Entrevista a Decio Machado / cofundador del mítico periódico Diagonal
Por Alejandro Chiriboga
Desde tu experiencia, ¿qué os llevaba en Diagonal a escribir de manera recurrente sobre migraciones y movimientos migrantes? ¿Había una motivación política, social o editorial clara detrás de esa elección temática?
Entre los años 2000 y 2002 había habido una oleada de protestas de inmigrantes extracomunitarios en España que buscaban cambiar su estatus irregular por uno legal, denunciar de denegaciones masivas de regularización y mejorar de las condiciones de vida de las y los trabajadores migrantes. Ahí estuvieron las movilización de migrantes ecuatorianos en Lorca (Murcia), de trabajadores magrebíes que trabajan la fresa en Huelva e inmediatamente despúes de trabajadores argelinos y marroquíes que trabajaban el campo andaluz en el campus de la Universidad Pablo de Olavide en Sevilla, y de igual manera las movilizaciones en Valencia y Barcelona que replicaron este tipo de activación política de los “sin rostro”.
Algunos de quienes poco tiempo después participamos en el origen del proyecto mediático alternativo Diagonal habíamos estado cercanos a esas movilizaciones. Varios compañeros y compañeras provenían de militancia en centros sociales donde se desarrollaban actividades de solidaridad con migrantes en Madrid, otros sectores vinculados a la desobediencia civil, redes feministas autónomas y variados espacios sociales sensibles con la cuestión migratoria. En mi caso personal, estuve incluso directamente involucrado en las movilizaciones de inmigrantes en Andalucía como miembro de la Comisión de Precariedad y Exclusión Social de la CGT, sindicato desde el cual promovíamos la afiliación sindical de estos trabajadores pese a no tener papeles, lo cual -en aquel momento- significaba un acto de insumisión penado con cárcel a la Ley de Extranjería.
Lo anterior nos llevó a que en las asambleas semanales del Diagonal, momento donde las y los involucrados en el proyecto decidíamos los temas a tratar en la publicación en curso del períodico, el tema de la migración estuviese presente de forma recurrente. De alguna manera, esto implicaba ampliar nuestro campo de compromiso social con la migración al ámbito de la disputa comunicacional e informativa.
En ese sentido, ¿consideras que había una intención explícita de disputar el relato dominante sobre la migración en el Estado español? Si es así, ¿de qué manera se intentaba hacerlo desde el lenguaje y el encuadre de las noticias?
En las asambleas del Diagonal, que ejercían como consejo editorial del proyecto, no solo se discutían los temas y artículos a tratar en el número en edición, sino también su enfoque. Evidemente eramos conscientes de que la temática migratoria ya había tomado un espacio de centralidad política en aquel momento y que era un ámbito discursivo recurrente para el gobierno y las organizaciones políticas y sociales conservadoras. Especialmente para las diferentes fracciones de la ultraderecha que en aquel momento buscaban organizarse y asumir protagonismo político real años antes de la creación de Vox en el Estado español.
El ecosistema mediático español en general, tanto el conservador como el supuestamente progresista, ejercían como elementos de alarma social y generación de miedos en la sociedad a través de los encuadres utlizados para abortar la cuestión migratoria. En muchos casos asociándola a un supuesto incremento de la inseguridad ciudadana, en otros vinculándolos con lógicas yihadistas y terrorista en general, y en la mayoría de las veces conexionando la llamada “ola” migratoria con el paulatino deterioro de los servicios sociales, la pérdida de capacidad adquisitiva y la merma en la calidad del empleo. Lo anterior también aplicaba a noticias internacionales, fundamentalmente sostenidos como lógica narrativa alternativa a la extrapolada desde el Parlamento Europea en el marco de la construcción de lo que entonces definíamos como a construcción de la “Europa fortaleza”.
A partir de ahí se desarrolló la línea editorial del Diagonal en esta material. Se trataba de disputar el relato, de mostrar la cara humana de las y los migrantes, su aporte socio-político y combatir la creciente satanización a la que estaba cada vez más sometida la imagen del/la migrante.
Desde tu experiencia, ¿qué enfoque discursivo se intentaba construir al hablar de migración? Es decir, ¿qué queríais destacar o contrarrestar frente al tratamiento que hacían los medios generalistas?
En parte la respuesta a esta pregunta está en la respuesta de la pregunta anterior. En todo caso y para bajar la respuesta al terreno, lo que se planteaba desde el Diagonal era cubrir la realidad silenciada por los grandes medios al interior de los centro de internamiento de extranjeros y de deportación de migrantes tanto en el Estado español como en otros lugar de Europa e incluso del planeta (Lampedusa, Corinto, frontera de Estados Unidos con México y demás).
