viernes, 27 de enero de 2017

"El 10% más rico concentra el 71% de la riqueza regional en América Latina"

Por João Flores da Cunha
Instituto Humanitas de Unisinos  (Brasil) / ADITAL

Entrevista a Decio Machado

Decio Machado
El fin del boom de las exportaciones de commodities alteró el escenario existente hasta hace poco en América Latina e inauguró un período de incertezas. En esta entrevista el investigador Decio Machado aborda el panorama político y económico de la región y el escenario coyuntural del Ecuador, cuya sociedad ira a las urnas el próximo día 19 de febrero para escoger al sucesor de Rafael Correa en la presidencia del país.

Machado alerta que "los beneficios derivados del auge del precio de los commodities durante estos años anteriores ya desaparecieron" y "el crecimiento de la deuda externa vuelve a ser una realidad inquietante". Analizando el ciclo de gobiernos progresistas en América Latina, afirmó que existe un déficit de estos gobiernos respecto a la carencia de transformaciones estructurales y combinar la "radicalidad discursiva con la convivencia junto al poder de las élites económicas que históricamente dominaron nuestros países".

El pensador desarrolla fuertes críticas al modelo de desarrollo basado en la exportación de materias primas, y defiende que este sea superado. Para él, "tenemos que superar el faso dilema ´extractivismo o pobreza´implementado en América Latina, y "no deja de causar sonrojo que el planteamiento estratégico de los gobiernos latinoamericanos para superar el extractivismo esté basado en implementar cada vez más extractivismo".

El investigador abordó las relaciones económicas de la región con China, y considera las medidas proteccionistas que serán implementadas por el gobierno de Donald Trump en Estados Unidos profundizarán aún más las "relaciones comerciales, económicas y militares que ya se vienen establecimiento entre América Latina y la zona Asia - Pacífico".

¿Cuál es escenario político y económico actual en Ecuador?

El país vive un momento de transición política. Tras diez años de mandato,  Rafael Correa abandonará su cargo el próximo 24 de mayo, fecha en la que será investido el próximo presidente de la República del Ecuador. Más allá de quien gane las elecciones del 19 de febrero, esto significará un cambio en la política institucional del país, pues el correismo, para bien y para mal, en la práctica se transformó en una propuesta de concentración de poderes en torno a un líder carismático que difícilmente tendrá continuidad sin su presencia en el Palacio de Carondelet.

En lo que concierne a lo económico, tras un prolongado período de bonanza derivado del llamado “boom de los commodities” el país se ha visto fuertemente golpeado por la caída del precio del petróleo, la apreciación del dólar y el encarecimiento del financiamiento externo. El sumatorio de estas circunstancias ha hecho que la economía ecuatoriana cierre el año 2016 con una contracción del 1,7%, a la par de que el déficit fiscal se ha mantenido pese a que la deuda pública (interna y externa) se haya incrementado notablemente. Indicadores sociales positivos logrados durante gran parte del período correista en el ámbito de la lucha contra la pobreza, la disminución del desempleo, las mejoras en las condiciones laborales de los trabajadores y el crecimiento de la capacidad adquisitiva de la población, se encuentran en la actualidad en franco deterioro.

¿Cómo define usted el gobierno de Rafael Correa? ¿Cuál es el legado de su gobierno?

Considero que quien mejor definió este período fue el propio presidente Rafael Correa cuando dijo aquello de que “básicamente estamos haciendo mejor las cosas con el mismo modelo de acumulación”. En la práctica, se trata de un gobierno que impulsó la modernización del sistema capitalista en Ecuador a través del fortalecimiento del rol del Estado. Para ello, se impulsaron políticas sociales compensatorias que fueron el eje de esta nueva gobernabilidad, a la par que se exacerbó el modelo de explotación extractivista de recursos naturales y se fomentó ampliamente la construcción de obras de infraestructura en el país.

Su legado combina la estabilización política con el desarrollo de un modelo de Estado-control, lo que implica la desarticulación y neutralización del tejido social organizado que antaño había sido protagonista de grandes luchas sociales. Para ello, el correismo se empeñó en controlar la vida colectiva desde el aparato del Estado mediante la judicialización de la protesta social. Desde esa perspectiva el régimen correista es altamente involucionista, pues entiende al Estado-nación como límite del pensamiento y las prácticas emancipatorias de los distintos pueblos y nacionalidades que conforman Ecuador.

En la actualidad, con el advenimiento de la crisis económica fruto del fin de la “década dorada de los commodities”, quedó en evidencia que lo construido en materia de mejoramiento de los indicadores sociales a lo largo de este período tiene unos pilares demasiado frágiles. Esto nos hace reflexionar sobre el hecho de que no es posible mejorar estructuralmente la situación de los pobres sin tocar los privilegios de las élites económicas y los grandes grupos de poder.

¿Cuál es su expectativa hacia las elecciones presidenciales? ¿Cree que Lenín Moreno será electo?

El hecho que Rafael Correa no esté en la papeleta de votación sumado a que el país se encuentra en recesión económica, generó amplias expectativas en los sectores de oposición al régimen. Sin embargo, han sido los propios errores de estos los que les llevaron a situarse en condiciones desfavorables durante esta contienda electoral.

En el ámbito conservador, la rivalidad entre distintas facciones de la derecha no les permitió presentar una candidatura de unidad frente al régimen; y en el caso de las disidencias por la izquierda al correísmo, quienes si consiguieron unificarse en torno a una candidatura presidencial común, les faltó el valor para desarrollar un programa rupturista que fuera más allá de la prédica sobre la recuperación de la democracia y las libertades.

El discurso de las diversas candidaturas opositoras, con independencia de su sensibilidad política, terminaron convergiendo en una narrativa común que se basa en el mal manejo económico del régimen durante los últimos años y la corrupción institucional existente, haciendo difícilmente distinguibles sus diferentes propuestas programáticas ante la ciudadanía.

Por su parte, la campaña electoral del oficialismo esta basada en evidenciar la obra pública y la inversión social realizada durante esta década, posicionando a su candidato presidencial como cambio de estilo a la hora de gobernar dentro de la continuidad del régimen.

Los sondeos serios sobre intención de voto en Ecuador indican que el oficialismo baja su intención de voto en función de que van aflorando distintos escándalos de corrupción durante el mandato del presidente Correa, mientras que los partidos de oposición no crecen en esa misma proporción. Mientras Alianza PAIS mantenga una ventaja superior a 10 puntos porcentuales sobre sus distintos rivales electorales, la disputa está en que la candidatura de Lenín Moreno obtenga el 40% de los votos válidos para ganar en primera vuelta. De no ser así, es decir, en caso de que exista una segunda vuelta o balotaje, la cosa podría complicársele al oficialismo, dado que estaríamos ante un escenario de rearticulación de alianzas entre las fuerzas opositoras.

