martes, 27 de octubre de 2015

El fin de la bonanza económica marca los límites de la "Revolución Ciudadana" en Ecuador

Entrevista de Gabriel Brito a Decio Machado para el periódico brasileño Correio da Ciudadania
www.correiocidadania.com.br
(traducido al castellano) 

Sin aún mucha repercusión regional, América Latina ve deteriorarse uno de sus más celebrados procesos políticos recientes, inclusive con escenas de represión a los movimientos sociales. Se trata del Ecuador y su llamada "Revolución Ciudadana", que en la actualidad parece pasar por el mismo fin de ciclo que otros países capitaneados por los llamados "gobiernos progresistas". Sobre esto y también sobre la coyuntura suramericana, conversamos con el analista político hispano-brasileño Decio Machado.

"Haciendo un rápido recorrido por la región, vemos como en Brasil el actual ministro de finanzas pasó a ser un discípulo de los Chicago Boys dentro de un gobierno que se dice de los trabajadores; en Argentina el próximo presidente será el representante de la derecha new age del actual partido de gobierno; en Chile el gobierno de Bachelet no ejecuta ni una sola de las medidas progresistas que prometió en campaña; en Perú no queda ya nada de izquierda dentro del gobierno de Humala; en Bolivia desde mediados del pasado año se estrecharon los lazos entre el sector privado y el gobierno; y, en Ecuador el gobierno está volviendo al redil del FMI eliminando subsidios sociales y a punto de comenzar un proceso de privatizaciones sobre distintos activos de empresas públicas", sintetizó.

Además de analizar el contexto económico regional, Decio expone la evolución del proceso ecuatoriano en los 9 años de correísmo -crítica constante en sus trabajos como coautor y a veces coordinador de obras como "La Restauración Conservadora del Correísmo", "Correismo al desnudo" o "El país que queríamos"- y la relación existente entre los detentores del poder y la sociedad ecuatoriana, en especial los sectores más contestatarios, sin olvidar por ello los avances obtenidos durante el proceso, entre estos la auditoría a la deuda externa.

"Al mismo tiempo que se construía este estereotipo de líder nacionalista y revolucionario enfrentado a los grandes poderes del capital mundial, al interior del país se ha desarrollado un modelo de Estado coercitivo y de control", afirma.

Y, ante la actual crisis económica que se prevé de larga duración, Decio Machado hace referencia a lo que ya se ve en otros lugares y dice que va siendo hora de renovar proyectos y protagonistas políticos. En líneas generales, un cuadro muy similar al que ya visualizamos en Brasil y otros países vecinos.

"Es fácil prever que la socialdemocracia latinoamericana cada vez se irá pareciendo más a las socialdemocracias liberales europeas. Esta realidad implica la necesidad de generar nuevas alternativas sociopolíticas que si sean capaces de transformarse en motores de cambios en nuestra región. Esto conlleva dos vertientes, la conformación de iniciativas políticas diferenciadas a esto que se ha llamado progresismo latinoamericano y sobre todo, una rearticulación de nuevos movimientos sociales, donde personalmente pienso que lo urbano y la incidência de lo juvenil tendrá más peso que lo campesino, indígena y rural."

Decio Machado


Aquí la entrevista completa con Decio Machado:

¿Qué nos puedes contar sobre el momento actual en el Ecuador, sus aspectos políticos, sociales y económicos?

Ecuador ha vivido en estos últimos años un período de estabilidad política importante –con anterioridad a Rafael Correa ninguno de los tres últimos presidentes electos ha terminado su mandato-, obteniendo un notable mejoramiento en sus indicadores sociales y un crecimiento económico sostenido que le ha permitido al país ver como sus clases medias pasaron del 14% al 27% en durante los últimos 10 años.

El aparato de propaganda del régimen correísta llamó a esto “milagro ecuatoriano”, intentando de manera forzada equipararse a procesos económicos como los vividos por Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwan entre 1960 y 1990, motivo por el cual se autodefinió al Ecuador como el “jaguar latinoamericano” en alusión a los llamados cuatro “tigres asiáticos”.

Desde el punto de vista político, el correísmo implementó como base de su estrategia de legitimación el culto a la personalidad del líder, lo que vino a significar una agresiva campaña de propaganda donde la figura presidente Correa ha sido diariamente omnipresente durante nueve años y a través de la cual también se ha querido construir cierto nivel de devoción al Estado al más fiel estilo norcoreano. En paralelo, el alto precio del petróleo en los mercados internacionales y una efectiva política de recaudación de impuestos, entre 2007 y 2014 se duplicó el número de contribuyentes activos en el país a pesar de que el índice de evasión fiscal sigue siendo alto, le permitió al correísmo implementar una profunda modernización del Estado y sus infraestructuras.

El aumento de la capacidad adquisitiva de la población hizo también aumentar el consumo, desarrollándose en paralelo una fuerte cultura de endeudamiento familiar que más temprano que tarde pasará su factura, mientras que las empresas privadas monopólicas y semi-monopólicas existentes en los diferentes sectores de la economía nacional han obtenido un nivel de beneficios muy superior a los que obtuvieron durante el período neoliberal. Cabe destacar que estas empresas se han visto agraciadas por una política fiscal que ejerce su presión sobre las capas medias y pequeños comerciantes en lugar de sobre los grandes capitales.

Sin embargo, la estructura económica real del país apenas ha sufrido cambios respecto a la matriz de acumulación heredada del neoliberalismo, condición que está conllevando a un rápido deterioro de la economía nacional al momento en que el país entró en su actual crisis fruto de la ralentización de la economía china y la caída del precios del crudo.


Terminado el período de bonanza económica, terminó también la magia de enamoramiento que el correísmo ejerció sobre la sociedad ecuatoriana. En la actualidad el régimen y la figura del presidente Correa sufre un fuerte desgaste político, mientras comienzan recortes presupuestarios, despidos en la Administración Pública y privatizaciones.

¿Estamos ante el agotamiento de un ciclo político en Ecuador, de igual manera a lo que está sucediendo en otros países golpeados por esta nueva crisis internacional del capitalismo?

Todos los países de la región han obtenido notables logros en materia de combate contra la pobreza durante la década dorada de los commodities. A pesar del discurso revolucionario, la reducción de la pobreza no es solo un logro de los gobiernos progresistas. Colombia por ejemplo, un país que  ha mantenido gobiernos neoliberales durante todos estos años, redujo su pobreza monetaria –cuando los ingresos no alcanzan para una canasta básica- del 49,4% en 2002 al 28,5% en 2014. Sin embargo, la reducción de pobreza en América Latina lleva estancada en un 28% de la población, es decir 167 millones de personas, desde el 2012,  lo que demuestra el fin del ciclo de bonanza económica regional.

Con el fin de la década dorada de los precios de los commodities llegó también el fin del ciclo político progresista, lo que no quiere decir necesariamente que esto implique la caída de estos regímenes políticos actuales, sino la transformación de sus políticas públicas. Haciendo un rápido recorrido por la región, vemos como en Brasil el actual ministro de finanzas pasó a ser un discípulo de los Chicago Boys dentro de un gobierno que se dice de los trabajadores; en Argentina el próximo presidente será el representante de la derecha new age del actual partido de gobierno; en Chile el gobierno de Bachelet no ejecuta ni una sola de las medidas progresistas que prometió en campaña; en Perú no queda ya nada de izquierda dentro del gobierno de Humala; en Bolivia desde mediados del pasado año se estrecharon los lazos entre el sector privado y el gobierno; y, en Ecuador el gobierno está volviendo al redil del FMI eliminando subsidios sociales y a punto de comenzar un proceso de privatizaciones sobre distintos activos de empresas públicas.

