximas elecciones presidenciales en Brasil, con el actual presidente Michel Temer en la cuerda floja y el establishment político muy deslegitimado socialmente, ¿cuál es el escenario electoral brasileño tras la condena de Lula da Silva?

Me parece un escenario totalmente imprevisible. No sólo Lula está acusado y puede ser sacado de la contienda electoral sino también Aecio Neves, uno de los más importantes dirigentes del PSDB, el partido que siempre se presenta como alternativa al PT.

Lo que sucede en Brasil es que estamos ante el fin de un ciclo mucho más extenso que el ciclo progresista, y que afecta a la democracia pos dictadura y a la Constitución de 1988, o sea todo el entramado legal creado para la nueva democracia. El gran problema es que se sabe que el sistema no funciona pero no hay la menor claridad de qué debe sustituir a lo actual.

En este escenario las elecciones de 2018 son un tema menor. Si no compite Lula, puede ganar cualquiera. Pero si compite, también puede suceder lo mismo porque Lula tiene mucho apoyo pero también mucho rechazo. En mi opinión, no habría que despreciar la candidatura de Marina Silva ni la de Ciro Gomes, ya que ambos pueden beneficiarse de la ausencia de Lula. La primera porque viene del PT aunque este partido la haya atacado muy duramente en el pasado reciente. Gomes puede ser indicado por Lula como su candidato preferido pro cercanía política.

En la sentencia del juez Sergio Moro se indica que Lula participó conscientemente del esquema criminal e inclusive tenía consciencia de que los directores de Petrobras utilizaban sus cargos para recibir ventajas indebidas en favor de agentes políticos y partidos políticos. ¿Cuál es tu opinión sobre estas complicidades entre la función pública, la política institucional y las empresas públicas y privadas en Brasil bajo un gobierno referencial del llamado ciclo progresista?

Hay una evidente relación entre empresas privadas y política ya que financian las campañas de todos los partidos. El problema es que consideran ese apoyo como una inversión que les retorna luego mediante la concesión de obra pública, por eso las constructoras son las más beneficiadas.

Se calcula que por cada real que invierten en campañas electorales les retornan siete, o sea es una “inversión” muy lucrativa, propia de un período de acumulación por despojo. En realidad, la relación empresas-Estado forma parte de esa lógica de acumular robando, despojando a la población.

Lula no tuvo la menor intención de reformar este sistema corrupto, sino que se montó encima y lo cabalgó hasta que la justicia empezó a actuar. Muchos analistas brasileños creen que la operación Lava Jato es necesaria, más allá de cómo está siendo conducida, porque debe limpiarse todo ese mundillo de corrupción. En algunos países, como Uruguay, el Estado financia las campañas aportando dinero según los votos recibidos, lo que no impide que haya aportes privados pero deben ser muy transparentes y no superar ciertos límites.

Durante este proceso judicial el juez Sergio Moro llegó a decirle a Lula "no importa cuan alto esté usted, la Ley siempre estará por encima de usted". Sin embargo sobre Moro recae la sospecha de que sus sentencias suelen tener fuertes connotaciones políticas, lo que motiva que aproximadamente la mitad de estas posteriormente no sean ratificadas por las instancias judiciales superiores. ¿Crees que este proceso contra Lula se enmarca en la independencia del Poder Judicial respecto al Ejecutivo o existen intereses políticos a nivel nacional y global que han condicionado dicha sentencia?

Es posible que algunos jueces como Moro estén utilizando la corrupción contra Lula. No lo tengo claro y carezco de las informaciones imprescindibles para hacer una valoración seria. Pero acuerdo con Guiseppe Cocco en el sentido de que la izquierda reacciona de forma ideológica sin aportar nada relevante, diciendo que todo lo que la perjudica es una maniobra de la derecha o del imperialismo, lo que coloca el debate en un nivel demasiado bajo.

Aún sin descartar que algunos jueces utilicen la operación Lava Jato contra Lula, me llama mucho la atención de que no se alzan las voces cuando se procesa a Marcelo Odebrecht, a políticos bien importantes en Brasil o a dirigentes del PT, y el gran lío se arma cuando le caen a Lula. Es como si hubiera una línea roja que no se puede pasar, lo que es poco consistente. No alzaron la voz cuando el condenado fue nada menos que José Dirceu. No reconocen la corrupción cuando hay más de 140 condenados. Y resulta evidente que para Brasil el ataque  Odebrecht es mucho más demoledor que el ataque a Lula, porque es la empresa que controla los proyectos militares decisivos para la independencia nacional, como el submarino nuclear.

Si esta sentencia es ratificada en segunda instancia y por lo tanto Lula inhabilitado para presentarse como candidato del PT en los comicios presidenciales de octubre del 2018, ¿consideras que puede haber un efecto dominó en Argentina y Ecuador donde sus ex mandatarios progresistas también están éticamente cuestionados?

No creo. En Argentina se juegan otras cosas y en Ecuador la cuestión central es la alianza con China. En el caso de Brasil, la cuestión de PT ni siquiera me parece relevante desde el punto de vista de la región y de los intereses de Estados Unidos. Lo central es el proyecto de crear un complejo industrial-militar autónomo, con acuerdos tecnológicos con países europeos como Francia y Suecia, y abierto a la cooperación con Rusia. Ese sí es un problema mayor para la dominación imperialista en su patio trasero, mucho más grave que cualquier política económica o el tan manido combate a la pobreza que no molesta en absoluto ni al imperio ni a la derecha.

¿Cuál es el impacto político y económico de la crisis brasileña sobre la Región?