¿Desde un punto de vista de la izquierda, quién es el mejor candidato a la presidencia de Ecuador?

Considero que si algo debemos aprender las izquierdas de este periodo definido como “ciclo progresista” en América Latina, es que más allá de que con determinadas políticas sociales se mejore coyunturalmente los guarismos de la desigualdad, es necesario políticas reales de redistribución de la riqueza que transformen el modelo de acumulación desigual heredado del neoliberalismo.

El déficit de los gobiernos progresistas en lo que respecta a la falta de cambios estructurales en nuestras respectivas economías nacionales, deviene del hecho de que combinaron su radicalidad discursiva con la convivencia junto al poder de las élites económicas que históricamente han dominado nuestros países. Esto implicó que la crisis hegemónica neoliberal derivase en un modelo posneoliberal carente de proyecto anticapitalista.

Volviendo al caso ecuatoriano, no veo en la candidatura presidencial oficialista ni en la candidatura aglutinadora de las izquierdas disidentes al correísmo ninguna reflexión al respecto. No encuentro ni en uno ni en otro programa la capacidad de imaginar el fin de la depredación capitalista.

En Ecuador, Correa tuvo desgastes por cuenta del fracaso de la iniciativa Yasuní-ITT. En Bolivia, el presidente Evo Morales tuvo problemas por causa del proyecto de la carretera en el Parque Tipnis. ¿Cómo ve la relación entre esos gobiernos y los movimientos sociales e indígenas de eses países?

El problema de fondo entre los llamados gobiernos progresistas y los movimientos sociales es que en estos países ha registrado un aumento de la represión contra la protesta social. Tanto en Ecuador como en Bolivia hemos visto como se han adoptado medidas administrativas en contra de las organizaciones sociales que han explicitado su rechazo al modelo extractivista, a la par que se han aplicado lógicas de criminalización a la protesta social sobre líderes comunitarios, organizaciones de mujeres y comunidades indígenas en resistencia.

Estos hechos son un reflejo de la involución de estos procesos políticos, donde a la disidencia social se le ha acusado de rebelión, sabotaje e incluso de terrorismo. Asistimos a nivel planetario a la implementación de una nueva tecnología de poder por parte de los Estados, y para ello se necesita poner en marcha medidas de disciplinamiento que normalicen a la sociedad, descomponga a sus individuos, fijando procedimientos de adiestramiento progresivo y control permanente sobre la sociedad civil. Lo sorprendente en el caso de los países progresistas, es que dichas políticas se asuman con naturalidad por parte de gobiernos que dicen hablar en nombre de sus pueblos y movimientos sociales.

El desarrollo económico de América Latina en los años recientes fue en gran parte impulsado por la exportación de commodities. ¿Cuáles son los impactos de ese modelo extractivista para los países del continente?

Durante esta última década y media el modelo de desarrollo latinoamericano ha agudizado su dependiente inserción internacional como proveedores de materias primas. Esto ha implicado una mayor vulnerabilidad de estas economías, subordinándolas a las fluctuaciones erráticas de los mercados globales.

Más allá de esto, el impacto ambiental es incuestionable en el ámbito de la deforestación, la contaminación y el deterioro de la salud pública en los territorios afectados; y de igual manera también lo es el impacto en lo político, motivo por lo cual no es casualidad que en todos los países suramericanos se hayan identificado casos de corrupción vinculados a la gestión de sectores estratégicos y empresas extractivas. Junto a lo anterior viene de la mano un proceso de aceleración de lógicas vinculadas a la acumulación por desposesión, produciendo despojo, transformación violenta de las formas tradicionales de vida en las comunidades directamente afectadas, desplazamiento de sectores campesinos e indígenas de sus territorios históricos, militarización, criminalización de la protesta social, violencia estatal y paraestatal.

Los defensores del extractivismo entienden este modelo como un mecanismo por el cual capitalizar al Estado, para posteriormente implementar políticas destinadas a la transformación de la matriz productiva e impulsar el desarrollo endógeno en sus respectivos países. Sin embargo, estos procesos extractivistas se caracterizan por ser economías de enclave, no generan actividades económicas nuevas a través del encadenamiento productivo ni se integran en el mercado laboral, orientando la explotación de recursos naturales hacia las necesidades del mercado global. En todo caso, no deja de causar sonrojo que el planteamiento estratégico de los gobiernos latinoamericanos para superar el extractivismo esté basado en implementar cada vez más extractivismo.

¿Cree Ud. que es posible revertir 500 años de colonialismo y extractivismo en América Latina? ¿Existe alguna alternativa a este modelo?

Como ya indiqué anteriormente, la superación del modelo primario exportador en el subcontinente basa su urgencia en cuestiones de índole económicas, políticas, ambientales e incluso de salud democrática. Para ello hemos de superar el falso dilema “extractivismo o pobreza”, implementado por los gobiernos latinoamericanos y especialmente por los que se abanderan como progresistas.

Para ello es necesario generar una serie de medidas que serían complejas de desarrollar en su integridad durante esta entrevista, pero sobre las cuales voy a apuntar algunas ideas generales ya esbozadas por otros autores: frente a la reprimarización de las economías latinoamericanas es urgente poner en marcha medidas eficaces enfocadas a la diversificación de la producción nacional e incorporar el valor interno del retorno; el proceso de integración regional, hoy paralizado, debe ser la base para la búsqueda de complementariedades económicas entre los países de la región, reduciendo dependencia respecto a los mercados del norte; los países latinoamericanos deben buscar un nuevo perfil de especialización que les permita otra forma de inserción en el mercado global; es necesario generar políticas económicas eficientes en el ámbito del encadenamiento productivo, fiscal y de la demanda; y por último debemos, bajo un criterio de sostenibilidad planetaria, armonizar economía y sociedad con la naturaleza bajo los principios del Buen Vivir, pasando del antropocentrismo al biopluralismo.

Estamos obligados, por el bien común y la supervivencia planetaria, a cambiar el actual paradigma civilizatorio.

¿En el marco de ese modelo económico extractivista, cómo ve usted la relación de América Latina con China? ¿Ud. diría que la economía latinoamericana depende de las materias primas que exporta para China?

Los principales beneficiarios del auge del comercio entre China y América Latina han sido los exportadores de materias primas. Fíjate que durante el período comprendido entre 2001 y 2010 las exportaciones de productos mineros y combustibles fósiles a China crecieron a un ritmo del 16% anual. Si quitas a México, las cinco principales exportaciones de bienes primarios de todos los países de la región representan como mínimo el 80% del valor total de las exportaciones a China, siendo las materias primas su eje motriz. Esto hizo que la región sufriese una fuerte reprimarización de sus economías.