Que nuestros actuales gobiernos descubran ahora que el capitalismo se retro-alimenta de sus propias crisis cíclicas, no demuestra más que una enorme incapacidad por parte de las nuevas elites tecno-burocráticas “progresistas”. Llevamos una década escuchando discursos sobre las virtudes de la planificación, pero a la hora de verdad vemos que poco se planificaron los Estados para afrontar el cambio de ciclo económico impuesto por el capitalismo global en estos momentos. La consecuencia es clara: existe el severo riesgo de perder en los próximos años gran parte de las conquistas sociales adquiridas por la clase trabajadora y los sectores históricamente olvidados en nuestras respectivas sociedades latinoamericanas. No hay que olvidar que el porcentaje más alto de población latinoamericana, un 38% que equivale a 200 millones de personas, es población vulnerable según la CEPAL.

Uno de los méritos más celebrados del gobierno Correa fue la auditoría de la deuda externa, reducida drásticamente y casi sin resistencia por parte de los acreedores. ¿Cuál es la importancia que esto supuso para el presupuesto y las políticas del Ecuador en esos años? ¿Esto significó una mejora visible de las condiciones de vida de la población y de los servicios públicos básicos?

En 2008, tras una auditoria independiente realizada sobre la deuda externa, el presidente Correa declaró una parte de la deuda contraída por Ecuador como una deuda ilegítima. A partir de ahí se declaró el cese de pagos del 70% de la deuda ecuatoriana en bonos, situación que hizo que los acreedores o tenedores de deuda sacaran al mercado sus bonos con valores más bajos pretendiendo vender rápidamente. 

Fue el mismo Estado ecuatoriano quien, a través de una atrevida estrategia de ingeniería financiera, recompró con apenas 800 millones una deuda que tenía un valor original 3.000 millones de dólares. Sumado los intereses, es posible que esta brillante operación pueda haber ahorrado al Estado unos 7.000 millones de dólares en los años siguientes.

Sin duda, este ahorro por parte del Estado ecuatoriano permitió que el gobierno del presidente Correa incrementase la dotación presupuestaria destinada a programas sociales dirigidos a los sectores más vulnerables. Es un hecho que la declaración de deuda ilegítima de un tercio de la deuda externa del Ecuador, permitió a los sectores más empobrecidos mejorar sus condiciones de vida, aunque la calidad de los servicios públicos siga dejando mucho que desear.

Lamentablemente en los últimos años el gobierno correísta desandó el camino recorrido. El país en la actualidad vive una agresiva política de endeudamiento externo, condición que posiblemente exija al gobierno modificar nuevamente la Constitución, pues estamos ya en una deuda cercana al 40% del PIB, equivalente al techo máximo de endeudamiento que se contempla en nuestro texto constitucional.

Uno de sus libros sobre el proceso ecuatoriano, la denominada "Revolución Ciudadana", tiene el elocuente nombre de Restauración Conservadora del Correismo. ¿Puedes detallarnos al respecto y cómo eso se refleja en las prácticas más recientes del gobierno de Correa?

El libro es un esfuerzo compartido con múltiples académicos y militantes sociales ecuatorianos, de los cuales yo soy apenas uno más. En él se detalla como el régimen ha ido evolucionando muy rápidamente a posiciones conservadoras en prácticamente todos sus ejes de intervención.

La política pública de salud sexual ha sido puesta en manos de siniestros personajes vinculados al Opus Dei y el aborto esta penalizado con cárcel incluso en caso de violación; la política económica y productiva está en manos de funcionarios públicos carentes de ideología política y lobbistas al servicio del capital emergente ecuatoriano; el gobierno esta aprobando un  Tratado de Libre Comercio con la UE y es de esperar que firme otros con distintos países en el futuro inmediato; la mitad de las reservas de oro nacional se pusieron el año pasado en manos de uno de los mayores piratas de Wall Street, el grupo de banca de inversión Goldman Sachs, uno de los responsables impunes del colapso de la burbuja inmobiliaria del 2008 en EEUU; la economía nacional ha vuelto a ser monitoreada por el FMI y ante el agotamiento de su capacidad de endeudamiento en fuentes alternativas, es fácil suponer que en breve vuelva a ser receptor de sus créditos bajo las condiciones históricamente impuestas por las instituciones de Bretton Woods; varios líderes sociales, por oponerse a las políticas extractivas, tienen expedientes abiertos por sabotaje y terrorismo en un país donde el terrorismo no existe; y, la política fiscal exonera mediante diversos mecanismos a los grandes capitales.

En resumen, lo que queda de los sectores progresistas al interior del gobierno tienen un rol meramente testimonial, sirven tan solo como fachada legitimadora de un discurso pretendidamente revolucionario, pero las prácticas políticas emanadas desde el Ejecutivo y el Legislativo –controlado mayoritariamente por el partido de gobierno- son claramente reaccionarias.

Recientemente vimos importantes movilizaciones de resistencia a algunas políticas públicas del gobierno con el protagonismo de los movimientos sociales, especialmente el indígena, con importantes protesta en las calles. ¿Qué opinión le merece esta confrontación?

El idílio inicial existente entre el gobierno de Rafael Correa y los movimentos sociales independientes quebró a partir del segundo año de gestión. La aprobación de la actual Ley de Minería y la negación por parte del gobierno a desarrollar una reforma agraria en un país que ostenta uno de los más altos índices de América Latina respecto a concentración de tierra fueron los primeros detonantes. A partir de entonces y sorprendentemente, el presidente Correa ha manifestado en múltiples alocuciones públicas que el mayor enemigo del proceso autodenominado revolución ciudadana son las organizaciones ambientalistas, los sectores izquierdistas y el movimento indígena.

Desde entonces, las movilizaciones contra las políticas gubernamentales auspiciadas por la izquierda social y política independiente del gobierno han ido en aumento. Las movilizaciones masivas de estos últimos meses no son más que la continuidad y profundización de este desencuentro político.


¿Pero como es qué se dio una reacción represiva por parte de un gobierno que internacionalmente aparece como bastante vinculado a estos grupos?

La imagen exterior del presidente Rafael Correa es el fruto de una construcción mediática estratégicamente planificada desde el gobierno a través de la colaboración de reconocidos profesionales internacionales del marketing político contratados para tal fin. Al mismo tiempo que se construía este estereotipo de líder nacionalista y revolucionario enfrentado a los grandes poderes del capital mundial, al interior del país se ha desarrollado un modelo de Estado coercitivo y de control.

La represión ejercida sobre los sectores populares movilizados al interior del país en el levantamiento nacional del pasado 13 de agosto, donde fueron detenidos un centenar de personas –gran parte de ellas con procesos judiciales abiertos-, no es más que la plasmación práctica de un tipo de política que tiene serias dificultades para aceptar el pensamiento crítico y la disidencia.