Tremendo. Los proyectos de integración ligados a la UNASUR, como el COSIPLAN centrado en las obras de infraestructura, o el Consejo Suramericano de Defensa, fueron pergeñados por Brasil y no pueden seguir adelante sin el empuje de ese país. Se trata de los dos proyectos más importantes desde el punto de vista estratégico. Uno consigue armar una red de infraestructuras que interconecta todos los países pero sobre todo el Atlántico y el Pacífico, lo que es decisivo para el comercio internacional con China.

El proyecto de integración militar, que apenas consiguió avanzar unos milímetros, era la base material de la integración ya que estaba destinado a darle forma a un defensa continental sudamericana que evidentemente ponía en aprietos al Pentágono.

Dentro de este esquema la alianza Brasil-Argentina conseguía la masa critica necesaria para viabilizar todo el proceso de integración. Pero cuando todo el proyecto se pincha, o sea a raíz de las derrotas del progresismo, ya la integración estaba estancada por contradicciones insalvables, en particular por la ambición brasileña de diseñar la región en función de sus intereses nacionales estrechos.

En este momento de decadencia del llamado ciclo progresista en el subcontinente, ¿cómo visualizas el futuro político inmediato de la Región?

La región va a la deriva y además muy fragmentada. Se han roto los más elementales consensos y cada sub región marcha por su lado. En este clima hay quienes negocian tratados con la Unión Europea, como el Mercosur, mientras la Alianza del Pacífico tiene cada vez menos interés por la nueva política de la Casa Blanca. Además surge una fractura en la región entre los países más volcados hacia China, como sugiere Oscar Ugarteche, y los más volcados hacia Estados Unidos. Esta es una cuestión material y estructural, no ideológica, que las izquierdas no consiguen comprender.

Veamos el caso de Macri. Es un presidente de derecha, muy ligado a Washington, pero sin embargo renovó y profundizó los lazos con China que se apresta a financiar incluso centrales nucleares. En Beijing, Macri propuso que Argentina deje de ser granero del mundo para convertirse en supermercado del mundo y agregarle de ese modo valor a las materias primas. Es una política que no podría nunca encarar con Estados Unidos o la Unión Europea, más allá de que sea o no realista y sincera la propuesta.

Tras un ciclo de luchas populares comprendido entre 1989 y 2006 que conllevó la caída de diez presidentes en diferentes países de América Latina y que permitió el acumulado para el posterior triunfo electoral de los partidos que han comandado este período de ciclo progresista en la Región ¿Cómo ves hoy la capacidad de movilización de los movimientos sociales regionales, sus potencialidades y sus crisis internas?

Los movimientos están ante una encrucijada, al igual que las izquierdas. Por un lado se han debilitado, en gran medida por las propias políticas de los gobiernos progresistas que lanzaron políticas sociales que afectan a las bases sociales de los movimientos. Pero lo fundamental es que han formado parte hasta ahora del entramado político-ideológico de las izquierdas, al punto que en algún momento se hablaba de la izquierda social (los movimientos) y la izquierda política (los partidos).

Esto ya es así, aunque aún son muchos los militantes que lo piensan de esa manera, ni qué hablar de los intelectuales que siempre van detrás de los procesos y los entienden luego de que se han consolidado las tendencias. La cuestión es que si los movimientos pretenden sobrevivir y jugar un papel activo en los cambios en curso, que no dominan ni ellos ni los partidos, deberán emanciparse de la tutela “política”, lo que supone un hondo viraje que coloque las cosas en su lugar: los partidos son parte de las instituciones y del entramado estatal, mientras los movimientos son los sujetos de los cambios si consiguen interpretar a las sociedades que se mueven.

El paradigma de esta realidad es Brasil, donde en la década de 1970 y comienzos de los 80 surgen casi al mismo tiempo el PT, la CUT y el MST. En los hechos, el PT y dirigentes como Lula jugaron un papel de tutela del conjunto, de esa santísima trinidad partido-movimiento-Estado, sin que nadie la cuestione. En mi opinión, si movimientos muy valiosos como el MST no consiguen emanciparse del PT, terminarán arrastrados por su debacle ética, primero, y política, después. Ya estamos de lleno en la parte final de la segunda fase que es la desarticulación del PT como actor político con alguna influencia en la sociedad. Por eso deben salirse de esa santa alianza, algo que parece no están dispuestos a hacer. Sería muy penoso que lo hicieran después de que Lula esté preso y no pueda ser candidato, lo que llevaría al PT a convertirse en un enano político. En ese caso, jugarán el papel de víctimas que es el preferido de las izquierdas y los movimientos cuando los atenaza la impotencia.


miércoles, 13 de septiembre de 2017

Entender lo que sucede en Ecuador desde el análisis estratégico


Por Jheya Rodríguez / Democracia en Red

Desde la perspectiva de una estudiante universitaria colombiana que sigue con atención la política del Ecuador, debo confesar que no es habitual escuchar el nivel de análisis político que tuvo lugar la pasada semana en un foro cerrado al que tuve la posibilidad de asistir en la ciudad de Cuenca. Allá, dos especialistas en materia de consultoría política y asesoramiento estratégico expresaron, de forma didáctica y muy esclarecedora, sus puntos de vistas sobre la coyuntura actual de la política ecuatoriana. Por un lado Bernardo Moreno, CEO de Propraxis Group (una prestigiosa empresa especializada en estudios de mercado, sondeos de opinión y marketing político), y por otro Decio Machado, director ejecutivo de la Fundación ALDHEA (un espacio de investigación y elaboración teórica vinculado a los movimientos sociales y la Academia) y reconocido consultor y analista político de origen hispano-brasileño residente en la ciudad de Quito.