Sin embargo, en la actualidad China está atravesando por un programa de reajuste de su modelo de desarrollo hacia algo que pretende ser más sostenible en el tiempo. Esto implicará un menor dinamismo en su crecimiento económico y una mayor dependencia de su consumo interno, junto al impulso de industrias con mayor valor agregado y servicios.

Volviendo a la lo expresado en la pregunta anterior, si América Latina, pese a la asimetría existentes en su relación comercial con China, quiere seguir siendo competitiva ante este país, esta obligada a diversificar y modernizar su estructura productiva. Según proyecciones de la CEPAL enmarcadas en el ámbito de las reformas que en la actualidad están teniendo lugar en China, para el 2030 el crecimiento promedio de las exportaciones latinoamericanas de metales y minerales hacia este país podría caer del 16% en la década anterior al 4% y los mismos indicadores de reducción se prevén en el caso de los combustibles.

Sin embargo, China tendrá el año 2030 una cifra superior a 1.400 millones de habitantes. Mientras la población china equivale al 19% de la población global, el país tan solo dispone de un 7% de tierra cultivable y el 6% de las reservas hídricas mundiales. En base a la recomposición del consumo que se está dando en China (desciende la demanda de arroz y trigo mientras aumenta el consumo de azúcar, carne de ave y ovino, pescado, aceites vegetales, frutas y verduras, leche y carne de ternera), América Latina debería estar diseñando políticas proactivas de desarrollo productivo en esos sectores, potenciando la asociatividad de los pequeños productores y cooperativas para que tengan un rol destacado en la exportación de productos agropecuarios, con un modelo de producción respetuoso con el entorno natural y con políticas de dignificación del empleo y salarios.

Por poner tan solo otro ejemplo, en el caso del turismo, donde China se ha convertido en un gran mercado exportador de visitantes al extranjero, la situación de América Latina también continúa siendo marginal sin que estos gobiernos tengan hasta el momento capacidad de alterar sustancialmente esta realidad. Los gastos de los turistas chinos en el exterior fueron en el año 2015 de 215.000 millones de dólares, un 53% más que el año anterior. Sin embargo, de estos más de 120 millones de embarques internacionales protagonizados por la población china, tan sólo el 0,7% llega a América Latina, hospedándose además en instalaciones cuya propiedad es de grandes holdings hoteleros internacionales, en lugar de potenciarse el turismo comunitario, la economía social y solidaria, así como a las economías de los habitantes de las localidades afectadas.

¿Cómo ve las perspectivas económicas para América Latina? Las proyecciones del FMI y del Banco Mundial indican un bajo crecimiento en 2017.

Como ya demostró Tomas Piketty, desde 1700 hasta 2012 la economía mundial creció en promedio 1,6% anual, mientras la tasa de retorno del capital estuvo entre el 4 y 5%, lo que implica que la riqueza global terminó en muy pocas manos y en el caso de América Latina estos indicadores han sido aún de mayor concentración.

A pesar de la reducción de los indicadores de pobreza a los que hemos asistido durante los últimos años en la región, fruto de no haberse intervenido sobre los pilares estructurales de la desigualdad, en la América Latina de hoy el 10% más rico de la población concentra en la actualidad el 71% de la riqueza regional. El propio Banco Mundial goza de informes en los cuales se indica que si esta tendencia continúa, en menos de diez años, el 1% mas rico de la región tendrá más riqueza que el 99% restante.

Desde esta perspectiva, el problema no es tanto el indicador de crecimiento pronosticado por las instituciones de Bretton Woods, sino como es repartida dicha riqueza en nuestra región. Es un hecho que las ganancias derivadas del auge del precio de los commodities durante los años anteriores ya se desvanecieron y que el crecimiento de la deuda externa vuelve a ser una realidad inquietante sin que por eso se estén aplicando políticas fiscales claramente progresivas que busquen modelos comprometidos con la equidad social.

Lo anterior no quita para reconocer que estamos ante la primera recesión bianual en más de tres décadas en la región, lo que implica también el riesgo de que parte de los sectores que se incorporaron a las clases medias en estos últimos años puedan revertir su condición en un futuro inmediato. Según la CEPAL, ya en 2015 se incrementó en siete millones de personas el número de pobres en América Latina, lo que representa un retroceso sobre los indicadores de disminución de la pobreza obtenidos durante el período inmediatamente anterior.

Pero hablemos claro, a pesar de lo explicitado anteriormente los gobiernos de América Latina y entre ellos también los de perfil progresista, siguen otorgando un trato favorable a las compañías multinacionales en materia fiscal. Un reciente estudio realizado por Oxfam revela que la carga impositiva para las empresas nacionales latinoamericanas equivale al doble de la carga efectiva soportada por las compañías transnacionales, lo cual no puede hacernos sentir más que vergüenza en una región que es considerada como la más desigual del planeta.

¿Cuáles son las perspectivas para América Latina en el gobierno Trump, y para México en especial? 

Ni en su campaña electoral ni en su discurso de investidura Donald Trump le ha dado mayor importancia a América Latina. Más allá de lo especulativo, en lo que concierne al subcontinente tan solo existen dos anuncios claros: la ratificada propuesta de ampliar el muro ya existente en la frontera sur estadounidense y la renegociación del Tratado de Comercio de América del Norte (TLCAN) que tendría un impacto sobre México, así como la voluntad de “dar marcha atrás” a las medidas de normalización de las relaciones diplomáticas con Cuba impulsadas por la administración Obama.

Comenzando por México, cabe indicar que los problemas de su economía nacional devienen de antes, y son el fruto de una divisa que se ha devaluado más de un 50% en los últimos dos años, una inflación al alza por los incrementos de la gasolina y la energía eléctrica, una deuda pública que alcanza ya el 48% del PIB y una serie de periódicos recortes del gasto público que han mermado la capacidad adquisitiva de su población. Más allá de lo anterior, el “efecto Trump” está generando que los cinco sectores que concentran el 60% del PIB mexicano (manufactura, comercio, sectores inmobiliarios, construcción y minería) estén registrando una importante desaceleración respecto al año anterior. La inestabilidad económica que atraviesa el país está provocando fuga de capitales, sus exportaciones a los Estados Unidos tienen el riesgo de sufrir un gravamen del 35% y la industria maquiladora que se ubica en la frontera podría incluso llegar a desaparecer.

Parte de lo que sucede hoy en México es la consecuencia de que el país ha sido incapaz de diversificar sus exportaciones, hecho que determina que el 80% de estas tengan como destino los Estados Unidos. Entiendo que en la actual coyuntura, el gobierno mexicano está obligado a modificar esta realidad y reposicionar con urgencia su mirada sobre el mercado asiático. A pesar de la importancia adquirida por China en la región, las ventas de productos mexicanos a este país no sumaron más del 1,5% del total de sus exportaciones durante el pasado año.