Es curioso observar como el gobierno no ha desarrollado ningún tipo de acción represiva sobre las movilizaciones callejeras organizadas por la derecha política a medidos del presente año como oposición a la Ley de Herencias y de Plusvalías –proyectos legislativos que pretendían gravar la transmisión patrimonial de grandes fortunas y la especulación inmobiliaria, los cuales fueron inmediatamente archivados por el Ejecutivo-. Sin embargo, lo que le inquieta al gobierno son las movilizaciones auspiciadas desde sectores de la izquierda, sobre las que si ha ejercido represión a través de los cuerpos de seguridad del Estado.

Para entender esta contradicción, hay que entender que son las movilizaciones desarrolladas desde los sectores populares las que ponen en cuestión la estrategia populista del presidente Correa de reivindicarse como la voz del pueblo.

Aquí en Brasil, tenemos un momento de extremo recrudecimiento de la represión a los pueblos indígenas en varias regiones, tal vez porque hasta la fecha nuestros pueblos originarios no han adquirido la misma influencia política que poseen estos actores en otros países. En Ecuador, cual es el nivel de fuerza política de estos pueblos y su relación con los gobiernos?

El movimiento indígena a través de su organización mas importante, la Confederación Nacional Indígena del Ecuador (CONAIE), ha protagonizado la política reivindicativa nacional desde los años noventa hasta hoy. Han sido los errores de sus propios dirigentes los que han ido paulatinamente debilitando dicha organización, la cual en la actualidad -a pesar de su crisis interna y falta de cohesión- sigue siendo el movimiento social más importante del país.

Las principales reivindicaciones históricas de la CONAIE y del movimiento indígena en general siguen vigentes y no han sido atendidas por el actual gobierno. El presidente Correa se negó a emprender la reforma agraria y la declaración constitucional de que el Ecuador es un Estado Plurinacional no es más que pura retórica.

La fuerza política del movimiento indígena es visible en los territorios donde los indígenas tienen un peso social importante, determinadas provincias de la Sierra Central y el conjunto de la Amazonía. Esto se plasma en la representación político institucional del Pachakutik (partido político surgido en el año 1995 que busca representar los intereses de los pueblos indígenas y que a la postre fue utilizado por muchos oportunistas políticos hoy en el partido de gobierno) en los gobiernos locales de estos territorios.

Sin embargo, es una realidad evidente que a pesar de que el modelo organizativo de la CONAIE -con organizaciones internas de distinto nível- es ejemplar, existe en la actualidad un cortocircuito entre sus bases y la dirigencia.

En todo caso me atrevo a decir que, en un país donde la población que se autodefine como indígena es tan solo del 7% cuando la realidad es mucho mayor, se debería repensar la pertinencia de que el movimiento indígena siga siendo el eje a través se articulen satelitalmente el resto de movimientos sociales contestarios.

¿La derecha ha influenciado sobre el actual escenario de lucha política? ¿Cómo se ha organizado ese espectro político en Ecuador?

El escenario político ecuatoriano en este momento es tremendamente complejo y se estructura a través de diferentes intereses y estrategias transversales y en muchos casos enfrentadas.

Por un lado, la movilización en las calles ha sido mantenida y sostenida durante todos estos años por la izquierda social y política disidente del correísmo. Esta situación cambió a mediados del presente año, cuando la derecha protagonizó también importantes movilizaciones de calle encabezadas por sectores medios acomodados y parte del sector empresarial en contra de las propuestas de ley auspiciadas por el gobierno en el ámbito de las Herencias y las Plusvalías Patrimoniales. 

En la actualidad estos sectores conservadores se están incorporando a las movilizaciones auspiciadas por los sectores populares, los cuales a pesar de que intentan distanciarse de los intereses de la burguesía, no pueden evitar su presencia en las manifestaciones que se realizan en las calles. En realidad, son los sectores más conservadores son quienes controlan al aparato mediático privado nacional, lo que les permite jugar a la estrategia de capitalizar el desgaste político que sufre el gobierno nacional en estos momentos. 

A la espera de que la situación económica nacional se deteriore aún más, como es previsible, buscan unificarse bajo una solo propuesta electoral y que tengas posibilidades de derrotar al correísmo electoral febrero del 2017, fecha de los próximos comicios presidenciales. Que tengan capacidad de unificarse y que la tendencia de voto les beneficie son dos cosas que aún están verse.

En paralelo, y como ya indicaba con anterioridad, son los sectores organizados de la izquierda social y política quienes protagonizan las convocatorias de movilización en las calles, si bien esto no se plasma en intención de voto por parte de la ciudadanía. El correísmo se encargó, durante estos casi nueve años de gobierno, de debilitar enormemente a las organizaciones políticas de la izquierda, las cuales con mediocres liderazgos políticos tampoco son capaces de ofrecer un programa de gobierno alternativo, sólido y convincente a la sociedad ecuatoriana.

Por último, en lo que se refiere al oficialismo, cabe destacar que el presidente Correa pretende aprobar en breve una ley que le permita presentarse a la reelección presidencial de manera indefinida. Sin embargo, en función de que se agudice la crisis económica lo más seguro es que deje un delfín político posicionado a la candidatura presidencial del 2017 –se habla de Lenin Moreno, su ex vicepresidente durante la legislatura anterior- con el fin de volver a candidatizarse en el 2021, articulando una estrategia similar a la del lulismo en Brasil y buscando no deteriorar más su imagen en la actual coyuntura económica de crisis exponencial que vive el país.

¿Qué otros grupos y colectivos sociales se han destacado en este escenario?

Los movimientos sociales ecuatorianos tienen la necesidad de reinventarse durante este período. No creo que las izquierdas tengan ninguna chance electoral en el 2017, lo que supondrá seguramente una fuerte crisis entre sus actuales dirigencias. Pienso que según se agrave la crisis económica, habrá mejores condiciones para el surgimiento de nuevos movimientos sociales de perfil urbano juveniles y con características de indignación similares a lo que vimos en Brasil en junio del 2013.

Mas allá de esto, quienes en la actualidad ostentan el peso de la movilización social en Ecuador es el movimiento indígena, específicamente la CONAIE, con quienes todos los sectores de la izquierda social debemos ser solidarios, dado que sobre ellos recae gran parte de la criminalización social auspiciada desde el poder político del Estado en estos momentos.

A pesar de todo lo que hemos hablado, ¿crees que se puede decir que existe aún bastante solidez en la relación existente entre Correa y la población trabajadora?

El gobierno correísta implementó las mismas lógicas políticas clientelares que con anterioridad habían desarrollado otros gobiernos neoliberales en el país. A través de prebendas políticas y puestos públicos compran dirigencias de organizaciones populares e intentan dividir a los movimientos sociales en resistencia.

La solidez de este tipo de relaciones en el gobierno actual se mantuvo mientras se mantuvo la bonanza económica. Ahora estamos en un período de crisis donde posiblemente el país cierre el año con un crecimiento negativo y nada apunta a que el 2016 sea un año de recuperación económica. En ese contexto, hay que entender que Alianza PAIS -el partido de gobierno- es un partido político construído desde el poder. Sus líderes territoriales en la mayoría de los casos son caciques locales reciclados de la vieja partidocracia existente en el período neoliberal. Es por ello que ni hay originalidad en las políticas públicas desarrolladas por el correísmo en las instituciones locales ni el modelo de relación clientelar con las organizaciones sociales o la sociedad en general ha sufrido transformaciones radicales respecto a lo que ya históricamente se vino desarrollando en el país.