De igual manera, trabajamos en visibilizar el mundo de las solidaridades: redes ciudadanas de apoyo y también redes profesionales de solidaridad con los migrantes (personal sanitario, juristas, sindicalistas y demás). En el marco de la denuncia, se sostuvo visibilizar los excesos de las políticas de deportación tanto en el Estado español como en Europa y Estados Unidos, denunciando convenios con compañías aéreas -tales como la de Air Europa con vuelos a Senegal, Colombia y Ecuador entre otras-; lo que cotidianamente sucedía en las vallas de Ceuta y Melilla; los excesos policiales y fundamentalmente de la Guardia Civil cometidos con absoluta impunidad en zonas fronterizas o centros de reclusión e incluso sucesos como la política -tanto española como europea- de externalización de fronteras con países de África. Todo ello poco o nada informado en los medios de comunicación al uso en aquel momento.
El nivel de manejo de información que llegó a tener el Diagonal en aquel momento era tal que recuerdo que incluso periodistas de el diario El País me llamaban con el fin de que les pudiéramos socializar contactos para poder cubrir noticias concretas que nosotras y nosotros sacabamos a la luz y que ellos tenían interés en publicar en sus periódico. Evidentemente y llegado el caso, no negábamos el acceso a tales contactos siempre y cuando esto no pusiera a nadie en compromiso, pero si negociábamos con ellos a nivel individual el enfoque que le darían a la noticia. Si les facilitábamos la información estaban obligados a romper el molde impuesto por el consejo editorial del El País, y debo decir que siempre que se dieron estos casos, los periodistas involucrados cumplieron con lo acordado.
¿Cómo describirías el enfoque de Diagonal a la hora de cubrir los movimientos migrantes frente al tratamiento de la prensa generalista?
El enfoque que dábamos a la migración y política de fronteras se diferenciaba de forma nítida, estructural y consciente del tratamiento dominante de los medios generalistas de la época. La diferencia no era solo de tono, sino también de marco interpretativo, sujetos protagonistas y finalidad política del relato.
Digamos que enfrentábamos el marco de análisis de la seguridad y encuadre generalizado en los medios convencionales, con el enfoque de derechos; abordando en el Diagonal la migración como un fenómeno político, económico y estructural inseparable de las relaciones centro-periferia; del legado colonial europeo; de las políticas neoliberales, comerciales y militares; así como de las nuevas lógicas en aquel momento relacionadas con la externalizaciones de fronteras de la Unión Europea.
En este contexto, priorizábamos los testimonios directos, las voces de colectivos migrantes, el posicionamiento informativo de ONGs críticas y redes antiracistas, así como la visibilización de las redes solidarias (abogados, activistas, profesionales de distintos orden y académicos críticos). Esto lo hacíamos frente al enfoque predominante en medios generalistas, el cual se basaba en cifras agregadas, confuso lenguaje administrativo, fuentes institucionales y la visión de la migración como “flujo”, “anomalía”, “presión” y “problema”.
En otras palabras, manejábamos en nuestra redacción un enfoque deliberadamente político del lenguaje, hablando de violencia institucional, fronteras letales, racismo estructural y muertes evitables (no tragedias). El objetivo era desnaturalizar lo que otros medios presentaban como inevitable, despolitizando el sufrimiento y presentando los hechos como “dramas” sin responsables claros o identificables.
¿Cómo se representaba a las personas migrantes en los artículos: como sujetos políticos, víctimas, protagonistas de luchas…? ¿Era algo deliberado dentro del medio?
En el Diagonal, la representación de las personas migrantes en los articulos respondía a un marco político deliberado, claramente diferenciado del tratamiento hegemónico de la prensa convencional. No era una cuestión estética o de estilo, sino una decisión editorial consciente sobre quién habla, desde dónde habla y con qué legitimidad habla.
Las y los migrantes en el Diagonal tenían un tratamiento como sujetos políticos, no como objetivos informativos. No eran “tema”, les dábamos espacio a sus voces; no aparecían tan solo cuando “llegaban”, sino cuando actuaban, se organizaban o resistían. En definitiva, eran presentados como actores con agencia, no como receptores pasivos de ayuda o sufridores de represión (desdeñábamos la compasión).
Lo anterior se reflejaba en entrevistas directas, en artículos firmados por personas activistas migrantes, y también por crónicas desde encierros, huelgas de hambre, encadenamientos o protestas de distinto tipo.