Respecto a Cuba, los beneficios económicos que ha traído para la isla su normalización de relaciones diplomáticas con Estados Unidos son evidentes y ahora podrían estar también en riesgo. En un momento en el que las economías de países solidarios con el pueblo cubano, como es el caso de Venezuela, están en deterioro, Cuba alcanzó el pasado año la cifra récord de cuatro millones de turistas. Esto implica un crecimiento del 13% del sector turístico cubano respecto al año anterior (segunda fuente de ingresos del país) y en ello tiene mucho que ver que el número de visitantes estadounidenses se haya incrementado en un 80%.

¿Cómo los eventuales cambios geopolíticos generados por la elección de Trump pueden impactar América Latina? ¿Si se concreta un escenario de mayor proximidad entre Estados Unidos y Rusia, qué significaría eso para nuestro continente?

Las lógicas proteccionistas que fueron el eje fundamental del discurso de campaña del ya hoy presidente Donald Trump, presuponen un escenario en el cual el acceso de los productos de exportación latinoamericanos hacia el mercado estadounidense posiblemente decrezca de forma notable. Lo anterior implicará una profundización aún mayor de las relaciones comerciales, económicas y militares que ya se vienen estableciendo entre América Latina y la zona Asia – Pacífico. No creo que la cosa vaya a más, dando que considero que la centralidad geopolítica que en algún momento llegó a tener América Latina se ha desplazado en los últimos años a otras zonas del planeta.

Respecto a su segunda pregunta, considero que el sorprendente nuevo marco de relaciones entre Estados Unidos y Rusia no generará tampoco grandes cambios en nuestra región. El interés principal de Rusia, verdadero triunfador en las elecciones estadounidenses, está en las zonas geográficas que corresponde a las repúblicas que antaño formaron parte de la extinta Unión Soviética, en las rutas gasíferas del sur por donde se transporta el gas hacia Europa, en establecer una red de alianzas con las repúblicas centroasiáticas, en estrechar sus lazos militares y comerciales con China, y en erosionar la capacidad operativa de la OTAN. Como potencia mundial que es, Rusia no ignora a América Latina, pero no veo que en estos momentos forme parte de sus prioridades geopolíticas.

sábado, 21 de enero de 2017

Ecuador: "Una campaña electoral sin chicha ni limoná"

Entrevista al sociólogo y analista político Decio Machado
Para Kamunikacyjnaje Ahienctva

Decio Machado 
Ante las próximas elecciones presidenciales y legislativas que tendrán lugar en Ecuador en próximo 19 de febrero, haznos una descripción general del electorado ecuatoriano.

Algo más 12,8 millones de ciudadanas y ciudadanos están convocados a este comicio electoral. Para el 82,6% de estos, cuya edad está comprendida entre 18 y 65 años, el voto es obligatorio. Para el resto, jóvenes con edades de 16 y 17 años, así como las y los mayores de 65 años, el voto es voluntario. Por otro lado, cerca de 400 mil de estos electores residen en el exterior y respecto a la división por sexo, la cosa más o menos se mueve en el 50%.

Por último, creo importante reseñar que hay tres provincias que deciden la tendencia de los resultados nacionales. La más importante entre ellas es la provincia del Guayas con algo más de tres millones de electores, le sigue Pichincha –donde se ubica la capital del país-  con unos dos millones doscientos mil electores, y por último Manabí con casi otro millón doscientos mil. Estos tres territorios definirán los resultados finales de las presidenciales ecuatorianas.

¿Cómo ves la evolución de la campaña en curso?

Es una campaña muy fría, la ciudadanía la vive sin gran fervor. No hay involucración de la gente con los partidos y candidatos en liza. Los actos públicos no gozan de gran afluencia y gran parte de la gente que asiste están motivados por cuestiones diferentes a la implicación política con los partidos convocantes. En el caso del partido de gobierno el tema se vuelve escandaloso, porque los funcionarios públicos son obligados a asistir a estos mítines bajo la amenaza de perder sus empleos.

La sociedad ecuatoriana tiene en estos momentos básicamente tres ejes de preocupaciones principales y estas son: el complejo estado de la economía nacional; vinculado a lo anterior el incremento del desempleo, el deterioro de las condiciones de trabajo, la pérdida de capacidad adquisitiva y el endeudamiento cada vez mayor de las familias ecuatorianas más humildes; y por último la corrupción, que comienza a ser digerida por la sociedad bajo la visión general de que todos roban.

Los partidos políticos y sus candidatos hablan sobre estas cuestiones en sus alocuciones y entrevistas públicas, sin embargo la gente no deposita en sus propuestas gran esperanza. El correísmo nació como un revulsivo político-electoral al descrédito de la política en la última fase del neoliberalismo en Ecuador, generó muchas sinergias e ilusiones iniciales, pero en apenas diez años ha dejado nuevamente a la legitimidad política del sistema democrático en la picota.

¿Cómo se canalizará eso electoralmente el 19 de febrero?

El descrédito en el que ha vuelto a entrar el sistema político del país se expresará de una forma sutil el próximo 19, así que es fácil que los actores institucionalmente involucrados no interpreten los resultados de estas elecciones de forma adecuada.

Si en Ecuador el voto no fuera obligatorio, seguramente asistiríamos en estas elecciones a un índice de abstención cercano al 60%. A estas alturas el indicador de indecisión en las encuestas se mantiene muy alto, son los más altos desde la reinstauración de la democracia en el país. Si estos índices de indecisión los ubicas por targets poblaciones, encontrarás que cuanto más jóvenes son los electores mayor es la indecisión; también que las mujeres están más indecisas que los hombres; y los sectores de trabajadores y trabajadoras más golpeadas por la crisis también están altamente indecisos.

A pesar de todo lo anterior, como en este país es obligatorio el voto, si no votas te sancionan económicamente y a través de diferentes actos administrativos terminan complicándote bastante la vida, la gente acudirá a las urnas cuando llegue el momento. El sistema político ecuatoriano exige a sus ciudadanos que acudan a las urnas aunque estos no quieran ver a sus políticos ni en pintura.

Seguramente y tras el proceso electoral veamos a los voceros de las diferentes tiendas políticas autodefinirse como representantes de determinados sectores de la sociedad, más allá de que realmente el voto que reciban sea prestado/obligado y no los representen. El ganador final de la contienda seguramente superará tal osadía, se autoreconocerá como la expresión política de la mayoría de los ciudadanos ecuatorianos. En fin, más allá de la crisis de representatividad que ya se visualiza en la política ecuatoriana, todo este show forma parte del juego de falsedades que generan estos sistemas democráticos basados en la representación por parte de elites políticas respecto a los de abajo.

Más allá de lo anterior, ¿cuál es tu pronostico electoral?