En este debate realizado entre dos expertos que conocen bien la política ecuatoriana y regional, se esbozó de forma contundente de que manera la sociedad ecuatoriana afrontó la última campaña electoral presidencial; cuales son las inquietudes y miedos de ese electorado; así como los riesgos y oportunidades que afronta el actual gobierno encabezado por el presidente Lenín Moreno.

Decio Machado / Director de Fundación ALDHEA
Al inicio de sus respectivas exposiciones ambos consultores enumeraron los logros en materia de modernización del Estado y mejoras de diverso tipo que han acontecidos durante estos últimos diez años en Ecuador. Pero más allá de ello, Decio Machado expuso tras esta introducción la cuestión del alto nivel de degaste que ha sufrido el gobierno de Rafael Correa durante los últimos años de su mandato, posicionando como principal motivo los efectos de la crisis económica en el país. “Entre 2006 y 2014 el crecimiento promedio del PIB ecuatoriano fue de 4.3%, se redujo la pobreza de 37.6 al 22.5% y existió una evolución positiva del índice GINI de 0.54 a 0.47. Sin embargo, terminado el período de la economía fácil asociada al alto precio del crudo en el mercado internacional, el país se resintió, semi-paralizándose la economía nacional en el año 2015, con un indicador de crecimiento de apenas el 0.2% y entrando el país en recesión en 2016, cerrándose el año en un crecimiento negativo del PIB de -1.5%, el peor indicador de la región tras Venezuela y Brasil”, señaló Machado. Según este analista, este es el factor fundamental que propició el actual deterioro del mercado laboral, la falta de liquidez estatal, la carencia de inversión privada y el comienzo del deterioro de determinados indicadores sociales antes en evolución positiva.
Bernardo Moreno / CEO de Propraxis Group
 Para Bernardo Moreno, experto también en investigación social, el 67% de los electores manifestaba -según sus encuestas- una voluntad de cambio en la gestión del país a inicios de la última campaña electoral. Esto se expresó en las diferentes consignas electorales con las cuales los principales partidos políticos del Ecuador participaron en dicha campaña: “Vamos por el cambio” en el caso de Guillermo Lasso, “Para un cambio positivo en tu vida” en la campaña de Cynthia Viteri o el “Vota por el cambio verdadero” que se utilizó en la campaña del hoy presidente Lenín Moreno. Pero para este consultor ecuatoriano, “hacer una campaña de cambio no es trabajar sobre la palabra, sino sobre los constructos que la integran”.

Tanto Machado como Moreno coincidieron en que el sentir de la población ecuatoriana respecto al cambio se manifestaba a través de sentimientos que tenían que ver con la esperanza de que el nuevo gobernante generara políticas de cambio para salir de la crisis, la demanda de nueva gente en el Ejecutivo, el reclamo de un cambio de estilo en la gestión gubernamental, la necesidad de cambiar leyes que se consideran que no han funcionado adecuadamente y un latente miedo al futuro a partir del deterioro económico del país y como consecuencia de la falta de autocrítica existente durante el mandato presidencial de Rafael Correa.

Para Machado, el último período de gestión correista significó que Alianza PAIS “compró tiempo a través de una agresiva política de endeudamiento que permitió mantener las políticas sociales derivadas a la primera mitad del gobierno de Rafael Correa, pero que carecía de políticas alternativas para el período de crisis, lo cual fue sentido por la población”. A su vez, Moreno señaló que algunos constructos derivados de diversos mapas mentales (una metodología aplicada de la neurociencia y de la cual su empresa es especialista en el país) indicaban que gran parte de la gente reclamaba la necesidad de que Ecuador se abra al mundo, se generasen condiciones para que ingrese inversión extranjera, se acepte la existencia de una crisis que entonces era aún negada por parte del gobierno y se promoviese el empleo a través de nuevas políticas y el diálogo con los sectores empresariales. Según Machado, el país había empezado embrionariamente a caminar hacia una crisis política que iba más allá de la económica, conceptualizando esta como el momento en que “las ideas de los de arriba ya no convencen a los de abajo”.

De verbo duro, el expositor vinculado a la Fundación ALDHEA indicaría: “Un buen gobernante se compara con sitios donde las cosas están mejor para intentar innovar o superarse. Sin embargo, el entonces presidente Correa hablaba de tormentas perfectas para justificar la recesión económica en la que había entrado el país, algo similar a cuando los malos estudiantes dicen que suspendieron el examen por que este era difícil. Esto tuvo un resultado negativo entre la población”.

Mientras Moreno habló de cierto sentimiento social respecto a que “el gobierno ya no entendía la demanda de los mandantes”. Machado sentenció indicando que “lamentablemente, tras diez años de correísmo y el cambio de ciclo en marcha en los principales países de la región, la izquierda dejó de ser sexy en Ecuador, la gente ya no es receptiva al discurso de perfil ideológico que tuvo sentido en durante la pasada década y parte de esta”.

Pero más allá de lo económico, según ambos panelistas, la sociedad ecuatoriana mostraba evidentes síntomas de cansancio político, lo que originó un declive en la hegemonía política de Alianza PAIS. Aquí Bernardo Moreno, volviendo a los constructos sociales, posicionó que en amplios sectores de la población se visualizaba la necesidad de una nueva gestión política, un cuestionamiento al distanciamiento de la cúpula de Alianza PAIS respecto a la sociedad y un marcado sentimiento de rechazo a la corrupción institucional que había sido posicionada mediáticamente y a través de la narrativa discursiva de la oposición. Según Decio Machado, el agotamiento del correísmo no solo se hacía patente en la sociedad, sino incluso en la imagen que emitía el propio Rafael Correa a través de sus semanales Enlaces Ciudadanos. “Una imagen de cansancio y cada vez mayor irascibilidad gratuita que dejó de ser perdonada por la sociedad terminado el momento de la bonanza económica”, explicitó este consultor extranjero afincado en Ecuador.