En función de que el gobierno se vaya debilitando en la actual coyuntura política nacional se debilitaran esos lazos clientelares y gran parte de los funcionarios públicos con nombramientos políticos se reacomodaran a la larga en las listas que consideren con mayores posibilidades de ganar las próximas elecciones. Tal cual lo hicieron en las listas correistas con anterioridad. Son un establishment carente de ideología que buscará mantener sus privilegios de casta mande quien mande a partir del 2017 en este país.

¿Qué valoración general haces tú de la "Revolución Ciudadana"?

Pienso que este proceso mal llamado “Revolución Ciudadana”, aquí con las y los ciudadanos se ha contado muy poco a la hora de tomar decisiones, ha servido para implementar una tardo-modernización capitalista en el Ecuador. Para ello se han generado una suerte de alianzas público-privadas con sectores emergentes del capital ecuatoriano, lo que implica a su vez la superación del poder económico que ostentaban anteriormente los grandes hacendados del agrobusiness hacía nuevos tipos de negocios más tecnificados y con miras a la economía de consumo nacional. 

Para esta nueva burguesia nacida tras la crisis bancaria del 1999 y 2000 que pugnaba por el control político del país frente a los viejos terratenientes del banano y las flores, el correísmo tuvo sentido político, pues bajo consignas y banderas construídas durante la resistencia al neoliberalismo se implementó una serie de políticas de perfil desarrollista que eran necesarias para insertar al país en el marco del actual sistema-mundo capitalistamente globalizado.

Terminado el período de bonanza económica, estos sectores le plantean una clara disyuntiva al actual gobierno: o readecúa su actual política social, eliminando subsidios, recortando el tamaño del Estado e instaurando una política de privatizaciones sobre activos actualmente en manos de lo público; o le hacen la guerra y el gobierno se va. Todo aparece indicar que el actual gobierno, al igual que tantos otros en América Latina, ha optado por la primera de las opciones planteadas por estos nuevos sectores del capital emergente.

¿Consideras que estamos ante un escenario parecido al de otros países latinos? ¿En este sentido, como analizas el momento actual de estos gobiernos, en especial los definidos ya desde hace algunos años como "progresistas"?

Como ya dije antes, considero que los países llamados progresistas han entrado en una fase de redefinición de sus políticas sociales. Hago referencia a las sociales, porque es a través de ellas como marcaron la diferencia respecto a gobiernos anteriores. Estos gobiernos, con excepción del gobierno bolivariano de Venezuela nunca plantearon políticas que buscasen la superación del capitalismo. Cristina Fernández de Kirchner habló de volver al “capitalismo serio”, Correa habló del “capitalismo social”, y el mismo vicepresidente boliviano García Linera ha reconocido que la diferencia de estos gobiernos respecto a otros se limita tan solo a una debate sobre a donde va el excedente. 

En resumen, nunca se pretendió construir un modelo de sociedad y producción alternativo, a pesar de que todos estos gobiernos contaron en su momento con un apoyo popular que les hubiese legitimado democráticamente como herramientas reales de transformación social.

Fruto de todo esto, asistimos en la actualidad como la iniciativa del ALBA se debilita al mismo tiempo que se debilita el gobierno bolivariano en Venezuela; vemos como en Brasil, el gigante regional y país donde se decide el futuro de la región, el poder de sus transnacionales llenó de podredumbre a toda la esfera política del Partido de los Trabajadores; posiblemente asistamos el año que viene a la firma de un Tratado de Libre Comercio entre Mercosur y la Unión Europea; o como el UNASUR pasó a ser funcional a las necesidades del capital, por ejemplo a través de la Iniciativa IIRSA entre otras tantas cuestiones. Incluso geopolíticamente, vemos en la actualidad como la Alianza del Pacífico, una iniciativa orientada al mercado capitalista, ha tomado la iniciativa frente a otros proyectos supranacionales en la región.

El período de bonanza económica en América Latina permitió que 6,5 millones de personas por año saliera de la pobreza. Sin embargo, todos los gobierno latinoamericanos, sean del color que sean, están planteando salidas a la crisis desde posiciones tremendamente conservadoras. En este momento se articulan acuerdos en diversos países que buscan exoneran a las empresas de obligaciones tributarias mientras se congela la capacidad adquisitiva de los trabajadores. 

En fin, el nuevo período de luchas por parte de los movimientos sociales en América Latina conllevará no solo la resistencia frente al modelo de extractivista y por la defensa de los derechos colectivos de nuestros pueblos, sino  también por la defensa de los mejoras sociales adquiridas por los sectores históricamente marginados  en nuestras correspondientes sociedades durante este período. Quienes deben financiar el período de crisis deben ser los que más ganaron durante el período de vacas gordas, es decir: sojeros, empresas de telecomunicaciones, agrobusiness en general, capitales emergentes de variado y nuevas élites burguesas afines a estos regímenes políticos.

¿Ante la coyuntura económica internacional, que prevés para los próximos años en nuestros países?

Es fácil prever que la socialdemocracia latinoamericana cada vez se irá pareciendo más a las socialdemocracias liberales europeas. Esta realidad implica la necesidad de generar nuevas alternativas sociopolíticas que si sean capaces de transformarse en motores de cambios en nuestra región. Esto conlleva dos vertientes, la conformación de iniciativas políticas diferenciadas a esto que se ha llamado progresismo latinoamericano y sobre todo, una rearticulación de nuevos movimientos sociales, donde personalmente pienso que lo urbano y la incidência de lo juvenil tendrá más peso que lo campesino, indígena y rural.

Finalmente, ¿hacia donde va la "Revolución Ciudadana"?

La “Revolución Ciudadana” es una construcción propagandística al servicio de un líder carismático, es decir, del presidente Rafael Correa. Si te das cuenta, incluso las iniciales RC son coincidentes. Esto quiere decir que la “Revolución Ciudadana” carece de programa o proyecto, es tan solo una plataforma concebida para el posicionamiento de su líder, una lógica por cierto muy neopopulista. La mediocridad de la intelectualidad al servicio del régimen, ha permitido la construcción de imaginarios socialistas que poco o nada tienen que ver con la realidad nacional y la hoja de ruta realmente propuesta para el futuro del país. 

Pero más allá de elocuentes discursos y páginas de libros financiadas con erario público y generadas por los mercenarios del poder, la realidad suele ser muy cruda: la “Revolución Ciudadana” no es más que camuflar bajo un discurso nuevo, la reproducción de elementos ya muy viejos, como son el caudillismo, el paternalismo, las estructuras sociales jerárquicas y la subordinación del pueblo al poder político de turno. 

Pero los gobernantes son transitorios, unos duran y más otros menos, todos tienen su momento de esplendor pero en algún momento todos se van o son derrocados. El día que Correa no este, esto que se ha venido en llamar propagandísticamente “Revolución Ciudadana” dejará de existir.