La migración no se narraba “sobre” ellos, sino con ellos, eso fue siempre una filosofía inquebrantable en el Diagonal, formó parte de nuestra esencia no solo en el ámbito de la temática migratoria, sino en general.
A diferencia de la prensa generalista, en el Diagonal se evitaba el tono paternalista, no se reducía a los migrantes a víctimas silenciosas y se mostraba el sufrimiento sin negar la capacidad de acción de las y los migrantes. Las personas migrantes aparecían organizando sindicatos informales, impugnando leyes, denunciando abusos policiales y construyendo redes comunitarias.
Si, el dolor estaba ahí, pero no anulaba la dignidad ni la capacidad política de las personas migrantes. Además se aludía a la violencia como lógica estructural en nuestras sociedades, no como accidentes ocasionales o fortuitos. La lógica en esto era clara, romper con la figura del “migrante problemático” y su asociación con el delito, el llamado “efecto avalancha” y el marco de la amenaza cultural y económica que estaba entre líneas en las noticias emanadas desde los medios informativos masivos. En el Diagonal los migrantes eran lo que realmente son: trabajadores precarizados, sujetos racializados, poblaciones funcionales a determinados modelos económicos y colectivos sistemáticamente excluídos del espacio de ciudadanía.
En los artículos que escribiste sobre migraciones, ¿qué aspectos te parecían más importantes visibilizar y por qué?
Pues desde una mirada transversalizada por la perspectiva del tiempo, creo que mis artículos en el Diagonal sobre esta materia se caracterizaron por visibilizar distintas dimensiones del fenómeno migratorio y de la política de fronteras que permanecían sistemáticamente invisibles o marginalizadas en los medios en aquel momento al uso. Nunca busqué hacer esto desde la denuncia abstracta o la moralidad judeocristiana, sino desde un análisis situado, con nombres, responsabilidades y visibilizando estructuras existentes no visibles a primera vista.
El enfoque estuvo en una lógica de ver a la migración como resultado de relaciones de poder, no como un fenómeno espontáneo. Esto lo desarrollé mediante artículos que conectaban los flujos migratorios con las políticas económicas europeas, con las asimetrías centro-periferia, con intervenciones militares y extractivas, y con modelos de acumulación que expulsan poblaciones de sus territorios ancentrales.
Otro eje que trabajé a consciencia fue la frontera como dispositivo de violencia institucional. El concepto era que en los “bordes” las muertes no eran accidentes, la violencia no era excepcional y el sufrimiento está incorporado al diseño del sistema. En resumen, la frontera presentada como una arquitectura deliberada de exclusión, no como un fallo de gestión.
En paralelo a todo esto, intenté presentar a las y los migrantes como sujetos políticos con agencia -voces organizadas, resistencias colectivas y accionar político- dentro de un contexto de racismo estructural del régimen migratorio europeo. Todo ello en un marco donde la funcionalidad económica de la migraciónes una realidad indiscutible y existe una responsabilidad política concreta de gobiernos, ministerios, marcos normativos y acuerdos bilaterales con países de origen al respecto.
En definitiva, no se trabaja de visibilizar tan solo el dolor, sino las estructuras que lo producen, haciéndolo además desde un lugar incómodo para el consenso dominante: la migración como espejo del orden político, económico y moral europeo.
En tu caso concreto, al escribir sobre migraciones, ¿qué criterios seguías a la hora de seleccionar fuentes, testimonios o vocabulario?
Básicamente mantenía un criterio que podríamos considerar como “no-neutro”, sino más bien enmarcado en una lógica de disputa respecto al marco dominante en el debate público español y europeo del momento, el cual por cierto sigue siendo el mismo.
En la practica esto significaba otorgarle centralidad político-informativa a colectivos de personas migrantes, plataformas antirracistas, redes de apoyo mutuo y ongs con posicionamiento político critico y no meramente asistencial. Todo ello priorizado por encima de las fuentes institucionales sobre las que basada su información la prensa convencional. Para mi, las fuentes oficiales eran fuentes secundarias, las cuales debían ser contrastadas o interpeladas, y que nunca ejercían como voz hegemónica del relato en mis notas periodísticas.
Otro elemento a destacar en este sentido, el cual tiene relación con mi realidad militante en esa materia, era el concepto de legitimilidad desde la experiencia. Es decir, la autoridad de la fuente nunca fue contemplada en base al cargo de quien hablaba, sino en la experiencia directa del fenómeno, el conocimiento situado y la implicación prolongada en el terreno. Esto evidemente rompía el criterio clásico de los medios convencionales basados en la tesis “fuente oficial = fuente fiable”.