La gente demandaba entonces un nuevo estilo de gobierno, donde haya menos conflictos, más diálogo, unidad y reconciliación frente a una sociedad altamente polarizada como estrategia gubernamental. Para Bernardo Moreno, este cambio de estilo es “algo que el presidente Lenín Moreno ha sido capaz de plasmar en estos primeros 100 días de gestión y que es el motivo fundamental de su actual alta calificación social”.

Otro de los elementos trabajados en la exposición de Machado tiene que ver con el distanciamiento de los políticos de Alianza PAIS respecto a la sociedad. Según él, “en los últimos años Alianza PAIS y el presidente Correa construyeron un relato que ya no se correspondía con la realidad que vive la gente en el país, lo que hizo que mucha gente comenzara a sentir que sus autoridades se convirtieron en una élite política que funcionaba en beneficio propio y que peleaban el poder por el poder”. Esto se plasma en otro constructo evocado por Bernardo Moreno, la demanda de cambios legislativos fundamentalmente en tres aspectos: leyes que beneficien el empleo, leyes que combatan el micro-tráfico y menos impuestos.

Para el CEO de Propraxis, es muy interesante ver como durante estos 100 días de gobierno el presidente Moreno ha superado un imagen que existía en amplios segmentos de la población por la cual se le consideraba como una figura política que estaría en manos del ex presidente Correa. “A Lenín, amplios sectores de la población lo veían como una persona humanitaria, que intenta ayudar a los demás, que es un amigo cercano al pueblo, que no es prepotente, que es luchador…, sin embargo, también se le veía como que sería una personalidad instrumentalizada por el expresidente Correa, que estaría obligado a tapar trapos sucios a la par de que sería un presidente que gobernase para una minoría”, indicaría Bernardo Moreno durante su alocución.

Tras esta primera parte de exposición, fueron cuantificados los resultados electorales de una forma novedosa, pues los resultados electorales se valoraron en base al total del censo de electores, dada la obligatoriedad del voto en Ecuador. De esta manera, en las elecciones del 2017 tan solo se consideró los resultados correspondientes a la primera vuelta. Según Machado, “ese es el momento en el que existe una verdadera identificación del voto ciudadano con el partido y los candidatos; en segunda vuelta este factor queda adulterado”.

Así las cosas, los panelistas manejaron los resultados electorales del 2013 sobre un censo de 11,7 millones de electores, momento en que Alianza PAIS consiguió 4,9 millones de votos, es decir, el 41.88% del total. Sin embargo, en la primera vuelta de 2017, sobre un censo total de 12,8 millones de electores, los votantes de Alianza PAIS disminuyeron a 3,7 millones, es decir, tan sólo el 28.91% del electorado. Quedaba de esta forma demostrado cuantitativamente que el partido oficialista, tras una década de gobierno, gozaba de una hegemonía en declive, perdiendo 13 puntos porcentuales durante la última legislatura.

Desde ese punto de vista y teniendo en cuenta que la oposición política manejó el discurso de fraude electoral tras los resultados del 2 de abril, que el presidente Lenín Moreno goce en la actualidad de un apoyo popular por encima del 70% es un éxito, donde además se combina credibilidad en su figura y respaldo en su gestión, algo de lo que no existía durante el período anterior.

Sin embargo, ambos expositores también plantearon, y quizás sea lo más interesante de sus intervenciones, los riesgos a los que está sometida la gestión del actual mandatario ecuatoriano.

Según Bernardo Moreno, uno de los riesgos que tienen todas las autoridades electas consiste en no darse cuenta integralmente de porqué ganaron sus respectivas competencias electorales. En ese sentido, Decio Machado expresó que existe un momento de enamoramiento coyuntural de la mayoría de la población ecuatoriana con el presidente Moreno que va más que por su gestión y que está basado en el cambio de estilo. El consultor Bernardo Moreno enfatizaría al respecto: “la gestión del presidente Lenín Moreno durante estos primeros 100 días ha supuesto una descomprensión del clima político nacional”, a lo que agregó, “el nuevo estilo presidencial basado en el diálogo nacional, el relajamiento de la propaganda política gubernamental, la ausencia de conflictos, el llamado a la unidad nacional y el impulso a la lucha contra la corrupción está siendo valorado muy positivamente por la sociedad, sin embargo la gente sigue esperando concreciones respecto a los compromisos de campaña asumidos por el mandatario”.

Ambos expertos destacarían la forma desenfadada a través de la cual el actual mandatario conecta con la sociedad. “La personalidad afable y desenfada de Lenín Moreno, a la par que sus formas de aparición pública, donde se dan muestras de una personalidad cercana a la gente y simpática, encarnan algo de anti-política, lo que significa un cambio radical respecto al estilo anterior, donde el espacio de comunicación entre Correa y el pueblo ecuatoriano se basaba bajo registros del líder sabio y en posesión de la verdad le indica a la masa lo que esta bien y lo que esta mal, marcándoles el camino del buen hacer”, expondría Machado.