Donde no existe pensamiento crítico y construcción de organizaciones sociales autónomas al poder, lo único que se genera es dependencia y cercionamiento de la capacidad creativa de nuestros pueblos. Más allá de cemento y hormigón, esa es la principal herencia que dejará la llamada “Revolución Ciudadana” en el Ecuador.

 Versión original en:
 http://www.correiocidadania.com.br/index.php?option=com_content&view=article&id=11184%3A2015-10-26-22-29-16&catid=34%3Amanchete










lunes, 26 de octubre de 2015

Fim da bonança econômica expõe limite da “Revolução Cidadã” no Equador

Entrevista de Gabriel Brito a Decio Machado
http://www.correiocidadania.com.br

Ainda sem muita repercussão regional, a América Latina vê ruir um de seus mais festejados processos políticos recentes, inclusive com cenas de repressão a movimentos sociais. Trata-se do Equador e sua chamada “Revolução Cidadã”, que no atual momento parece passar pelo mesmo fim de ciclo de outros países capitaneados pelos chamados “governos progressistas”. Sobre isso, e também da conjuntura sul-americana, conversamos com o cientista político equatoriano Décio Machado.

“Fazendo um rápido panorama da região, vemos como no Brasil o atual ministro da Fazenda é discípulo dos Chicago Boys, dentro de um governo que se diz dos trabalhadores; na Argentina, o próximo presidente será o representante da direita new age do atual partido do governo; no Chile, o governo de Bachelet não executa nem uma única das medidas progressistas que prometeu em campanha; no Peru, já não resta nada de esquerda dentro do governo de Humala; na Bolívia, desde meados do ano passado se estreitaram os laços entre o setor privado e o governo; e no Equador o governo está voltando à doutrina do FMI, eliminando subsídios sociais e a ponto de começar um processo de privatizações sobre diferentes ativos de empresas públicas”, sintetizou.

Além de analisar o contexto econômica regional, Decio discute a evolução do processo equatoriano nos 9 anos de correísmo - crítica constante dos trabalhos do autor e organizador de obras como “A Restauração Conservadora do Correísmo”, “Correísmo a nu” e “O país que queríamos” – e a relação dos detentores do poder com a população, em especial os setores mais contestadores, sem esquecer dos avanços obtidos, inclusive por meio da auditoria da dívida.

“Ao mesmo tempo em que se construía este estereótipo de líder nacionalista e revolucionário enfrentado com os grandes poderes do capital mundial, no interior do país se desenvolveu um modelo de Estado coercitivo e controlador. A repressão exercida sobre os setores populares mobilizados no interior do país no levante nacional de 13 de agosto passado, no qual foram detidas uma centena de pessoas – grande parte delas com processos judiciais abertos – não é mais que a concretização prática de um tipo de política que tem sérias dificuldades de aceitar o pensamento crítico e a dissidência”, afirmou.

E, diante da conjuntura de crise econômica sem prazo previsível de término, Decio Machado alude ao que se vê em outros locais e diz ser hora de se renovarem os projetos e protagonistas políticos. Em linhas gerais, quadro muito similar ao que estamos testemunhando no Brasil e também nos países vizinhos.

“É fácil prever que a socialdemocracia latino-americana irá cada vez mais se parecer com as socialdemocracias liberais europeias. Isso conduz duas a vertentes: a conformação de iniciativas políticas diferenciadas disso que foi chamado de ‘progressismo latino-americano’ e, sobretudo, uma rearticulação de novos movimentos sociais, onde pessoalmente penso que movimentos urbanos e de incidência juvenil terão mais peso que os camponeses, indígenas e rurais”.

A entrevista completa com Décio Machado pode ser lida a seguir.

Correio da Cidadania: O que você pode nos contar do atual momento do Equador, nos aspectos políticos, sociais e econômicos?

Decio Machado: O Equador viveu nesses últimos anos um período de estabilidade política importante – nenhum dos três presidentes eleitos depois de Rafael Correa terminou o mandato –, e obteve um notável melhoramento em seus indicadores sociais e um crescimento econômico sustentado, que permitiu ao país ver suas classes médias passarem de 14% a 27% da população durante os últimos 10 anos.

O aparato de propaganda do regime correísta chamou isso de “milagre equatoriano”, tentando forçosamente equiparar-se a processos econômicos como os vividos por Coreia do Sul, Hong Kong, Singapura e Taiwan entre 1960 e 1990, motivo pelo qual se autodefiniu o Equador como “o jaguar latino-americano” em alusão aos chamados quatro “tigres asiáticos”.

Do ponto de vista político, o correísmo implementou como base de sua estratégia de legitimação o culto à personalidade do líder, o que veio a significar uma agressiva campanha de propaganda, onde a figura do presidente foi diariamente onipresente durante nove anos, e através da qual também se quis construir outro nível de devoção ao Estado, mais fiel ao estilo norte-coreano. Em paralelo, o alto preço do petróleo nos mercados internacionais e uma efetiva política de arrecadação de impostos, entre 2007 e 2014, duplicou o número de contribuintes ativos no país, apesar de o índice de sonegação continuar alto. Isso permitiu ao correísmo implementar uma profunda modernização do Estado e suas infraestruturas.

O aumento da capacidade aquisitiva da população fez aumentar o consumo, desenvolvendo-se em paralelo uma forte cultura de endividamento familiar, que cedo ou tarde passará sua fatura, enquanto as empresas privadas monopólicas e semi-monopólicas nos diferentes setores da economia nacional obtiveram um nível de lucros muito superior aos da era neoliberal. Cabe destacar que tais empresas foram agraciadas por uma política fiscal que exerce sua pressão sobre as camadas médias, em vez de os grandes capitais.

Ainda assim, a estrutura econômica real do país sofreu mudanças apenas a respeito da matriz de acumulação herdada do neoliberalismo, condição que está conduzindo a uma rápida deterioração da economia nacional, no momento em que o país entrou em crise por conta da desaceleração da economia chinesa e queda dos preços do óleo cru.

Terminando o período de bonança econômica, terminou também a magia do encantamento que o correísmo exerceu sobre a sociedade equatoriana. Na atualidade, o regime e a figura do presidente Correa sofrem um forte desgaste político, enquanto começam cortes orçamentários, demissões na Administração Pública e privatizações.

Correio da Cidadania: Estamos diante do esgotamento de um ciclo no Equador, de forma similar a outros países travados pela crise internacional do capitalismo?

Decio Machado: Todos os países da região obtiveram notáveis ganhos em matéria de combate à pobreza na década dourada das commodities. Apesar do discurso revolucionário, a redução da pobreza não é uma conquista apenas dos governos progressistas. A Colômbia, por exemplo, um país que manteve governos neoliberais durante todos esses anos, reduziu sua pobreza monetária – referente à renda que não dá para uma cesta básica – de 49,4% em 2002 para 28,5% em 2014. Mesmo assim, a redução da pobreza na América Latina está estancada em 28% da população, isto é, em 167 milhões de pessoas, desde 2012, o que demonstra o fim de ciclo de bonança econômica regional.