Estamos casi a mitad de la campaña y se evidencia, en base a las encuestas metodológicamente más serias, que mientras el partido de gobierno mantiene una sostenida caída en intención de voto, los partidos de oposición no crecen en exceso. Esto determina que los objetivos de Alianza PAIS se mantengan en intentar ralentizar al máximo su actual deterioro, buscando que su candidato presidencial, Lenin Moreno, llegue al 19 de febrero aún con posibilidades de ganar en primera vuelta. Para ello están puestas en marcha diferentes estrategias políticas que podrían resumirse en salpicar con el lodo de la corrupción también a los contrincantes electorales del gobierno. El mensaje sería algo así como: no solo nosotros somos corruptos, también lo son los demás. En fin, una estrategia de escasa elaboración estratégica que es fácil de aplicar, dada la realidad de la política institucional, y que busca que los sectores sociales votantes del partido de gobierno no encuentren opciones hacia donde mover su voto en un momento en el que es perfectamente visible el deterioro ético del correísmo.

La tensión política está en si el oficialismo es capaz de ganar o no en primera vuelta. Estando la oposición política al régimen, en el mejor de los casos, a 13 o 15 puntos de distancia respecto a la intención de voto del partido de gobierno, lo que está en discusión es si Alianza PAIS es capaz de alcanzar el 40% de los votos validos en la primera vuelta. Es una sospecha generalizada que para alcanzar dicho objetivo podrían contar incluso con una "ayudita" por parte del Consejo Nacional Electoral, un órgano que se supone rector de la democracia en el país pero que está bajo control del régimen. En todo caso, la única expectativa para la oposición es que la candidatura oficialista no llegase a ganar en primera vuelta, lo que permitiría una suerte de reconfiguración de alianzas entre opositores cara a una segunda vuelta.

¿Y la izquierda a la izquierda del gobierno que haría en una segunda vuelta?

Los sectores políticos englobados en lo que se ha venido en denominar la Alianza Nacional por el Cambio, donde se agrupan las sensibilidades políticas a las que entiendo haces referencia, están inmersos en una trampa política que ellos solitos se tejieron. Buscando una posición pragmática que entendieron les daba mayor asidero electoral, configuraron una propuesta política de corte insípido que a la postre les genera un discurso político que no es "ni chicha ni limoná". Dicha propuesta programática la hicieron incluso con gente que posteriormente abandonó dicha alianza electoral y se pasó a las filas conservadoras. Además, durante la campaña electoral y siguiendo esa línea estratégica, se han ido distanciando cada vez más de los sectores políticamente más alternativos de la sociedad, lo cual agudizó notablemente su déficit de identidad. Los indecisos son los que definirán el resultado final de las elecciones ecuatorianas, aunque confieso que personalmente no veo que este sector de la izquierda pueda obtener un gran resultado. 

Respecto a que harían en caso de una segunda vuelta, todo es tan confuso como su propio discurso. En todo caso, el escenario que parece más posible si es que llegará un escenario de segunda vuelta es de división. Una parte de estos podrían terminar apoyando al oficialismo, lo que implica a la postre legitimar la corrupción institucional existente; y otros podrían terminar en posiciones de apoyo a los conservadores, lo que vendría significaría situarse en posiciones difícilmente justificables desde el punto de vista de la coherencia ideológica.

No eres muy optimista sobre la evolución política de la izquierda en Ecuador

No, no lo soy... Además te confieso que si hago una correlación entre discursos, programas, prácticas, actitudes y conductas, tengo serias dificultades para identificar el espectro político institucional de la izquierda en Ecuador.

¿Cómo rearticular entonces a los movimientos sociales en Ecuador?

Es una pregunta para los movimientos sociales. En todo caso, mi visión es que llegue el gobierno que llegue, durante el próximo período nos encontraremos inexorablemente frente a un plan de ajuste. El próximo gobierno tendrá que renegociar los plazo del pago de la deuda externa contraída por el correísmo en los últimos años y de igual manera se rearticularán políticas de entendimiento con el sector empresarial que en base a los reclamos que estos están haciendo, tendrá un impacto aún mayor del que ya sufren las y los trabajadores con la crisis. Es sobre las espaldas de los sectores más vulnerables sobre quien el gobierno está haciendo recaer la crisis, y esto es perfectamente visible con tan solo analizar el incremento salarial aplicado para este año o a quien beneficia el deterioro de las condiciones laborales en el país.

En todo caso, por todo lo indicado anteriormente, considero también que el próximo gobierno será débil y con escasa legitimidad social. Es de suponer entonces que pudiera haber un incremento de la tensión social en el país. Será sólo a través de las luchas como los movimientos sociales lograrán reempoderarse nuevamente, ahora eso sí, solo se puede hacer esto dejando atrás a la actual cartografía existente en la izquierda política ecuatoriana. Me temo que será un trabajo de años y para ello será necesario la construcción e implicación de una nueva generación militante.


lunes, 26 de diciembre de 2016

Perspectivas en el mercado global del crudo

Por Decio Machado
Boletín Informativo de la Consultora Sistemas Integrados de Análisis Socioeconómico

En la primera quincena del año entrante tendrá lugar el encuentro de un comité integrado por países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y de fuera del cártel destinado a supervisar la evolución del acuerdo destinado a reducir la producción global de crudo.

La confianza entre los países productores firmantes es la clave de éxito de este acuerdo alcanzado el pasado 30 de noviembre por los países de la OPEP y ampliado el 10 de diciembre por otros catorce países productores de petróleo que fuera del cártel fueron liderados por Rusia.  Esta claro que el precio del crudo para los próximos meses dependerá de que se respete el llamado Acuerdo de Viena, el cual busca reducir la producción de crudo en 1,2 millones de barriles por día (bpd) durante los próximos seis meses hasta alcanzar la base de una producción mundial de 32,5 millones de barriles diarios, buscándose incentivar los precios de crudo y apuntalar el mercado.

El peso del acuerdo recae esencialmente sobre Arabia Saudita, que se ha comprometido a retirar –en relación a su producción de octubre de 2015- 486.000 bpd, mientras que Irak recortaría 486.000, la Unión de Emiratos Árabes 139.000 y Kuwait 131.000. Otros países con menos peso en la OPEP también deben rebajar su producción: Venezuela en 95.000 bpd, Angola en 78.000, Argelia en 50.000, Qatar en 30.000, Ecuador en 26.000 y Gabón en 9.000. Destaca el hecho de que Libia y Nigeria queden exentos del compromiso de reducción de petróleo debido a los conflictos internos que atraviesan ambos países y que Irán incluso pueda aumentar su producción hasta en unos 90.000 bpd ahora que se ve libre de las sanciones internacionales que durante años le impuso EEUU.

Los otros 558.000 bpd de recorte acordados a nivel global provienen de países que están fuera de la OPEP, y entre ellos destaca Rusia, quien debe rebajar su producción en 30.000 bpd, seguida de México en 100.000, y a mucha distancia Omán con 45.000, Azerbaiyán con 35.000, Bahréin con 10.000, Sudán del Sur con 8.000, Brunei y Sudán con 4.000 respectivamente.