Sin embargo, ambos consultores plantean que la población ecuatoriana sigue esperando concreciones en políticas públicas respecto a lo que son sus demandas y esperanzas. Para Moreno, “si bien es cierto que estamos en los primeros tres meses y medio de gobierno, también lo es que la gente apostó por propuestas que impliquen respuestas efectivas a la crisis, el compromiso de construcción de 325.000 viviendas que palien parte del déficit habitacional existente en el país, la atracción de inversiones, la dinamización de la economía nacional y la generación de empleos; el impulso de políticas efectivas en este sentido sigue aún sin concretarse”. Continuando con ese discurso, el vocero de Propraxis Group manifestó que el Legislativo continúa presa de la agenda política heredada de la etapa anterior, lo que no ha permitido que se visualicen aún las políticas nuevas de reforma normativa. Según Moreno, “es urgente que en la Asamblea Nacional se empiece a visualizar una agenda propia ajustada a la nueva dinámica política auspiciada desde el Ejecutivo y que sintonicen con las demandas de la gente”. Decio Machado profundizaría al respecto indicando: “pasada la campaña electoral y los primeros días de gestión gubernamental, pasó el tiempo de la teatralización, ahora toca hacer gobernar el país, se deben articular vectores de cambio reales que vayan más allá del conflicto interno existente en estos momento en el partido oficialista, el tiempo corre, pese a que aun no se note, en contra del gobierno”. Para ambos, errores como el acercamiento a políticos con mala imagen -en referencia a Abdalá Bucaram- o la utilización de términos inadecuados como el calificativo de “ovejunos” a determinados sectores de la militancia dura del correísmo, han significado errores graves que facilitaron líneas argumentales para los detractores del gobierno dentro de las filas de Alianza PAIS.

Preguntados por dicho conflicto interno en Alianza PAIS, Machado indicó que la capacidad que tienen los partidos políticos ecuatorianos para autodestruirse debido a dinámicas internas no es una novedad en la historia del Ecuador. En todo caso, en la disputa interna del oficialismo hay una tendencia claramente perdedora y esta es la que encarna lo viejo. Para el consultor hispano-brasileño, “la mayoría de la sociedad ecuatoriana tiene miedo a cualquier cosa que les parezca política extrema, y ese extremismo está contenido en los mensajes que emite el sector disidente al presidente Moreno”. Pese a ello, este ponente considera que es un error del actual mandatario entrar en el conflicto dialéctico que le propone el ex presidente Correa. “Moreno debe desarrollar su agenda, ignorando trinos, egos y movimientos desestabilizadores al interior de su partido auspiciados desde el exterior”, señaló el director de la Fundación ALDHEA, añadiendo que “el ring es un espacio de disputa que siempre favorecerá más a un político de choque especializado en distancias cortas como es Rafael Correa que a Lenín Moreno, quien tiene una imagen de menor fortaleza pero más democrática”. Los dos estrategas coinciden en el hecho de que la principal estrategia de los opositores internos en Alianza PAIS a la figura de Lenín Moreno se basa en posicionar su imagen como la de un traidor, posicionamiento que podría estar tomando cierta forma dado que el nivel de dureza de la aprobación a la gestión del mandatario ha bajado varios enteros durante el último período.

Según Decio Machado, “la convocatoria de una consulta popular semi-anunciada por el presidente Moreno en el marco de restaurar la institucionalidad en el país reforzaría su nivel de popularidad, aunque no dejaría de estar enmarcada en el ámbito de lo coyuntural”. En el paralelo, Bernardo Moreno considera que consulta sí, pero muerte cruzada o nuevo proceso constituyente no, pues “la población ecuatoriana no desea verse involucrada en un nuevo proceso de participación política de estas características y además, desde el punto de vista estratégico, los mayores beneficiarios serían los sectores de oposición, quienes en la actualidad carecen de discurso y espacio político de intervención”.

La gestión política no se sostiene solo a base del entusiasmo vinieron a manifestar ambos consultores, motivo por el cual el gobierno debe construir y concretar sus políticas alternativas. Para Decio Machado, la centralidad política en Ecuador pasó del pivote “izquierda vs derecha” a una lógica gramsciana que conflictua entre “lo nuevo y lo viejo”, teniendo claro que el correísmo envejeció a pasos acelerados durante su último período. En este sentido, según este analista, el gobierno actual sigue sin tener mensajes claros para la despolitizada población más joven del Ecuador, esa que durante la campaña electoral apenas distinguía diferencias entre Rafael Correa y Guillermo Lasso, o los respectivos políticos que conforman el establishment de ambos partidos.

“El presidente Lenín Moreno debe entender que la batalla del poder, más allá de las instituciones, se juega en nuestras mentes”, indicó Bernardo Moreno, señalando a su vez que “son las emociones las que construyen nuestros comportamientos, primero sentimos y luego pensamos, revistiendo nuestros pensamientos con la información disponible que de forma intencional previamente seleccionamos”. De igual manera se manifestaría Decio Machado, señalando que el posicionamiento actual del presidente Lenín Moreno está identificado con el sentimiento de la esperanza, aunque está se agotará de forma rápida si no se dan pasos hacia delante de forma rápida. Para Machado, “la imagen de Lenín Moreno corre el riesgo de pasar a ser la de un hombre bueno que llegado a la Presidencia de la República no fue capaz de hacer lo que tenía que hacer”.

Ambos consultores consideraron no adecuado hablar de políticas de austeridad, tal y como lo están haciendo en la actualidad algunos ministros. Moreno señaló que “más que hablar de austeridad, se deben hacer gestos desde el gobierno que demuestren dichas políticas de ahorro, como por ejemplo, la eliminación de actos fastuosos”, algunos pasos en este sentido ya se están haciendo manifestó el consultor. En ese mismo sentido, Machado reiteró que “las políticas de austeridad se asocian en el subconsciente colectivo a la complicidad del Estado con los procesos de privatización y mercantilización desarrollados por la mayoría de los Estados a partir de los años setenta”, considerando también prudente eliminar esa terminología del léxico gubernamental.