Com o fim da década dourada dos preços de commodities, chegou também o fim do ciclo político progressista, o que não quer dizer necessariamente que implique na queda dos regimes políticos atuais, mas na transformação de suas políticas públicas. Fazendo um rápido panorama da região, vemos como no Brasil o atual ministro da Fazenda é discípulo dos Chicago Boys, dentro de um governo que se diz dos trabalhadores; na Argentina, o próximo presidente será o representante da direita new age do atual partido do governo; no Chile, o governo de Bachelet não executa nem uma única das medidas progressistas que prometeu em campanha; no Peru, já não resta nada de esquerda dentro do governo de Humala; na Bolívia, desde meados do ano passado se estreitaram os laços entre o setor privado e o governo; e no Equador o governo está voltando à doutrina do FMI, eliminando subsídios sociais e a ponto de começar um processo de privatizações sobre diferentes ativos de empresas públicas.

Que os nossos atuais governos descubram agora que o capitalismo retroalimenta suas próprias crises cíclicas não demonstra mais que uma enorme incapacidade das elites tecno-burocráticas “progressistas”. Passamos uma década escutando discursos sobre as virtudes do planejamento, mas na hora da verdade vemos que pouco se planejaram os Estados para encarar a mudança de ciclo econômico imposta pelo capitalismo global nesses momentos.

A consequência é clara: existe o severo risco de se perderem nos próximos anos grande parte das conquistas sociais adquiridas pela classe trabalhadora e pelos setores historicamente esquecidos em nossas respectivas sociedades latino-americanas. Não se pode esquecer que a porcentagem mais alta da população latino-americana – cerca de 38%, equivalente a 200.000 milhões de pessoas – é “vulnerável”, segundo a CEPAL.

Correio da Cidadania: Um dos méritos mais festejados do governo Correa foi a auditoria da dívida pública, reduzida drasticamente sem resistência dos supostos credores. Qual o peso que isso teve no orçamento e políticas públicas do Equador nesses anos? Isso redundou numa melhora visível das condições de vida da população e dos serviços públicos mais essenciais?

Decio Machado: Em 2008, após uma auditoria independente realizada sobre a dívida externa, o presidente Correa declarou uma parte da dívida contraída pelo Equador como ilegítima. A partir daí, se declarou o fim dos pagamentos de 70% da dívida equatoriana em bônus, situação que fez os credores ou portadores da dívida sacarem do mercado seus títulos com valores mais baixos, tentando vendê-los rapidamente.

Foi o mesmo Estado equatoriano que, através de uma atrevida estratégia de engenharia financeira, recomprou por apenas 800 milhões uma dívida original de 3 bilhões de dólares. Somados os juros, é possível que essa brilhante operação possa ter economizado uns 7 bilhões de dólares nos anos seguintes.

Sem dúvida, tal economia por parte do Estado equatoriano permitiu ao governo do presidente Correa incrementar a dotação orçamentária a programas sociais dirigidos aos setores mais vulneráveis. É um fato que a declaração da dívida externa do país como ilegítima, em um terço de seu valor, permitiu aos setores mais empobrecidos melhorar suas condições de vida, ainda que a qualidade dos serviços públicos continue deixando muito a desejar.

Lamentavelmente, nos últimos anos o governo correísta desandou o caminho percorrido. O país na atualidade vive uma agressiva política de endividamento externo, condição que possivelmente exija ao governo modificar novamente a Constituição, pois já estamos com uma dívida próxima de 40% do PIB, equivalente ao teto máximo de endividamento que contempla nosso texto constitucional.

Correio da Cidadania: Um de seus livros sobre o processo equatoriano, denominado “Revolução Cidadã”, tem o eloquente nome de Restauração Conservadora do Correísmo. O que pode nos detalhar a respeito disso e como se refletem nas práticas mais recentes do governo Correa?

Decio Machado: O livro é um esforço compartilhado por múltiplos acadêmicos e militantes sociais equatorianos, dos quais sou apenas um. Ali, se detalha como o regime foi evoluindo muito rapidamente a posições conservadoras em praticamente todos os seus eixos de intervenção.

A política pública de saúde sexual foi posta em mãos de sinistros personagens vinculados ao Opus Dei e o aborto é penalizado com cadeia, inclusive em caso de estupro; a política econômica e produtiva está nas mãos de funcionários públicos carentes de ideologia política e lobistas a serviço do capital emergente equatoriano; o governo está aprovando um Tratado de Livre Comércio com a União Europeia e é de se esperar que assine o mesmo com outros países no futuro imediato; metade das reservas nacionais de ouro foi colocada, no ano passado, nas mãos de um dos maiores piratas de Wall Street, o grupo de investimento Goldman Sachs, um dos responsáveis impunes do colapso da bolha imobiliária de 2008 nos EUA; a economia nacional voltou a ser monitorada pelo FMI e, ante o esgotamento de sua capacidade de endividamento em fontes alternativas, é fácil supor que em breve volte a ser receptora de créditos sob condições historicamente impostas pelas instituições de Bretton Woods; vários líderes sociais, por se oporem às políticas extrativistas, têm processos abertos por sabotagem e terrorismo num país onde o terrorismo não existe; e a política fiscal isenta, mediante vários mecanismos, os grandes capitais.

Em resumo, o que sobra dos setores progressistas no interior do governo é um papel meramente testemunhal; servem apenas como fachada legitimadora de um discurso pretensamente revolucionário, mas as práticas políticas emanadas desde o Executivo e o Legislativo – controlado majoritariamente pelo partido de governo – são claramente reacionárias.

Correio da Cidadania: Recentemente, vimos resistência a algumas políticas de governo, levando parcelas consideráveis dos movimentos sociais, em especial indígenas, a protestos de rua vigorosos. O que opina sobre essa confrontação?

Decio Machado: O idílio inicial entre o governo de Rafael Correa e os movimentos sociais independentes quebrou-se a partir do segundo ano de gestão. A aprovação da atual Lei da Mineração e a negação por parte do governo em desenvolver uma reforma agrária em um país que ostenta um dos mais altos índices da América Latina a respeito da concentração de terra foram os primeiros detonantes. A partir de então, e surpreendentemente, o presidente Correa manifestou em múltiplos discursos públicos que o maior inimigo do processo autodenominado Revolução Cidadã são as organizações ambientalistas, os setores de esquerda e o movimento indígena.

Desde então, as mobilizações contra as políticas governamentais auspiciadas pela esquerda social e política independente do governo vieram aumentando. As mobilizações massivas desses últimos meses não são mais que a continuidade e aprofundamento deste desencontro político.

Correio da Cidadania: Mas como e por que se deu uma reação repressiva da parte do governo, que internacionalmente aparece como sendo bastante ligado a tais grupos?

Decio Machado: A imagem exterior do presidente Rafael Correa é fruto de uma construção midiática estrategicamente planejada pelo governo, através da colaboração de reconhecidos profissionais internacionais do marketing político, contratados para tal finalidade. Ao mesmo tempo em que se construía este estereótipo de líder nacionalista e revolucionário enfrentado com os grandes poderes do capital mundial, no interior do país se desenvolveu um modelo de Estado coercitivo e controlador.

A repressão exercida sobre os setores populares mobilizados no interior do país no levante nacional de 13 de agosto passado, no qual foram detidas uma centena de pessoas – grande parte delas com processos judiciais abertos – não é mais que a concretização prática de um tipo de política que tem sérias dificuldades de aceitar o pensamento crítico e a dissidência.