En la lógica de lo testimonial, siempre entendí y sigo entendiendo el testimonio como herramienta política, no sentimental. Para mi los testimonios son útiles para evidenciar la violencia institucional en primera persona, mostrar la cadena de responsabilidades e ilustrar como la norma se traduce en articulación de la violencia en la vida cotidiana.
Por último y en el marco del vocabulariio y del lenguaje, el uso de términos elegidos en mis artículos o crónicas periodístiscas pretendía nombrar responsables, romper la neutralidad aparente y cuestionar el sentido común dominante. A modo de ejemplo, no se trataba de “ilegales” sino de “personas migrantes”, no se trataba de “tragedias” sino de “muertes evitables”, no se trataba de “incidentes” sino de “violencia institucional” y no se trataba de “rechazos en frontera” sino de “devoluciones ilegales”.
Todo ello, con mejor o peor acierto, pretendí hacerlo desde la coherencia entre fuentes, testimonios y lenguaje; buscando que no existiera disonancia entre contenido y forma. Nunca busqué “equilibrar” marcos, sino hacer explícito lo que teníamos decidido colectivamente como línea editorial del Diagonal.
¿Qué papel crees que jugó Diagonal en dar voz a las personas migrantes y a los colectivos que las acompañaban, más allá de los discursos institucionales?
Creo que el aquel momento fuimos el medio referente para sectores organizados, tanto a nivel de redes de apoyo a migrantes como entre colectivos de inmigrantes estructurados en el marco de sus reivindicaciones sociales.
El periódico Diagonal estaba en las mesas de las sedes centrales de sindicatos formales o informales donde había migrantes organizados, en los despachos de abogados que trabajan en los derechos de migrantes, en los locales sindicales las secciones de trabajadores sanitarios y en los sedes de organizaciones sociales de distinto tipo entre otros. En fin y desde mi punto de vista, el Diagonal fue el primer proyecto referencial de alternativa mediática no subordinada a nivel nacional a poder alguno, con cierto calado social, tras el cierre del efímero periódico Liberación en España en 1984.
¿Qué dificultades encontrabas a la hora de informar sobre migraciones desde una perspectiva crítica y comprometida?
Teníamos dificultades estructurales, políticas y operativas de distinto orden para informar sobre migraciones y estas eran de naturaleza absolutamente distintas a las de los grandes medios. Estas limitaciones estaban directamente relacionales con nuestra posición editorial crítica, el modelo de medio independiente donde la información no tiene dueño que habíamos creado y el campo de poder en el cual operábamos.
Así las cosas, había una asimetría en el acceso a fuentes institucionales. Muchos ministerios, delegaciones de gobierno y portavocías oficiales se negaban a hablar con nosotros. Algunos incluso llegaron a acusarnos de revoltosos, anarquistas y hasta pro-etarras.
A lo anterior hay que sumar la opacilidad deliberada del Estado en materia migratoria, lo cual llevaba a que las políticas de frontera carecieran de transparencia, clasificación de datos y lenguaje administrativo ambiguo. En estas condiciones, en el Diagonal muchas veces trabajábamos con datos incompletos, versiones oficiales contradictorias y ausencia de registros públicos fiables.
Para nosotros, informar con rigor implicaba desmontar narrativas oficiales sin acceso a la totalidad de la información. Por otro lado, enfrentábamos riesgos legales y judicialización del periodismo. El tratamiento crítico de las devoluciones de inmigrantes en caliente, actuaciones policiales indebidas, asesinatos en frontera y acuerdos con terceros países que hasta entonces habían permanecidos ocultos, exponían al periódico Diagonal a amenazas legales formales e informales y presiones indirectas de múltiples tipos que recibíamos individual o colectivamente.
Sumado a lo anterior, el Diagonal siempre tuvo notorias limitaciones económicas y logísticas. Carecíamos de corresponsales oficiales en frontera, recursos para coberturas prolongadas y equipos jurídicos o de seguridad propios. Cubrir zonas calientes como Melilla, Ceuta, Canarías o fronteras externalizadas en África, requería un esfuerzo que la inmensa mayoría de la veces solo era posible de forma intermitente y de manera muy militante (autogestionada).
A su vez, sufríamos cierta hostilidad de gran parte del ecosistema mediático dominante. Nuestro enfoque chocaba con los marcos securitarios hegemónicos, los consensos mediáticos amplios y las narrativas periodístico informativas normalizadas. Esto implicó cierta estigmatización del Diagonal como medio “activista”, pues decir lo que otros callaban tuvo costes simbólicos y materiales.