Respecto al Legislativo, ambos expertos plantearon la necesidad de posicionar el poder de la participación por encima del discurso del poder ciudadano, dado que la sociedad ecuatoriana siente este último término como un eslogan propagandístico más que como una realidad. En este sentido, los expositores coincidieron en que pese a las divergencias existentes al interior del bloque mayoritario en la Asamblea Nacional, la compleja gestión que ha tenido que realizar hasta ahora el presidente de dicha institución esta generando más confianza y reconocimiento por la ciudadanía que la realizada durante la etapa anterior, la cual estuvo marcada por una imagen de sumisión al Ejecutivo. En todo caso, existe una coincidencia entre los panelistas de que la imagen que deriva de la Asamblea Nacional está directamente relacionada con la imagen que emiten los asambleístas que la conforman, existiendo en ese aspecto problemas serios que el conjunto de partidos políticos existentes en el Ecuador deberían comenzar a solucionar, pues la sociedad en la actualidad no se siente representada por sus legisladores.

En todo caso y pese a la complejidad política en la que se encuentra el país, ambos consultores se mostraron relativamente optimistas respecto a los designios inmediatos de la nación ecuatoriana y sus perspectiva a medio plazo.

¿Porqué seguimos aplazando un debate serio sobre las drogas?

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Por Decio Machado

Pese a que el debate sobre las drogas está cambiando en el mundo y son múltiples los países que ya viraron sus estrategias, en Ecuador abordar el asunto de su legalización sigue siendo un tabú.

Encarar una temática donde las políticas han fracasado debería ser una prioridad de Estado. Sin embargo, el silencio gubernamental o el discurso banal limitado a la famosa tabla de consumo demuestra nuestra aciaga realidad política.

Defender tesis heterodoxas siempre es difícil, pero como dijo el cineasta brasileño Glauber Rocha, “la finalidad del artista es enfurecer”, lo que se  convierte en oportuno ante la cobardía generalizada del establishment político nacional.

Ecuador es un país donde crece aceleradamente la demanda de medicamentos antidepresivos, según datos revelados por International Marketing Services. Por lo tanto, nada que envidiar a Estados Unidos o al resto del mundo, donde el Prozac y en general los inhibidores de la serotonina encabezan las listas de fármacos más deseados.

Primera conclusión: dejémonos de cinismos, vivimos en una sociedad que se droga de manera permanente mediante productos distribuidos en farmacias.

Lo anterior implica una relación muy interesante entre la farmacología y las drogas, donde la escisión entre lo legal e ilegal es difusa. Por algo los antiguos griegos designaba a las drogas con el término “pharmakos”.

Segunda conclusión: la diferenciación entre droga y fármacos es meramente política tras haber sido prohibido el uso de la primeras por diferentes motivos.

Las religiones paganas, especialmente las de carácter mistérico, se articulaban en comunión mediante un psicofármaco poderoso. Con la llegada de los monoteísmos, religiones sumamente más aburridas que las anteriores, aquella experiencia enteogénica quedó limitada a un mero acto de fe.

El monoteísmo convirtió a Dios en algo incorpóreo e inalcanzable, desvinculándolo de la naturaleza. Como consecuencia, la farmacopea grecolatina y los herbolarios populares fueron condenados tal y como hicieron con el resto de religiones profesadas por otros pueblos.

Tercera conclusión: el actual concepto de droga deriva del modelo de pensamiento dominante, pues antes el uso de estas sustancias estuvo vinculado a la estimulación del alma, psique, mente, inteligencia y espíritu.

Fruto del enorme beneficio y expansión de los medios de producción asociado al desarrollo de la industria de los tintes en Alemania durante el siglo XIX, comienzan a comercializarse medicamentos derivados de la síntesis química o semisíntesis. Estamos ante el origen de lo que a la postre serán las primeras corporaciones globales farmacéuticas (Bayer y Merck). Años después una nueva potencia, estandarte del capitalismo a nivel global, comenzará a operar geopolíticamente combinando demostraciones de su músculo militar con tratados internacionales que en este ámbito se caracterizan por el signo de la prohibición.

Un ejemplo evidente es la valeriana, una planta medicinal tranquilizante cuyos usos se remontan al neolítico, pero que en la actualidad está siendo sometida a control en cada vez mayor número de países a partir de que las corporaciones farmacéuticas detectaron que su mercado de somníferos decaía.

No es casualidad que recientemente diversos médicos europeos declarasen que si les obligaran a reducir toda su farmacopea a dos medicinas, elegirían la marihuana y el opio, por ser estas las que mayor abanico de aplicaciones les otorgan, sobre las que gozan de mayor seguridad sobre sus efectos y la que permite un mejor manejo del margen de cantidad de dosis frente a una posible intoxicación.

Tercera conclusión: el desarrollo de la química de síntesis, el descubrimiento de los alcaloides y los cuerpos anhídricos permitió el almacenamiento, distribución y comercialización de determinadas sustancias con ventajas muy superiores a los principios activos de tipo botánico.

Y cuarta conclusión: los intereses de las grandes corporaciones farmacéuticas sumado a dos mil años de adoctrinamiento monoteísta, convirtió el estudio de la farmacología clínica en teología dogmática al servicio del gran capital.

Llegados a este punto podríamos considerar que el retroceso respecto a nuestra visión sobre las sustancias psicoactivas prohibidas, estupidez de término por cierto dado que todo nuestro entorno y vida cotidiana es afortunadamente psicoactiva, deriva de las políticas de prohibición y seguridad asociada.