É curioso observar como o governo não desenvolveu nenhum tipo de ação repressiva sobre as mobilizações de rua organizadas pela direita política, em meados do ano passado, como oposição à Lei de Heranças e Mais Valias – projetos legislativos que pretendiam taxar a transmissão patrimonial de grandes fortunas e a especulação imobiliária, os quais foram imediatamente arquivados pelo Executivo. Ainda assim, o que inquieta o governo são as mobilizações patrocinadas pelos setores de esquerda, sobre as quais exerceu repressão através de corpos e segurança de Estado.

Para entender essa contradição, deve-se entender que são as mobilizações desenvolvidas pelos setores populares as que põem em questão a estratégia populista do presidente Correa de se reivindicar como voz do povo.

Correio da Cidadania: Aqui no Brasil, temos um momento de extremo recrudescimento da opressão aos povos indígenas, em variadas regiões, talvez porque até hoje os povos originários não tenham adquirido a mesma influência política que possuem em outros países. No Equador, qual o grau de força política desses povos e sua relação com os governos?

Decio Machado: O movimento indígena, através de sua organização mais importante, a Confederação Nacional Indígena do Equador (CONAIE), protagonizou a política reivindicativa nacional desde os anos 90 até hoje. Foram os erros de seus próprios dirigentes que paulatinamente debilitaram a citada organização, a qual na atualidade, apesar de sua crise interna e falta de coesão, segue sendo o movimento social mais importante do país.

As principais reivindicações históricas da CONAIE e do movimento indígena em geral seguem vigentes e não foram atendidas pelo atual governo. O presidente Correa se negou a empreender uma reforma agrária e a declaração de que o Equador é um Estado Plurinacional não é mais que pura retórica.

A força política do movimento indígena é visível nos territórios onde os indígenas têm um peso social importante, a exemplo de determinadas províncias da Serra Central e o conjunto da Amazônia equatoriana. Isso se plasma na representação político-institucional do Pachakutik (partido indígena fundado em 1995 que busca representar os interesses dos povos indígenas e que de tabela foi utilizado por muitos oportunistas hoje no partido de governo) nos governos locais de tais territórios.

De toda forma, é uma realidade evidente que, apesar de o modelo organizativo da CONAIE – com organizações internas de distinto nível – ser exemplar, existe na atualidade um curto-circuito entre suas bases e a dirigência.

Em todo caso, me atrevo a dizer que, em um país no qual a população que se define indígena é de apenas 7%, quando na realidade é muito maior, deve-se repensar a pertinência de o movimento indígena seguir sendo o eixo através do qual se articulem de forma satelital o resto dos movimentos sociais de contestação.

Correio da Cidadania: A direita tem influenciado o atual cenário de luta política? Como este espectro tem se organizado no Equador?

Decio Machado: O cenário político equatoriano deste momento é tremendamente complexo e se estrutura através de diferentes interesses e estratégias transversais, e em muitos casos enfrentadas.

Por um lado, a mobilização nas ruas foi mantida e sustentada durante todos esses anos pela esquerda social e política dissidente do correísmo. Essa situação mudou em meados deste ano, quando a direita também protagonizou importantes mobilizações de rua, encabeçadas por setores médios acomodados e parte do setor empresarial contra as propostas de lei auspiciadas pelo governo, no âmbito das Heranças e Mais Valias Patrimoniais.

Atualmente, tais setores conservadores estão se incorporando às mobilizações auspiciadas pelos setores populares, os quais, apesar de tentarem se distanciar dos interesses da burguesia, não podem evitar sua presença nas manifestações de rua. Na realidade, são setores mais conservadores que controlam o aparato midiático privado nacional, o que lhes permite apostar na estratégia de capitalizar o desgaste político que sofre o governo nacional em tais momentos.

Na espera de que a situação econômica nacional se deteriore ainda mais, como é previsível, esses setores buscam se unificar sob uma só proposta eleitoral, que tenha possibilidade de derrotar o correísmo eleitoral em fevereiro de 2017, data das próximas eleições presidenciais. Que tenham também capacidade de se unificar e que a tendência de voto lhes beneficie, são duas coisas ainda por se confirmarem.

Em paralelo, e como já indicava anteriormente, são os setores organizados da esquerda social e política que protagonizam as convocações de mobilização nas ruas, ainda que isso não redunde em intenção de voto por parte da cidadania. O correísmo se encarregou, durante esses quase nove anos, de enfraquecer enormemente as organizações políticas da esquerda, as quais, com medíocres lideranças, tampouco são capazes de oferecer um programa de governo alternativo, sólido e convincente para a sociedade equatoriana.

Por último, no que se refere ao governismo, cabe destacar que o presidente Correa pretende aprovar em breve uma lei que lhe permita apresentar-se à reeleição presidencial de maneira ilimitada. Mesmo assim, em função do agravamento da crise econômica, o mais seguro seria deixar um pupilo político posicionado para a candidatura presidencial de 2017 – fala-se em Lenin Moreno, seu ex-vice-presidente durante a legislatura anterior – com a finalidade de voltar a se candidatar em 2021, articulando uma estratégia similar à do lulismo no Brasil e buscando não desgastar ainda mais sua imagem, na atual conjuntura de crise exponencial que vive o país.

Correio da Cidadania: Que outros grupos e coletivos sociais têm se destacado neste cenário?

Decio Machado: Os movimentos sociais equatorianos têm a necessidade de se reinventarem. Não creio que as esquerdas tenham alguma chance eleitoral em 2017, o que suporá, seguramente, uma forte crise entre suas atuais direções. Penso que conforme se agrave a crise econômica, haverá melhores condições para o surgimento de novos movimentos sociais, de perfil urbano jovem e com características de indignação similares às que vimos no Brasil em junho de 2013.

Além disso, aqueles que na atualidade ostentam o peso da mobilização social no Equador são o movimento indígena, especificamente a CONAIE, com quem todos os setores da esquerda social devemos ser solidários, dado que sobre eles recai grande parte da criminalização social patrocinada pelo poder político do Estado.

Correio da Cidadania: Apesar de tudo que foi dito até aqui, ainda se pode dizer que há bastante solidez na relação de Correa com setores da população e trabalhadores?

Decio Machado: O governo correísta implementou as mesmas lógicas políticas clientelistas que anteriormente tinham sido desenvolvidas por outros governos neoliberais no país. Através de benefícios políticos e cargos públicos, compram dirigentes de organizações populares e tentam dividir os movimentos sociais de resistência.

A solidez deste tipo de relações no atual governo se manteve enquanto se manteve também a bonança econômica. Agora estamos em um período de crise onde possivelmente o país feche o ano com um crescimento negativo. E nada aponta que 2016 seja um ano de recuperação econômica. Neste contexto, há que se entender que a Aliança País – o partido de governo – é um partido construído desde o poder. Seus líderes territoriais são, na maioria dos casos, caciques locais reciclados da velha ‘partidocracia’ existente no período neoliberal. Por isso que nem há originalidade nas políticas públicas desenvolvidas pelo correísmo nas instituições locais e nem o modelo de relação clientelista com as organizações sociais ou a sociedade em geral sofreu transformações radicais, ao se comparar com o que já vinha historicamente acontecendo no país.