Mirando con perspectiva, ¿consideras que el discurso de Diagonal sobre migraciones cumplía un objetivo transformador o de incidencia política? ¿En qué sentido?
Si, aunque considero que no en los términos clásicos de concepción del poder institucional, sino en forma indirecta, acumulativa y estructural. Esto implica una forma de evaluación con criterios distintos a los de los medios hegemónicos.
Por un lado, debe contemplarse la incidencia del Diagonal en el marco interpretativo, lo que se conoce como trame building. Diagonal abrió ventanas de transformación en la forma de pensar la migración y las fronteras en determinados espacios sociales y políticos no vinculados de forma directa con el tema. Además de ello, tuvo fuerte incidencia en movimientos sociales y redes activistas como espacio de legitimación discursiva, caja de resonacia y archivo político de luchas invisibilizadas. El trabajo comunicacional informativo del Diagonal dio continuidad a conflictos dispersos, conectó luchas locales con marcos globales y dotó de lenguaje político a experiencias hasta aquel momento muy fragmentadas.
En el ámbito de la incidencia en la agenda política institucional el impacto del Diagonal fue muy limitado. Pese a ello, las investigaciones y marcos desarrollados en el Diagonal fueron retomados, con retraso por otros actores. Algunos temas denunciados -abusos en CIEs e indebidads devoluciones en caliente- terminaron formando parte de debates parlamentarios, resoluciones judiciales e informes de organismos internacionales. Es decir, la incidencia fue mediada y diferida, aunque incidencia al fin y al cabo.
En lo que tiene que ver con el entorno, quizás lo más importante fue la formación de lectores críticos, socialización de un modelo de lenguaje alternativo, así como la contribución a una alfabetización política sobre fronteras y migración hasta entonces inexistente.
Evidentemente, todo lo anterior tuvo límites reales e indiscutibles relacionados en el alcance mediático del Diagonal, la dificultad de romper burbujas ideológicas y la escasa traducción inmediata de nuestra incidencia en los ámbitos de poder institucional.
¿Crees que la prensa alternativa puede influir realmente en la percepción social de las migraciones? ¿De qué manera?
Por supuesto, la prensa alternativa puede y debe influir en la percepción social de las migraciones. Sin embargo, hay que se conscientes de que lo hace de una forma distinta a la prensa convencional y bajo condiciones específicas. Su capacidad de influencia debe medirse en términos de transformación del sentido común y marcos interpretativos, no en términos de audiencia.
Lo que está al alcance de la prensa alternativa es influir en como se nombra y conceptualiza a la migración, qué preguntas y cuáles se consideran legítimas y no legítimas, qué interpretaciones deben dejar de ser maginales y quiénes deben ser reconocidos como sujetos de palabra.
En otros térmicos, hablamos de influencia por acumulación discursiva y capacidad de incidencia indirecta, no por impacto puntual e inmediato. En el mundo de los relatos, transformar el lenguaje es -a la largar- transformar la percepción.
Mirando en retrospectiva, ¿crees que el tratamiento mediático de las migraciones ha cambiado en los últimos años? ¿Qué continuidades o rupturas destacarías?
Sí, pero ha sido un cambio parcial, desigual y no siempre linealmente positivo.
Por un lado, asistimos a un desplazamiento del lenguaje más burdo en lo referente a la utilización de términos como “ilegal” y mayor visibilidad en momentos críticos del enfoque de derechos; aunque nada de esto es consecuencia de la convicción editorial, sino más bien a cierta presión social acumulada, incidencia del tejido social organizado, organismos internacionales y estándares de estilo más vigilados. Por otro lado y respecto a lo que ha cambiado poco o casi nada, esto tiene que ver con la persistencia del marco securitario, la centralidad de las fuentes institucionales y la normalización de criterios provenientes de la extrema derecha (radicalización del lenguaje de la “amenaza”, asociación migración-delito y amplificación de marcos relacionados con “invasión” y “colapso”).
Como conclusión, cambió el tratamiento mediático en el ámbito del lenguaje, sensibilidad a manera de forma e inclusión ocasional del enfoque de derechos; aunque no de manera sustantiva en lo referente a como la migración sigue tratándose como problema a gestionar, a entender el Estado como eje central del relato y conceptualiza a las personas migrantes consideradándolas como objeto y no como actor o sujeto político con capacidad de acción.

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