En la actualidad y desde el punto de vista jurídico, ni la sustancia ilícita –que no es más que una cosa- ni su consumo está penalizado. Lo que se tipifica como delito es que lo hacían, por supuesto de una forma muy diferente y con aplicación místico-terapéutica, las castas chamánicas o sacerdotales de la antigüedad: suministrarle droga a otros. Así las cosas, si una persona es detenida por vender un gramo de cocaína a otra, esta será acusada por atentar contra la salud pública, lo que terminológicamente significa atentar contra la salud de todos. Si, amigo lector, entendió bien, consideramos que con un gramo de cocaína alguien tiene la capacidad de atentar contra la salud de todos, mientras que si una empresa contamina el aire, la tierra o el agua, que son elementos de los que sí realmente participamos todos, la acusación que se le imputará será meramente de delito ambiental o ecológico. Lo anterior nos permite decir que estamos al menos y por ser amables, ante una perversión de conceptos.

La prohibición pretende justificarse en base a la defensa de la salud pública, lo cual no deja de ser otra barbaridad. Reflexionemos: si el riesgo derivado de las drogas deviene de la frecuencia en su consumo y tamaño de la dosis, obligar a que estas sean comercializadas en el mercado negro implica carencia de control y falta de transparencia respecto a su composición.

Quinta conclusión: pese a que desde la segunda mitad del siglo XIX la legislación prohibicionista no ha dejado de multiplicarse, sus resultados son desastrosos no sólo por el crecimiento del número de drogodependientes y víctimas mortales, sino también por implicar un notable incremento del gasto público en materia de atención a enfermedades derivadas, la conformación de policías especializadas para perseguir el delito y cuerpos de investigación frente al lavado de activos, las miles de personas encarceladas por narcotráfico, el consumo no apropiado de drogas adulteradas y una cada vez mayor inseguridad en las calles. 

Si las drogas no son ni buenas ni malas, como dijeron Hipócrates y Galeno, sino espíritus neutros cuya valoración depende del tipo de personas que las tomen, la ocasión, frecuencia y volumen de la dosis, el debate debería centrarse sobre si el uso de estas es sensato o insensato.

Sexta conclusión: en nuestras sociedades actuales, a diferencia de antaño, el consumo de sustancias psicoactivas es compulsivo y busca el impacto momentáneo de la estimulación. Lo anterior es consecuencia de que vivimos en una sociedad compulsiva donde la diversión se limita a los fines de semana y es compulsiva, al igual que lo son el trabajo e incluso el sexo.

Quizás es por ello que en la actualidad la sustancia psicoactiva pasó a ser el elemento principal de un proceso donde el protagonista antaño era el individuo en su búsqueda de momentos de felicidad, plenitud o éxtasis. Podríamos decir que nuestra sociedad ha olvidado que las experiencias en sí mismas no son nada, lo importantes es lo que cada uno hacemos con esas experiencias.

Séptima conclusión: perdimos el sentido de lo universal.

Llegados aquí, va la pregunta de fondo. Dado el fracaso de las políticas prohibicionistas ¿es posible pensar una sociedad moderna sin mercado negro?

Derogar la prohibición conllevaría en paralelo una enérgica actividad de los poderes públicos en materia de formación ciudadana. Sin duda, convivir en una sociedad donde las drogas sean vistas con naturalidad implica una formación que debería tener sus orígenes en los mismos centros educativos.

El caso de Holanda es el más paradigmático respecto a lo que implica una sociedad donde se han legalizado determinadas sustancias anteriormente ilícitas. Tras la legalización del cannabis y su dispendio en centros especializados, los llamados cofe shops, el consumo se redujo, existe control sobre la calidad de las sustancias distribuidas y desapareció el tráfico ilegal.

Octava y última conclusión: si no estuvieran prohibidas determinadas sustancias psicoactivas, las nuevas y más dañinas drogas hoy en expansión (Krokodil, H, Crack, Metanfetamina de cristal…) posiblemente no existirían.


lunes, 4 de septiembre de 2017

System Error Codes


Por Decio Machado

Publicado en Revista PLANV

El 15 de septiembre se cumplirá el noveno aniversario de la quiebra de Lehman Brothers, la que fuera una de las mayores compañías de servicios financieros del planeta, oficializándose la más grande crisis de la historia del capitalismo tras el crack de 1929.

Sus consecuencias fueron múltiples, destacándose entre ellas una profunda escasez de liquidez que implicó grandes inyecciones de dinero en efectivo desde los bancos centrales de todo el mundo a los sistemas financieros privados, una crisis alimentaria que afectó a las regiones más pobres del planeta –especialmente a países como Malaui, Zambia y Zimbaue-, junto a diversos derrumbes bursátiles y un cataclismo económico de magnitud global cuyos efectos aún persisten en la actualidad.

Tras ello, los principales países afectados decidieron aplicar un programa de políticas de estímulo buscando dinamizar sus respectivas economías nacionales. Para evitar la deflación (exceso de oferta que genera caída de precios y recesión) que podrían conllevar este tipo de medidas, la Reserva Federal de los Estados Unidos en coordinación con el Banco de Inglaterra bajó los tipos de interés hasta cero y empezó a aplicar lo que se ha venido en denominar Quantitative Easing: un programa de compras expendida de activos buscando contribuir al incremento de la producción, el consumo y los precios en las economías globales.