Había sido el exceso de producción que se produjo a finales de 2013, lo que actuó de detonante de una corrección severa en el precio del petróleo, lo cual se extendió hasta finales del 2015. Esto es explicable por dos motivos: por un lado, el aumento espectacular de la producción de petróleo no convencional en los EEUU; y por otro, la decisión tomada por la OPEP el 27 de noviembre de 2014 de no recortar su producción para impulsar los precios del alza. Es a partir del 2016 cuando el crudo registra una apreciación del 100% desde sus mínimos, lo que encaja con un proceso de ajuste entre la oferta y la demanda global.


Para las principales petroleras del mundo este acuerdo también es fundamental, pues volverían a recuperar el “cash flow”,  mediante un flujo de caja positivo que se daría por primera vez en los últimos tres años. Así, el recorte de gastos experimentado por estas corporaciones durante la recesión que habría reducido a la mitad el punto de equilibrio del flujo de caja para sostenerse durante estos últimos dos años, junto al actual repunte del precio del “oro negro”, reposicionará a las grandes petroleras globales haciéndolas salir del “modo crisis”. Es un hecho que con un precio superior a los 55 dólares es ya suficiente para que las 60 principales petroleras del planeta generen flujos de caja positivos.

Desde la firma de este acuerdo hasta hoy, el precio del petróleo ha subido más de un 17%, y aunque este precio parece haberse detenido en torno a los 55 dólares –hay elementos que influyen en esta paralización tales como el hecho de que los inventarios de crudo continúen en máximos históricos-, los inversores más optimistas apuestan por que este pueda alcanzar durante el 2017 hasta los 70 dólares.

Sin embargo, los riesgos existentes para que no se cumplan los objetivos de los países firmantes están encima de la mesa:
  •  Que algún país no cumpla con los acuerdos alcanzados y dinamite el proceso, cosa que no sería ninguna novedad al interior y fuera de la OPEP.
  •  Que con los precios del petróleo más altos algunos países que no han firmado el acuerdo incremento su producción aprovechando el momento y distorsionen el punto de equilibrio del mercado.
  • Que se reduzca o normalice el nivel de conflicto interno existente en Libia y Nigeria, permitiendo a estos países recuperar el nivel de producción alcanzado en 2011-2012.
  • Que se potencie la extracción vía “shale oil” por parte de Estados Unidos, teniendo en cuenta que en el petróleo encuentra ya incentivos con un precio de barril superior a 55 dólares.


En todo caso, a largo plazo y más allá del juego de probabilidades, el precio del petróleo necesariamente va a permanecer atado a los costes marginales de producción. Los condiciones estructurales del mercado no han cambiado por el pacto alcanzado entre países productores y fruto de la crisis el mercado extractivo se ha vuelto más competitivo que hace dos años atrás debido a la reestructuración de costos en la industria petrolera y su avance tecnológico.



domingo, 11 de diciembre de 2016

Decio Machado: "El capitalismo ha alcanzado sus límites respecto a su capacidad de adaptación"



Aprovechando de la presencia del periodista y analista político Decio Machado en Bogotá, uno de los fundadores del periódico Diagonal y coautor junto a Raúl Zibechi del libro “Cambiar el mundo desde arriba. Los límites del progresismo”, la revista estudiantil Oveja Negra realizó la siguiente entrevista a finales del pasado mes de noviembre. 

Por Ángela Pastor 

Donald Trump en la Casa Blanca ¿Cómo nos explicamos esto?

Primero algunos clásicos griegos, luego Hegel y finalmente Bertalanffi en su teoría general de sistemas ya indicaron aquello de que todo tiene que ver con todo. Explicar el fenómeno Trump pasa por entender la crisis del neoliberalismo en EEUU; la crisis de representatividad política existente tanto en el Partido Demócrata como en el Republicano; las expectativas de cambio que ya con la elección de Obama se explicitaban por gran parte del electorado estadounidense y que han sido sistemáticamente ignoradas; la crisis de un sistema diseñado única y exclusivamente para beneficiar al 1%; las lógicas derivadas de la salida dada a la crisis del 2008 y las tensiones que genera el nuevo orden internacional existente tras la emergencia de determinadas economías en el marco de la globalización.

Hablando estrictamente de lo que pasa en los Estados Unidos, cabe destacar que el estancamiento de la capacidad adquisitiva de sus trabajadores es un hecho que se prolonga desde el año 1973 y que la deuda pública de este país se ha duplicado hasta llegar a la cuota de 300% de PIB. En paralelo la proporción sobre el PIB del sector del capital especulativo, ya sea este financiero, de seguros o inmobiliario, es hoy mayor que la del sector industrial. Así las cosas, la clase trabajadora estadounidense se muestra cansada de un sistema que desde hace décadas ya no les beneficia.

A pesar de lo que a nosotros desde fuera de los Estados Unidos nos pueda parecer Trump, los últimos avances en aplicación de técnicas neurocientíficas permiten entender que los votantes no utilizan la razón, sino la emoción y los sentimientos a la hora de determinar sus opciones electorales. En el marco de este deterioro económico y sumado el hecho de que la política tradicional se ha ido convirtiendo en una payasada, un tipo como Donald Trump ha venido a demostrar que los parámetros tradicionales de la política electoral estadounidense ya no están esculpidos en piedra.

¿Según tú las presidenciales de Estados Unidos fueron un circo?

La composición, aún en marcha de lo que será la administración Trump marca el camino de lo que va a ser la nueva agenda económica estadounidense: bajada de impuestos a la clase media, desmontar la ley Dodd-Frank que buscaba articular cierta regulación sobre los grandes emporios financieros tras la crisis subprime y una nueva etapa proteccionismo que conllevará algunas guerras comerciales con otros países y bloques regionales.

Dentro del patio de comedias en que se ha convertido la política gringa podemos ver en la actualidad como Goldman Sachs, uno de los bancos más importante del planeta, ha pasado de ser el más odioso aliado de Hillary Clinton a convertirse en una de las canteras de lo que será el nuevo gobierno de Trump. 

En resumen, mientras durante la campaña electoral Trump acusaba a la candidata del Partido Demócrata de favorecer a las grandes empresas y a las mafias de Wall Street en detrimento de las medianas y pequeñas compañías, a la hora de la verdad vemos como la nueva administración no significará más que una vuelta al liberalismo económico clásico, nada nuevo en Estados Unidos, aunque eso sí, ahora con cierto énfasis en el nacionalismo comercial.

¿No generará un caos económico mundial una nueva era de aislacionismo comercial estadounidense?

La teoría del caos tiene un carácter multidisciplinar y genera conductas complejas e impredecibles pero que derivan en ecuaciones o algoritmos bien definidos matemáticamente. 