Em função de o governo ir se debilitando na atual conjuntura política nacional, se enfraqueceram os laços clientelistas e grande parte dos funcionários públicos com nomeações políticas se reacomoda largamente nas chapas que considera com maiores possibilidades de ganhar as próximas eleições. Tal qual o fizeram nas fileiras correístas anteriormente. São um establishment carente de ideologia, que buscará manter seus privilégios de casta, mande quem mandar a partir de 2017.

Correio da Cidadania: Que avaliação geral você faz da “Revolução Cidadã”?

Decio Machado: Penso que esse processo mal chamado Revolução Cidadã, que por aqui contou muito pouco com os cidadãos e cidadãs na hora de tomar decisões, serviu para implantar uma modernização tardia do capitalismo no Equador. Para isso, foi sendo gerada uma sorte de alianças publico-privadas com setores emergentes do capital equatoriano, o que implicou por sua vez na superação do poder econômico que ostentavam antigamente os grandes fazendeiros, em favor de novos tipos de negócios, mais tecnificados e com olhar na economia de consumo nacional.

Para essa nova burguesia, nascida depois da crise bancária de 1999 e 2000, que lutava pelo controle político do país frente aos velhos proprietários de terras da produção de banana e flores, o correísmo teve sentido político, pois sob suas consignas e bandeiras construídas durante a resistência ao neoliberalismo implementou-se uma série de políticas de perfil desenvolvimentista, necessárias para inserir o país no marco do atual sistema-mundo do capitalismo globalizado.

Terminado o período de bonança econômica, tais setores colocam uma clara disjuntiva ao atual governo: ou readéqua sua política social, eliminando subsídios, diminuindo o tamanho do Estado e instaurando uma política de privatizações sobre ativos atualmente em mãos públicas, ou fazem uma guerra para que o governo se vá. Tudo parece indicar que o atual governo, igualmente a tantos outros na América latina, optou pela primeira das opções apresentadas por esses novos setores do capital emergente.

Correio da Cidadania: Acredita estarmos diante de cenário parecido com outros países latinos? Nesse sentido, como analisa o atual momento de tais governos, em especial aqueles rotulados já há alguns anos como “progressistas”?

Decio Machado: Como já dito, considero que os países chamados progressistas entraram em uma fase de redefinição de suas políticas sociais. Faço referência às sociais porque foi através delas que se marcaram diferenças com os governos anteriores. Tais governos, com exceção do governo bolivariano da Venezuela, nunca apresentaram políticas que buscassem a superação do capitalismo. Cristina Fernandez de Kirchner falou de voltar ao “capitalismo sério”, Correa falou do “capitalismo social” e o próprio vice-presidente boliviano Garcia Linera reconheceu que a diferença de tais governos em relação a outros se limita somente a um debate sobre a destinação do excedente econômico.

Em resumo: nunca se pretendeu construir um modelo alternativo de sociedade e produção, apesar de que todos esses governos contaram em algum momento com apoio popular que teria legitimado democraticamente ferramentas reais de transformação social.

Fruto de tudo isso, assistimos atualmente como a iniciativa da ALBA se debilita ao mesmo tempo em que se debilita o governo bolivariano na Venezuela; vemos como no Brasil, o gigante regional e o país onde se decide o futuro da região, o poder de suas transnacionais encheu de podridão toda a esfera política do Partido dos Trabalhadores; possivelmente, assistamos no ano que vem a assinatura de um Tratado de Livre Comércio entre Mercosul e União Europeia; ou como a Unasul passou a ser funcional às necessidades do capital, por exemplo, através da IIRSA, entre tantas outras questões. Inclusive geopoliticamente, vemos na atualidade como a Aliança do Pacífico, um projeto orientado ao mercado capitalista, tomou a iniciativa frente a outros projetos supranacionais na região.

O período de bonança econômica na América Latina permitiu que 6,5 milhões de pessoas, por ano, saíssem da pobreza. Mesmo assim, todos os governos latino-americanos, quaisquer sejam suas colorações, estão apresentando saídas da crise por meio de posições tremendamente conservadoras. Neste momento, articulam-se acordos em diversos países que buscam isentar empresas de obrigações tributárias enquanto se congela o poder aquisitivo dos trabalhadores.

Enfim, o novo período de lutas por parte dos movimentos sociais na América Latina carregará não só a resistência ao modelo extrativista e pela defesa de direitos coletivos de nossos povos, mas também a defesa das melhorias sociais adquiridas pelos setores historicamente marginalizados em nossas respectivas sociedades, durante este período. Quem tem de financiar o período de crise devem ser aqueles que mais lucraram durante o período de vacas gordas, isto é: sojeiros, empresas de telecomunicações, agronegócio em geral, capitais emergentes variados e as novas elites burguesas afinadas a tais regimes políticos.

Correio da Cidadania: Diante da conjuntura econômica internacional, o que projeta para os próximos anos em nossos países?

Decio Machado: É fácil prever que a socialdemocracia latino-americana irá cada vez mais se parecer com as socialdemocracias liberais europeias. Essa realidade implica na necessidade de se gerarem novas alternativas sociopolíticas que sejam capazes de se transformarem em motores de mudança em nossa região.

Isso conduz duas vertentes: a conformação de iniciativas políticas diferenciadas disso que foi chamado de “progressismo latino-americano” e, sobretudo, uma rearticulação de novos movimentos sociais, onde pessoalmente penso que movimentos urbanos e de incidência juvenil terão mais peso que os camponeses, indígenas e rurais.

Correio da Cidadania: Finamente, para onde vai a “Revolução Cidadã”?

Decio Machado: A “Revolução Cidadã” é uma construção propagandística a serviço de um líder carismático, isto é, do presidente Rafael Correa. Se nos damos conta, até as iniciais RC são coincidentes. Isto quer dizer que a Revolução Cidadã carece de programa ou projeto, é apenas uma plataforma concebida para o posicionamento de seu líder, uma lógica por certo muito neopopulista. A mediocridade da intelectualidade a serviço do regime permitiu a construção de imaginários socialistas que pouco ou nada têm a ver com a realidade nacional e a rota realmente proposta para o futuro do país.

Porém, apesar dos eloquentes discursos e páginas de livros financiados pelos cofres públicos e gerados pelos mercenários do poder, a realidade costuma ser bem crua: a “Revolução Cidadã” não é mais que a camuflagem, sob discurso novo, da reprodução de elementos bem antigos, como o caudilhismo, o paternalismo, as estruturas sociais hierárquicas e a subordinação do povo ao poder político de turno.

Mas os governantes são transitórios, alguns duram mais, outros menos, todos têm seu momento de esplendor, mas em algum momento todos se vão ou são derrotados. No dia em que Correa não esteja mais, isso que veio a se chamar propagandisticamente de “Revolução Cidadã” não existirá mais.

Onde não existe o pensamento crítico e construção de organizações sociais autônomas ao poder, a única coisa que se cria é dependência e cerceamento da capacidade criativa dos nossos povos. Para além do cimento e do concreto, essa é a principal herança que deixará a chamada “Revolução Cidadã” no Equador.