Pese a las políticas expansivas aplicadas por los países desarrollados cabe indicar que históricamente nunca las recuperaciones poscrisis han sido tan lentas como la que vivimos en la actualidad. Larry Summers, quien ejerciera como Secretario del Tesoro en la época de Bill Clinton y posteriormente como asesor de Barak Obama, ha llegado a desarrollar la llamada tesis del “estancamiento secular”, según la cual el tipo de interés de equilibrio en la economía habría bajado tanto que las políticas monetarias ultraexpansivas ya no serían suficientes para estimular la demanda, llegándose a la conclusión de que el crecimiento sólo se consigue ya por medio de burbujas que tras estallar vuelven a generar una economía maltrecha.

En realidad es un hecho que las medidas aplicadas de flexibilización cuantitativa, las cuales han significado la inyección de miles de millones de dólares en el sistema financiero privado mundial generando tasas de interés más bajas y buscando estimular al capital financiero para invertir en la economía real, han sido en la práctica un fracaso. ¿Cómo explicar sino que tras nueve años de período poscrisis la inversión siga estando muy por debajo de donde estaba antes del 2008 y además se carezcan de grandes estímulos en la economía global?

Así y pese a que los tipos de interés han estado bajando desde 1982 a escala planetaria, gran parte de los endeudamientos público globales existentes en la actualidad son el fruto de cómo se ha dado respuesta a la salida de la última crisis, lo que ha hecho que durante este año el volumen global de la deuda alcanzase un nuevo récord de 217 billones de dólares, lo que equivale al 327% del PBI mundial según datos del Institute of International Finance. Lo anterior implica un incremento del 46% respecto al volumen de deuda existente diez años atrás.

Pese a que la mayoría de los gurús del sistema capitalista dediquen gran parte de sus alocuciones públicas a llamar a la calma a la ciudadanía planetaria, es evidente que estamos abocados, más temprano que tarde, a un fuerte colapso del sistema financiero internacional. En la memoria de muchos está la década de 1990, cuando la burbuja de la deuda soberana de países como Indonesia, Tailandia o Corea del Sur, sumada a un default por parte de Rusia, desencadenaron una grave crisis en los mercados emergentes.

Si bien la deuda es la clave del arco del desarrollo económico mundial en los últimos treinta y cinco años, tras la crisis financiera de 2008, la banca de los países emergentes volvió a abrir el grifo del crédito a hogares y al sector corporativo. Desde 2009, el nivel medio de deuda privada en las economías emergentes ha pasado del 75% al 125% del PIB según datos del Bank for International Settlements. Países como China y Brasil tienen niveles de deuda privada del doble del tamaño de sus economías.

Volviendo a la deuda pública, cabe indicar que la mayoría de esta -emitida por los países occidentales y Japón- está en manos de sus respectivos bancos centrales, llegando algunos de estos bancos a comprar otros tipos de activos que no son ni renta fija ni privada. Estamos ante una transformación del sistema económico capitalista, donde el discurso de la no intervención del Estado en la economía dejó de tener valor para sus defensores inteligentes, ahora el Capital y las grandes corporaciones necesitan al Estado para sobrevivir.

Lo que tenemos en la actualidad es un ritmo de crecimiento muy inferior al de antes de la crisis, un incremento permanente de la desigualdad global, una tendencia generalizada al elevado desempleo y un nivel de endeudamiento que supera por más de tres veces el volumen real de la economía mundial.

En definitiva, la ingente cantidad de deuda con rendimiento negativo y los inflados balances de los bancos centrales, cada vez más cargados de deuda soberana sin que la economía global termine de despegar, plantea de forma inevitable la hoja de ruta hacia un burbuja de deuda. Estamos, como ya vaticinó Bill Gross -CEO del Pacific Investment Management y uno de los “duros” internacionales en renta fija- ante una “supernova a punto de estallar”.

Los bonos soberanos constituyen en este momento probablemente una de las mayores burbujas de la historia financiera, donde un escenario alternativo de repunte inflacionario significaría una corrección de tal envergadura y dramatismo de los precios de la deuda pública, que sus gestores deberían dedicar una parte de la cartera a cubrir este riesgo de cola. Pese a que el sistema financiero se autodefina como mucho más sólido de lo que lo era en 2008, exista abundante liquidez y menos apalancamiento, las condiciones están dadas para que el pinchazo pueda llegar a tener dimensiones apocalípticas.

Hablando claro, desde que Marx escribiera los Grundisse sabemos que la tendencia hacia crisis cíclicas es una ley inherente al capitalismo. Es un hecho indiscutible que el sistema capitalista ha generado periódicamente docenas de crisis cíclicas por lo menos desde 1825, cuando la primera auténtica crisis de sobreproducción internacional golpeó el planeta. Ahora bien, la forma en la que se desató la crisis del 2008, a diferencia de otras anteriores, demuestra que el sistema económico global ya no es tan sólido como lo era antaño, condición que hace que su recuperación sea muy lenta, altamente conflictiva y conlleve una crisis a futuro que tendrá aun peores consecuencias.

En este sentido, es de esperar que el sistema monetario internacional esté abocado al fracaso, pues en este momento la deuda global no se está pagando sino que está siendo sistemáticamente renovada. Sin embargo, llegará el momento en que será imposible dilatar por más tiempo la necesidad de afrontar dichas obligaciones. A su vez, la reducción de gastos en bienes de inversión está provocando el descenso de la tasa de crecimiento de la productividad de la economía planetaria como consecuencia de que los fondos acumulados por las grandes corporaciones están siendo canalizados hacia actividades especulativas como la recompra de acciones y fusiones.

En definitiva, tenemos la combinación perfecta para una nueva implosión del sistema capitalista mundial, mientras algunos teóricos liberal economicistas siguen gastando tinta, afectados sin duda por algún mal hepático, sobre los fallidos modelos basados sobre la intervención del Estado como eje regulador de la economía.