Estados Unidos ha aplicado políticas proteccionistas desde los orígenes de su historia y para el subconsciente colectivo de sus ciudadanos, fueron los altos aranceles establecidos durante el siglo XIX los que permitieron su revolución industrial y eje motriz que les convirtió en potencia mundial. En este sentido el discurso de Donald Trump ha sido de corte clásico y eso de hacer a “América grande otra vez” se resumen en un imaginario de protección de industrias consideradas estratégicas, desarrollo de industrias emergentes, fomento de la reindustrialización y vuelta de las empresas en el exterior con el consiguiente crecimiento del empleo nacional. En definitiva y siguiendo las simplistas tesis trumpianas, bastaría con repetir esa política para conseguir los mismos efectos en el actual momento de globalización económica. 

El caos al que haces referencia no creo que vaya a derivar de las políticas de Trump, sino que más bien serán el fruto del desequilibrio económico actualmente existente en el sistema mundo. Desde la crisis del 2008 estamos asistiendo a un aumento imparable de la deuda global, hablamos de un monto aproximado a 200 billones de dólares, tres veces el tamaño de la economía global. Sin embargo, la capacidad de endeudamiento en las economías capitalistas están vinculadas a sus niveles de competitividad y crecimiento, ambos indicadores en cuestión en la economía global en su momento actual. 

¿Y China?

Pues China más de lo mismo. Su economía representa el 17% de la economía global y su deuda total china, la pública más la privada, alcanza ya cuotas del 270% de su PIB. El endeudamiento privado chino, sostenido en muchos casos por más de seis mil bancos subterráneos cuyos préstamos ocultos no forman parte de los balances de préstamos del sistema financiero convencional, se eleva a unos dos billones de dólares, es decir, cinco veces más que el volumen de préstamos de alto riesgo que tenía Estados Unidos al comienzo de la crisis subprime.

¿Cambiarán las tendencias en la geopolítica estratégica mundial tras la elección de Trump?

Eso ya es un hecho ¿no te parece una novedad que un presidente estadounidense haya sido elegido con el apoyo indirecto de Rusia o de WikiLeaks? 

Cambiando de tema y yendo a cuestiones más cercanas. ¿El deterioro de los gobiernos progresistas en América Latina, el estancamiento electoral de Podemos en España o el giro del gobierno de Tsipras en Grecia vienen a significar una nueva crisis de la izquierda?

Según Eric Hobsbawm, la caída del muro de Berlín es el fin de un ciclo histórico que comenzó en el siglo XVIII y que él definió como un ciclo de revoluciones. A partir de entonces se intentó imponer una lógica ideológica que devenía en que el desarrollo armonioso del capitalismo y la continuidad de ese concepto difuso definido como desarrollo, intentándose justificar que el capitalismo era de provecho para el interés general y que dicha interpretación se sustenta en base a la abundancia y la felicidad basada en el consumismo.

Con excepción del neozapatismo y otras experiencias de carácter muy local, las izquierdas del siglo XXI no han cuestionado los pilares básicos del sistema económico existente, sino más bien intentaron dulcificarlo. Conviene entender de que estamos hablando cuando hablamos de sistema, un sistema es una agrupación de elementos en interacción dinámica organizados en función de un objetivo. Teniendo en cuenta que en el sistema capitalista se basa sobre la cultura del dinero y sus objetivos son la acumulación de plusvalía, lo que equivale a decir en el mundo actual que su valor fundamental es la codicia, cualquier tesis basada en la racionalidad de dicho sistema es una falacia. El capitalismo actual es depredador y no tiene posibilidad de expresar rostros amables.

Como indica Immanuel Wallerstein, el capitalismo es un sistema que como todos los sistemas tiene una vida no eterna, pasando por tres fases: creación, desarrollo y declive. Viendo la situación actual del sistema mundo es fácil dilucidar que estamos en su fase final, la cual dentro de una agonía prolongada demuestra que ha alcanzado los límites de su capacidad de adaptación. Esto es una novedad y a diferencia de anteriores crisis cíclicas del capitalismo, en la actualidad que la salida de la última crisis tiene un ritmo de crecimiento muy inferior al existente antes del 2008, mientras se mantiene un incremento permanente de la desigualdad social y una tendencia generalizada al desempleo elevado.

Sin embargo, los planteamientos estandarizados en oposición al capitalismo son entendidos hoy por parte de la población como regresivos. Reivindicar el Estado control o el nacionalismo económico en el ámbito de la globalización aparecen ante las sociedades como una incoherencia y vienen a demostrar nuestras carencias a la hora de esbozar modelos alternativos al sistema capitalista.

Considero que al igual que las revoluciones científicas se caracterizan por un cambio de paradigma, entendiendo por tal, el conjunto de verdades aceptadas por la comunidad científica, se hace necesario hoy que las izquierdas revisen gran parte de sus teorías. Necesitamos transformar nuestro concepto actual de la tecnología, la propiedad y el trabajo.

Estas revoluciones suponen el derrocamiento de conceptos e ideas obsoletas, pero lamentablemente y volviendo a Hobsbawm, no estamos viviendo una era de revoluciones más allá de algunos eslóganes diseñados desde los aparatos de propaganda de algunos gobiernos autodefinidos como progresistas en América Latina.

Tu que has asesorado en otros momentos gobiernos de izquierda has sido muy crítico con las políticas económicas que podríamos definir de corte neokeynesiano aplicadas por los gobierno progresistas latinoamericanos. ¿No consideras un avance la irrupción de estos gobiernos progresistas en América Latina?

Dado que formulas la pregunta así empezaré por indicarte que tengo escaso interés en las formulaciones socioeconómicas keynesianas.  Keynes fue ese señor que en una Escuela de Verano liberal realizada en Cambridge en 1925 dijo aquello de que “puedo estar influido por lo que estimo que es justicia y buen sentido, pero la lucha de clases me encontrará del lado de la burguesía educada”. Como comprenderás tal aserto tiene poco que ver con mis convicciones ideológicas.

Respecto a América Latina su influencia fue importante sobre un grupo de pensadores estructuralistas que plantearon a partir de mediados del siglo pasado que no podía existir industrialización y por ende políticas de sustitución de importaciones, sin la conformación de un Estado moderno fuerte con capacidad de intervención en la economía. De igual manera consideraban que tampoco se podía redistribuir la renta ni planificar las inversiones extranjeras necesarias en esa etapa inicial de industrialización sin ese Estado moderno.  

Sin embargo, los llamados gobiernos progresistas de la actualidad lo que han hecho ha sido reprimarizar sus economías. Los países progresistas con constituciones posneoliberales que reconocen el vanguardista concepto de los derechos de la naturaleza, caso de Bolivia y Ecuador, son los países que más se han reprimarizado en el subcontinente y un país como Brasil, el que más industrializado estaba de la región, ha perdido hasta un 20% de cuota industrial durante su período progresista. En el caso de Venezuela la situación es para llorar, tras 17 años de gobierno bolivariano el indicador de dependencia económica respecto al crudo es del 96%. En definitiva, fueron más industrializadores los llamados gobiernos populistas de antaño que los de ahora en América Latina. La tesis demuestra que el discurso soberanista emprendido durante estos años en la región tiene más de electoralista que de real, pues somos más dependientes ahora de las necesidades del capitalismo global que antes. Rememorando a Jung, podríamos decir que se primó el pensamiento fantaseo, ese que se aparta de la realidad liberando tendencias subjetivas y que es improductivo, sobre otro tipo de pensamiento más laborioso, que requiere un esfuerzo muchas veces agotador pero que adapta la realidad y procura obrar sobre ella.

Si uno analiza los datos relativos al uso del excedente por parte de los gobiernos progresistas latinoamericanos durante el boom de los commodities lo que veremos es que se priorizó el gasto en detrimento del uso productivo o la acumulación de capital productivo en forma de inversión. No hay avances significativos en relación al volumen de excedente de los que se gozó durante esta década respecto al tan cacareado cambio de matriz productiva en la región ni tampoco respecto a cambio de la matriz de acumulación heredada del neoliberalismo. Lo que hubo fue un reinstitucionalización del Estado, la aplicación de medidas compensatorias como eje de las nuevas gobernabilidades, el modelo extractivo de producción y exportación de commodities como base de la economía y la realización de grandes megaproyectos de infraestructura. Es sobre este esquema sobre el que se articuló el eje de la legitimidad de estos gobiernos. Cuando concluye en período de bonanza y por lo tanto mengua el excedente, los indicadores sociales logrados en estos países comienzan a deteriorarse de forma acelerada, la deuda externa vuelve a crecer y sus gobiernos entran en una crisis de legitimidad social. No se tocó en lo más mínimo los pilares de un modelo que ha sostenido durante siglos la desigualdad social.

La consecuencia de todo esto es clara: América Latina pudo ser un laboratorio de nuevas experiencias enfocadas a la construcción de alternativas a un sistema ya insostenible para el que hasta el marxismo muestra notables carencias. El propio Marx obvió en su ley del valor, por razones entendibles para su época, el costo ambiental de la producción capitalista y el concepto de desarrollo. Concepto este en el que también creyeron los regímenes del socialismo real de antaño y los llamados socialismos del siglo XXI de ahora. Sin embargo hoy, fruto del fracaso a la hora de desarrollar alternativas en ambos conceptos por parte de estos gobiernos, el interés político global de la región ha perdido muchos enteros por parte de quienes buscamos alternativas a un mundo cada vez en mayor decadencia.

¿Faltó inteligenssia estratégica en los gobiernos progresistas?

Decía Piaget que la inteligencia sólo se organiza por su funcionamiento y en lo que tiene que ver con el funcionar, la inteligencia estratégica y planificadora latinoamericana ha funcionado poco más allá de sus rimbombantes discursos. Fruto de ello en la actualidad vivimos el estancamiento del proceso de integración regional y un nuevo reordenamiento geopolítico en la región que supone un re-empoderamiento de los sectores más reaccionarios en el subcontinente. En todo caso lo que faltó y sigue faltando en los países que aún se abanderan bajo el paraguas del progresismo es voluntad para transformar, coherencia política con los procesos que hicieron factibles el acumulado para que estos partidos políticos llegaran al poder y valentía para enfrentar a los grupos de poder nacionales y extranjeros. 

En el fondo esto es normal, pues si analizamos la historia encontraremos muy pocas experiencias de transformación del Estado desde el propio Estado. Los Estados, más allá de quienes los gobiernen, han seguido siendo herramientas de dominación y control social al servicio de élites determinadas y nuevas castas burocráticas que gozan de privilegios de los que no gozan sus gobernados.

¿Que hacemos entonces con el Estado?

Ufff, vaya preguntita… Fíjate si el debate sobre el Estado es viejo y aún sin solucionar que cuando Kropotkin deseaba demostrar lo que él consideraba corrupción moral de la revolución francesa, explicaba cómo Robespierre, Danton, los jacobinos y hebertistas pasaron de ser revolucionarios a hombres de Estado. 

En todo caso y volviendo al mundo de hoy, la imagen actual de los Estados es el fruto de un concepto de conceptualización por parte de los ciudadanos receptores que metabolizan un conjunto de inputs comunicacionales transmitidos desde esa institucionalidad, pero que como en todo proceso de conceptualización y formación de imagen, los receptores contribuyen decisivamente en lo que al resultado final de refiere. En ese barullo de frase que te acabo de soltar hay una crisis, pues podemos observar como los procesos políticos más interesantes que hemos vivido en los últimos años en el planeta han estado muy alejados de conducciones partidistas y se han manifestado en confrontación con el Estado. Estoy hablando de las primaveras árabes; del movimiento de indignados en el Estado español; de los Occupy de Wall Street, Londres o Hong Kong; del Nuit debout parisino; o de la referencia latinoamericana más próxima a estos procesos, las movilizaciones de junio del 2013 en Brasil. En el trasfondo de todas estas experiencias está un cuestionamiento a la política institucional y a las lógicas de democracia representativa sobre la que se sustenta el actual concepto de Estado. 

Lo que sí esta claro es que cualquier proceso de transformación social en este planeta debe pasar por la transformación del Estado. Hay que reinventar el modelo de Estado y verás que el marxismo original desarrolló como tesis una idea olvidada por las izquierdas respecto a necesidad de autodestrucción de la burocracia estatal en el socialismo. En la Comuna de París se instituyó un cuerpo de funcionarios electos que podían ser destituidos en cualquier momento por petición de sus electores y donde ninguno de ellos podía ganar más que un obrero corriente. Era una lógica cuyo objetivo se basaba en eliminar cualquier posibilidad de construcción de castas políticas y/o gubernamentales, a la par que un cuestionamiento a la jerarquía que se determina en cualquier Estado.

Bueno de todo aquellos debates del pasado al día de hoy sólo queda en las izquierdas institucionalizadas el debate sobre como llegar al Estado, lo cual produce una gran tristeza intelectual, pues es entender que el Estado se transforma tan solo sustituyendo a unos altos funcionarios por otros de talante más progresista y con disciplina partidista.

Más allá de la imagen-ficción propiciada por los intelectuales latinoamericanos al servicio de los regímenes progresistas y destinadas a esconder las verdades reales, transformar el Estado sigue siendo un debate pendiente en las izquierdas contemporáneas. Nada surge por generación espontánea, de hecho Pasteur refutó la teoría de la generación espontánea hace casi dos siglos atrás, par a transformar el Estado hace falta una hoja de ruta que conscientemente las izquierdas mayoritarias ignoran.